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Julia Vidal, psicóloga: “Podemos entrenarnos para ser personas con fuerza de voluntad”

Detrás de la fuerza de voluntad está la capacidad para superar diferentes situaciones.

Marta Chavarrías

20 de julio de 2026 16:29 h

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Está ahí pero apenas lo apreciamos. Necesitamos fuerza de voluntad para buena parte de las decisiones conscientes que tomamos y que impliquen superar un impulso interno inmediato por alguna razón racional. Esto incluye resistir la tentación de comprar una chocolatina en la caja del supermercado, para mantener la calma cuando los hijos se quejan por cualquier cosa, incluso para aguantar una eterna e inacabable llamada telefónica.

Seguramente en más de una ocasión hemos estado a punto de rendirnos, pero algo nos dice: ‘Sigue adelante, tú puedes’. Esta es nuestra fuerza de voluntad trabajando para ayudarnos a alcanzar nuestras metas. No solo se asocia con el control de la conducta y la evitación de tentaciones, sino también con la capacidad de posponer la gratificación, un aspecto clave que se relaciona con evitar conductas riesgosas o poco saludables.

A todos nos gustaría tener más fuerza de voluntad y autodisciplina en muchas ocasiones. Al final, pensamos en lo que podríamos hacer, y lo que podríamos lograr, si lo hiciéramos. Pero, esta fuerza de voluntad, ¿es algo que nos define o que aprendemos con el tiempo?

Fuerza de voluntad: no ceder a las tentaciones

“Ya lo haré después” o “mañana lo termino” son frases que nos hemos dicho en más de una ocasión. Nos falta fuerza de voluntad para seguir con una tarea concreta o cumplir el propósito de ir al gimnasio. Otras veces, mantenemos la motivación para seguir adelante, a pesar de otros intereses, tentaciones o distracciones. Aquí, la fuerza de voluntad se hace evidente. Para Julia Vidal, psicóloga sanitaria y directora de la Clínica Área Humana Psicología, se trata de una “habilidad para no ceder ante tentaciones a corto plazo, tolerando el no obtener beneficios inmediatos, para poder conseguir un propósito a largo plazo”.

Por ejemplo, decir no a ese vestido bonito para ahorrar para las próximas vacaciones, o resistirse a la tentación de visitar Instagram para acabar un trabajo que tenemos pendiente. Esta fuerza es la que subyace a cada gran y pequeño logro y es decisiva para alcanzar nuestras metas. Y detrás de ella está la capacidad para superar pensamientos, sentimientos o impulsos no deseados, así como para reaccionar con serenidad y calma en lugar de comportarnos de forma demasiado emocional o para regularse de forma consciente.

Bajo este término, explica Vidal, encontramos unos “procesos más o menos complejos que tienen que estar activos para que esta aparezca: la motivación, que dirige nuestras acciones; la tolerancia a la frustración o al malestar, que nos llevan a demorar gratificaciones o recompensas inmediatas; o el autorrefuerzo, que hace que nos mantengamos en la meta”.

Aunque pueda confundirse la fuerza de voluntad con la motivación, son cosas distintas. La motivación es el “primer impulso o deseo que nos hace querer una meta; después entraría la fuerza de voluntad, que es la capacidad más consciente para resistir tentaciones y mantenernos hasta conseguir la meta”, matiza Vidal.

Tampoco es lo mismo fuerza de voluntad que una autoexigencia excesiva. Esta última es una “presión interna movida por el miedo a no lograr algo o a decepcionarse a uno mismo o a otros y nos podría perjudicar generando malestar psicológico cuando no se cumplen las normas”, aclara Vidal, que añade, “la fuerza de voluntad, en cambio, nos habla del proceso de autocontrol para lograr metas”.

Cómo mejorar y entrenar la fuerza de voluntad

La fuerza de voluntad está influenciada por multitud de factores, por tanto, hay varias maneras de mejorar nuestra capacidad para mejorarla. Se trata, además, de un recurso limitado que puede agotarse y que, por tanto, puede trabajarse, pero no como término en sí, sino a partir de “los procesos que hay detrás: podemos entrenar la motivación, la tolerancia al malestar, el autorrefuerzo o la impulsividad”, afirma Vidal.

Fortalecer la fuerza de voluntad es como desarrollar cualquier otra habilidad: requiere tiempo, práctica y las herramientas adecuadas. “Desde la psicología, podemos entrenar todos los componentes o procesos que nos llevan a ser personas con fuerza de voluntad: entrenamos la tolerancia al desagrado de no hacer algo que queremos para alcanzar nuestro fin; nos ‘exponemos’ a ese malestar, aprendiendo a tolerarlo, por un bien mayor; entrenamos nuestro ‘diálogo interno’ para que nos guíe hacia donde queremos y el autorrefuerzo”, explica Vidal.

Debemos establecer un objetivo claro y desear realmente alcanzarlo. Esto está relacionado con nuestro nivel de motivación. Si no tenemos suficiente, probablemente no importará cuánta fuerza de voluntad tengamos. Si el objetivo no está bien definido, puede aumentar la probabilidad de fracaso.

¿Qué pasa si no hemos desarrollado esta ‘habilidad’? “No haber desarrollado fuerza de voluntad puede dificultarnos conseguir metas a largo plazo y afectar a nuestra vida personal y profesional, en forma de estudios inacabados o limitaciones para conseguir hábitos saludables”, advierte Vidal.

¿Y si, pese al empeño, fracasamos y no logramos lo que queremos? En este punto, es clave “entender que los ‘fracasos’ forman parte de la vida, tener ‘autoempatía’ para comprender las circunstancias que tuvimos, conocer qué es lo que nos impidió conseguirlo y también valorar lo que sí hicimos bien”, aconseja Vidal. Si logramos esto, “favorecemos el aprendizaje desde esa experiencia de ‘no éxito’ y facilitamos el volver a tener motivación para una nueva meta. El fracaso sería no volver a intentarlo”, concluye Vidal.

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