Por qué debes tener cuidado si estás intentando dejar de fumar este verano

Para quien ya ha dejado de fumar, el verano concentra los factores de riesgo que más favorecen la recaída.

Darío Pescador

19 de julio de 2026 21:33 h

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El comienzo del nuevo año es época de propósitos y, en efecto, enero concentra la mayoría de estos para abandonar el tabaco en España, según la AECC. El verano parece ocupar un lugar más ambivalente: hay quienes piensan que el cambio de rutina y el aire libre son el momento ideal para dejar el tabaco, pero también quienes llevan meses sin fumar y recaen entre las terrazas y las noches de verano. Ambas cosas ocurren, y las dos tienen explicación.

El tabaquismo en España

Según la Encuesta de Salud de España 2023, el 16,6% de la población de 15 y más años fuma a diario: un 20,2% de los hombres y un 13,3% de las mujeres, con un notable descenso en las últimas dos décadas. Aun así, más de siete millones de personas en España fuman de forma habitual, y la prevalencia sigue siendo una de las más altas de la Unión Europea. Los datos indican que el tabaco es la primera causa de muerte evitable en España, con cerca de 50.000 muertes anuales.

Dejar de fumar no es fácil, y las tasas de éxito al intentar dejar el tabaco (sin ayuda) son bajas en todo el mundo. Los datos del CDC de EEUU de 2022 muestran que menos del 10% de los fumadores que lo intentan tienen éxito en el primer año, y solo el 38,3% usó algún tipo de apoyo (terapia o medicación) en su último intento. La tasa de recaída es igualmente elevada. Según un estudio longitudinal publicado en 2024 en el Reino Unido, la tasa de recaída fue del 83% en seguimiento a 12 meses, es decir, ocho de cada diez personas que dejaban de fumar volvían antes de un año.

Por qué el tabaco es tan adictivo

“Soy adicta a la nicotina, no consumo, pero soy adicta a la nicotina”, dice Olvido del Cerro, psicóloga sanitaria especializada en tabaquismo y exfumadora. Porque dejar de fumar no equivale a dejar de ser adicto: “La nicotina entra en el cerebro, en los receptores nicotínicos, a los siete segundos, y es algo muy potente. Los fumadores empezamos en la adolescencia, con lo cual nos ha ido acompañando en todos los momentos difíciles. La sensación de placer que da la nicotina permanece durante toda la vida. En cualquier momento puedes volver”, añade la especialista.

Ciertamente, la nicotina modifica el cerebro. Se une a los receptores de la acetilcolina, uno de los neurotransmisores más importantes, responsable entre otras muchas cosas del control de los músculos, mantener la atención y facilitar el aprendizaje y la formación de los recuerdos. La nicotina hace que el cerebro cree nuevos receptores para responder a la avalancha de estimulación, y cuando no hay nicotina, el impulso para satisfacer esos receptores es muy potente.

Pero además hay asociaciones psicológicas que también reconfiguran el comportamiento. Un estudio español de 2021 identificó las principales causas de recaída en el año siguiente al abandono. Además de la dependencia residual a la nicotina, los investigadores señalan al afecto positivo o negativo (situaciones placenteras y situaciones de estrés mediadas por el tabaco) como los factores más frecuentes. Esto quiere decir que cualquier emoción intensa, agradable o desagradable, puede actuar como disparador para fumar.

Cualquier emoción intensa, agradable o desagradable, puede actuar como disparador para fumar

El papel del entorno y la trampa del verano para los exfumadores

La teoría de que un cambio de entorno ayuda a dejar de fumar tiene cierta lógica: si se elimina el contexto, se eliminan los estímulos condicionados. El problema es que no funciona de forma duradera. “Es el error que cometen muchas personas”, explica Del Cerro. “De hecho, tengo pacientes que dicen, ‘si yo estuviera en una isla donde no se pudiera fumar, no tendría problema’, pero es que luego vuelves y vas a tener esos estímulos que te van a incitar al consumo. Dejar de fumar es fácil, lo difícil es mantenerse porque el tabaco se asocia con todo”, añade.

El doctor Raúl de Simón Gutiérrez, coordinador del Grupo de Trabajo de Tabaquismo de SEMERGEN, es testigo de esta problemática en su consulta: “Las vacaciones de verano pueden influir en los hábitos y las rutinas, lo que supone ventajas y riesgos. Para algunas personas, disponer de más tiempo, menos estrés laboral y un cambio de ambiente facilita el abandono del tabaco. Para otras, en cambio, las reuniones sociales, el consumo de alcohol, los viajes o la relajación de las rutinas aumentan el riesgo de recaída”.

Para quien ya ha dejado de fumar, el verano concentra los factores de riesgo que más favorecen la recaída: el alcohol reduce el autocontrol, las terrazas están llenas de fumadores y olor de tabaco, y también está el estrés de las vacaciones, que siempre es peor que la fantasía del descanso.

“En verano es difícil dejar de fumar, es una época donde cambia la cotidianeidad, están los niños, la familia, y eso es algo muy estresante”, sentencia Del Cerro. “También es muy fácil recaer. Los adictos a la nicotina tienen ciclos. Están sin fumar un año, dos, cinco o diez años, y luego en un paréntesis, por circunstancias, duelos, o problemas de todo tipo, recaen”, advierte a psicóloga.

En verano es difícil dejar de fumar, es una época donde cambia la cotidianeidad, están los niños, la familia, y eso es algo muy estresante. También es muy fácil recaer. Los adictos a la nicotina tienen ciclos

Olvido del Cerro sicóloga sanitaria

Qué funciona para dejar de fumar

Dejar de fumar es un desafío que requiere una estrategia combinada. “El tratamiento más eficaz combina el asesoramiento psicológico y conductual para cambiar comportamientos, con la medicación cuando esté indicada”, explica el doctor De Simón. “Se reconocen como fármacos de primera línea la terapia sustitutiva con nicotina en todas sus presentaciones (parches, chicles, comprimidos para chupar o inhalador bucal), el bupropion [un antidepresivo], la citisiniclina y la vareniclina”, enumera.

Los dos últimos fármacos son compuestos que se unen a los mismos receptores que la nicotina, ayudando a reducir el deseo de fumar. “Todos ellos tienen el máximo nivel de evidencia y, salvo la terapia sustitutiva con nicotina, los fármacos están actualmente financiados por el Sistema Nacional de Salud. En comparación con intentarlo sin ayuda, estos tratamientos pueden duplicar o triplicar las probabilidades de éxito, especialmente cuando se acompañan de apoyo conductual”, concluye el doctor De Simón.

Sin embargo, los parches o chicles de nicotina y los fármacos tardan más en actuar en el cerebro, y no tienen el componente social y la asociación con el placer o el alivio del estrés. “Dejar de fumar no es solo quitar el cigarrillo, sino que consiste también en reorganizar hábitos que ayude a modular la dopamina, el estrés y las rutinas”, afirma De Simón. “Hay que mantener una actividad física regular, una correcta higiene del sueño, una adecuada alimentación y técnicas de manejo del estrés e identificación de situaciones de riesgo”, recomienda el especialista.

Sobre el momento del año el doctor De Simón es categórico: “La evidencia científica no demuestra que exista una estación del año claramente mejor para dejar de fumar. La clave del éxito no es el momento del año, sino contar con un alto nivel de motivación, una estrategia personalizada y un seguimiento adecuado”.

A corto plazo, intentar evitar las tentaciones que ofrece el verano puede ser otra estrategia de inicio. “Si soy una fumadora social y me voy con mi amiga a tomar una cervecita, a lo mejor durante un tiempo tengo que dejar de tomar esa cervecita, estar un poco más alerta a esos estímulos”, recomienda Del Cerro. Pero dejar el tabaco siempre funcionará mejor con ayuda de especialistas, siempre que la motivación esté ahí, en cualquier época del año.

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