Martin McDonagh hiela la sonrisa con 'Wild Horse Nine', una brillante sátira sobre el golpe de Estado contra Salvador Allende
“Buena suerte con la democracia y todo eso”. La frase, lapidaria, premonitoria y tan divertida como terrorífica, la dice en un momento de Wild Horse Nine el personaje que interpreta John Malkovich. Él es un agente de la CIA destinado a Chile para preparar el golpe de Estado contra Allende en 1973. Pero la memoria se le desvanece, y pide como último deseo acudir junto a su compañero, Sam Rockwell, a ver las estatuas de Rapa Nui. Allí, para luchar contra esos recuerdos que se pierden, decide también hacer unas memorias irreverentes y sorprendentes.
La frase, llena de mala leche e ironía, se la dice a dos activistas chilenas que están ilusionadas con su nuevo presidente, Salvador Allende. Malkovich sabe lo que va a pasar, y les suelta ese dardo envenenado. El dardo lo lanza al espectador también su director, Martin McDonagh, que ha logrado con Wild Horse Nine su mejor película y ha liado la sonrisa de la crítica en Venecia con una comedia negra que hace reír de pena. Porque lo que se ve es tan hilarante como real. De aquellos polvos, estos lodos. Y de aquellos años de golpes de Estado apoyados o dados por EEUU a cualquier Gobierno de izquierdas en América Latina, estas consecuencias de líderes populistas, de fascistas aupados al poder que niegan la memoria histórica, que acusan al feminismo y que seguramente digan que ya no se puede hacer chistes de nada.
McDonagh ha creado una brillantísima sátira sobre la memoria. La memoria que pierde su protagonista, y la memoria colectiva. La memoria histórica que hay que recordar para que no ocurra lo mismo. La metáfora es bella, pero en este caso es también muy divertida ante la incontinencia y las formas de esa dupla de agentes de la CIA que podrían ser unos Mortadelo y Filemón yanquis y con los que el cineasta hace también una parodia del cine de espías de los 70.
A Martin McDonagh ya se sabe que le encanta ese estilo irónico, pero su problema es que normalmente se gusta demasiado. Se sabe el niño más listo de la clase, y hace decir a sus personajes frases imposibles y pomposas que epatan al público y la crítica y que suelen revertir en elogios a sus libretos (aquí en Venecia tiene dos premios al Mejor guion). Le pasaba en Tres anuncios en las afueras y en Almas en pena en Inisherin. Aquí, sin embargo, consigue el equilibrio entre su propio estilo y el que pedía su personaje. Sí, está esa ironía presente en cada plano, pero sus frases no se comen su historia.
Wild Horse Nine es una comedia divertida que habla de Chile, pero también de EEUU y de cómo el asesinato de Kennedy acaba con muchas esperanzas. Habla de cómo todo aquello remodeló lo que entendemos por democracia, y habla de esos ‘funcionarios’ que siguen órdenes sin importarles nada. Les da igual que gane Nixon, que se asesinen a inocentes en un país a miles de kilómetros de distancia y que se imponga a dictadores a base de golpes de Estado. Ellos cumplen órdenes. La banalidad del mal, abordada desde el humor y la sátira, una propuesta arriesgada pero que de forma milagrosa siempre aterriza bien.
Lo hace porque tiene clarísimo su punto de vista moral. Aunque los agentes de la CIA sean sus protagonistas no les da las coartadas morales que McDonagh suele dar a sus ‘malos’ (como pasaba con el personaje de Sam Rockwell en Tres anuncios en las afueras). Aquí son dos mindundis, y esa memoria en descomposición hace que uno de ellos empiece a plantearse todo lo que ha hecho, y es ahí, desde el arrepentimiento y la sinceridad cuando llega la empatía hacia él. El bisturí satírico de McDonagh alcanza su cima en un clímax violento, casi de justicia poética y con un monólogo para el recuerdo de Malkovich sobre cómo evitar el próximo golpe de Estado.
Malkovich ofrece una interpretación para el recuerdo. Consigue caminar por la finísima línea entre la sobreactuación y el no llegar a un tono endiablado. Lo clava. Está magnético y uno no puede quitar la mirada de su personaje, que pasa de la ternura a lo repugnante en una sola frase y que probablemente le vaya a granjear bastantes premios en los próximos meses. A su lado, un Sam Rockwell que repite con McDonagh y que nunca falla y un volcánico y divertidísimo Steve Buscemi. Todo en su sitio para que Wild Horse Nine sea una de las películas de la temporada.
McDonagh defendió en la rueda de prensa este paso adelante en su cine donde ha entrado en algo que le interesa desde hace tiempo, “lo que la CIA ha hecho en las últimas décadas, las cosas horribles que hizo”. En la película hablan de Guatemala, Congo o Bahía de Cochinos como ejemplos de los golpes de Estado donde EEUU participó. “Se ha hablado mucho de la KGB y lo que hizo, pero creo que no hemos cuestionado las actividades de la CIA tanto como debíamos, y ese fue uno de los puntos de inicio para hacer esta película”, señaló sobre un filme que “pasó de ser una comedia a algo más profundo, oscuro y triste”.
El cineasta y dramaturgo también respondió cuando el equipo fue preguntado si lo que muestra Wild Horse Nine tiene ecos en la operación de EEUU en Venezuela. “No parece que ya hagan las cosas ni de forma encubierta, al menos en los 70 la inteligencia lo intentaba mantener en secreto”, comenzó diciendo para subrayar que, aunque su película “habla del Chile del 73, sus tentáculos y conexiones hacen que se lea como una película que habla del momento actual”.
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