Ocho mujeres velan por el traje de Ansó, uno de los más antiguos de Europa: “En unos años, ¿quién hará lo que hacemos?”
Cada semana, ocho mujeres se reúnen en el ropero municipal de Ansó, un pueblo del Pirineo oscense. Entre camisas, escarapelas y basquiñas centenarias cosen, planchan, almidonan y cuidan cada prenda del traje tradicional ansotano.
El ropero, donde trabajan de forma voluntaria, cuenta con alrededor de un centenar de trajes y funciona como un archivo histórico de la indumentaria ansotana. El traje no es uno solo: existen distintas modalidades según la etapa de la vida y las celebraciones religiosas, desde el bautizo hasta el entierro y el luto.
Las encargadas de esta tarea son Rosa Gastón, Quinita Galé, Alicia Pérez, Consuelo Iñiguez, Josefina Mendiara, Mari Carmen Baile, Blanca Laín y Blanca Alfonso. Las ocho son las guardianas de este traje tradicional, uno de los mejor conservados y más antiguos de Europa. Ellas forman parte de la asociación A Cadiera, que desde 2014 centra su actividad en el mantenimiento, custodia y difusión del traje de Ansó.
La más joven de ellas es Blanca Laín, de 68 años, secretaria de la entidad y una de las más preocupadas por el relevo generacional: “En unos años, ¿quién hará lo que hacemos? Nos falta relevo y seguimos intentando que la juventud ansotana se una a nosotras”. En el otro extremo está Josefina Mendiara, de 96 años, antigua peluquera del pueblo, que antes de la creación de la asociación era quien se encargaba en solitario del ropero.
Con ese objetivo, a principios de septiembre organizarán una jornada de puertas abiertas para atraer a nuevas voluntarias. Quieren enseñar cómo trabajan y despertar el interés por la indumentaria tradicional entre las generaciones más jóvenes: “Queremos que les pique el gusanillo, quieran aprender más y comiencen a venir con nosotras”.
Más allá de Ansó: el trabajo de estas mujeres para dar a conocer su traje
La asociación programa talleres en Ansó, de 409 habitantes, para enseñar a los más jóvenes distintos aspectos que rodean a esta indumentaria. Por ejemplo, a mediados de julio tuvieron uno sobre cómo hacer los churros para el peinado: “Fue todo un éxito. Asistieron 15 chicas del pueblo”, cuenta Laín.
También existe la posibilidad de alquilar alguno de estos trajes del ropero por 50 euros, aunque la secretaria de la organización matiza que “realizamos los préstamos para reportajes fotográficos dentro del pueblo a cualquier persona y fuera de Ansó solo para actos litúrgicos y para aquellas personas que tengan alguna vinculación con los valles, o su familia y amigos”.
Su trabajo les ha llevado a ganar el premio del cine aragonés Simón a mejor vestuario en 2022 por el documental Ansó: rasmia, funcias y muita historia. Aún siguen sin creer que consiguieran el galardón: “Al darnos el premio, dijimos que no era nuestro campo el vestuario de cine pero nos dijeron que la asociación se merecía el premio por haber elegido cada prenda, ornamentación y joya de las personas que participaban en el documental”, dice Laín.
El miedo a perder la autenticidad del traje ansotano
“Miedo no, tenemos pavor del boom que estamos viviendo en los últimos años”, señala Laín. Lo que preocupa a la asociación es la desvirtualización que están sufriendo los trajes de ansotano en las procesiones de otros pueblos y ciudades. “Cada vez más personas se visten con este traje en actos festivos pero, al desconocer el conjunto de la vestimenta de Ansó, mezclan, por ejemplo, prendas del traje de casada con las del traje de fiesta o llevan escarapela con pañuelo, una combinación que no debería hacerse”, advierte Laín. Para evitar esos errores, la asociación facilita patrones, fotografías y asesoramiento gratuito a quienes quieren reproducir fielmente el traje: “A nosotras nos encanta que nos llamen, nos pregunten y les facilitamos lo que necesiten para que la reproducción del vestido que quieran llevar sea una reproducción exacta del traje de ansotana”.
Para Fermín Castillo, investigador de la Universidad de Zaragoza y experto en la indumentaria ansotana, es buena noticia el creciente interés por vestir el traje pero “siempre que no se reduzca a una imagen genérica o a un disfraz desligado de su historia”. Le preocupa ese equilibrio delicado entre difusión y banalización del traje: “se debe promover la realización de reproducciones documentadas, evitando someter las prendas históricas a un uso excesivo, y continuar transmitiendo los conocimientos necesarios para vestirlas: cómo se colocan las distintas piezas, cómo se preparan los cuellos, cómo se realizan los peinados o qué modalidad corresponde a cada ocasión”. Este investigador entiende que el traje no es solo lo que vemos; “también lo son los gestos, las técnicas, el vocabulario y los conocimientos comunitarios que permiten utilizarlo correctamente”.
“En la fiesta grande del traje de Ansó no queremos que se luzca la gente sino el traje”
Este traje, que puede llegar a pesar 45 kilos, tiene su esplendor el último domingo de agosto en el propio Ansó. Es el Día del Traje Típico Ansotano, en el que cada vez acuden más personas de toda España, y el pueblo “se transforma en un museo viviente para exhibir la indumentaria local”, afirma Martín de Domingo, agente de desarrollo local del Ayuntamiento de Ansó.
No se entiende este fenómeno del Día del Traje Típico Ansotano, que se celebra desde 1971, sin la labor de A Cadiera. A principios de agosto se abre el plazo de presentación de solicitudes para vestirse ese día con los trajes que dispone el ropero. La asociación gestiona las solicitudes, llama a los inscritos y les prueba el traje. Al tener tantas personas apuntadas -el año pasado tuvo más de cien-, solo unos pocos serán los modelos. Y, como dice Laín, es un encaje de bolillos: “Les probamos el traje a todo el mundo que lo ha pedido y al que mejor le queda, llevará el traje. No queremos que se luzca la gente sino el traje. Y si a tres personas les queda bien, hacemos un sorteo”.
Al día siguiente del Día del Traje Típico Ansotano, si alguien se ha quedado sin llevarlo, la asociación le ofrece la posibilidad de vestirse “para una foto o un paseo por el pueblo”.
El futuro del traje de Ansó
Intelectuales, fotógrafos, pintores y artistas de todos los campos se han inspirado en los trajes de Ansó para sus obras. En el siglo XX cautivó, entre otros, al pintor Joaquín Sorolla, al fotógrafo José Ortiz Echagüe, a los hermanos franceses Raoul y William Laparra y, antes, en el siglo XIX al escritor Benito Pérez Galdós o a los pintores Alexandre Antigna y Alexandre Guillemin.
Esa visibilidad nacional, e internacional, que ha disfrutado el traje de ansotana continúa más vigente que nunca. En 2021, el joven diseñador Enrique Carrera Huerva creó seis trajes con influencias de la moda ansotana y en la temporada 2024-2025 las equipaciones del Balonmano Huesca tomaron como referencia los colores típicos de esta vestimenta: verde, rojo, blanco y negro.
Ni Castillo ni Laín saben con exactitud cuál será el futuro del traje de Ansó. Ambos coinciden en que obtendrá más reconocimiento nacional e internacional, más presencia en desfiles y exhibiciones, y que su futuro dependerá de esa difícil armonía entre conservar su autenticidad sin impedir que siga vivo y evolucionando.
Las mujeres de A Cadiera eligieron este nombre porque las cadieras son los bancos de madera típicos del Pirineo donde las familias charlaban, comían y pasaban el rato. Hoy ya no se sientan en esos bancos al calor del fuego, pero cada martes convierten el ropero municipal en su propia cadiera para preservar el legado del traje de Ansó. La pregunta que todavía no tiene respuesta es la que planteaba Blanca Laín: “Tenemos esperanza de que las jóvenes que vienen a los talleres se unan porque, si no, ¿quién hará lo que hacemos dentro de unos años?” .
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