Guadalajara, la 'ciudad de las rosas' mexicana: ¿a qué debe ese apodo la que fue capital de Nueva Galicia?
Si en España hablamos de rosas tenemos una clara ganadora –fecha y lugar–, y es Barcelona el 23 de abril, durante Sant Jordi. Las calles se engalanan con esas flores rojas, el aroma a la primavera y libro nuevo. No obstante, si cruzamos el charco –y es necesario para contar cuál es, en América, la ciudad de las rosas– encontramos una realidad muy diferente. Cuando se habla de ella, es habitual encontrar referencias a algunos de sus sobrenombres más conocidos.
Durante décadas fue identificada como la Perla de Occidente, una expresión que destacaba su importancia económica, cultural y urbana dentro del país. Sin embargo, existe otro apodo menos conocido fuera de México que todavía forma parte de la identidad local: Guadalajara (México) es, para muchos, la ciudad de las rosas. Lejos de tratarse de una leyenda o de una referencia poética sin fundamento, este nombre tiene un origen muy concreto relacionado con la imagen que proyectaba la ciudad durante buena parte del siglo XX.
La historia de Guadalajara comenzó mucho antes. Según recuerda la web oficial Guadalajara Ciudad de las Rosas, la ciudad fue fundada de manera definitiva el 14 de febrero de 1542 en el Valle de Atemajac, después de varios intentos previos, “lo que la marcaría desde su origen como una metrópoli que festeja cada año su fundación, precisamente en el día que se celebra la amistad”. Aquella fundación fue, asimismo, el nacimiento de la que acabaría convirtiéndose en la capital de la antigua Nueva Galicia, uno de los territorios más importantes del virreinato español en América. Con el paso de los siglos, la ciudad creció hasta transformarse en una de las grandes metrópolis mexicanas.
¿Por qué Guadalajara es 'la ciudad de las rosas'?
Hay ciudades cuyo apodo nace de un acontecimiento histórico, otras lo reciben por su riqueza económica y algunas terminan siendo conocidas por una imagen que acaba definiendo su personalidad durante generaciones. Estos sobrenombres suelen decir mucho más de un lugar de lo que parece a primera vista: hablan de cómo era, de cómo la veían quienes la visitaban y de aquello que la hacía diferente del resto. En ocasiones, incluso sobreviven durante décadas después de que aquello que los originó haya desaparecido.
No está relacionada con una gran producción de flores ni con una tradición agrícola específica. Según explica la propia web oficial Guadalajara Ciudad de las Rosas, el sobrenombre nació durante un encuentro internacional relacionado con el programa de Ciudades Hermanas. En aquella visita participó una delegación procedente de la ciudad estadounidense de Downey, cuyos miembros quedaron impresionados por el estado de los espacios verdes de Guadalajara.
La página recoge el testimonio de Jorge Agnesi Daessle, ex vicepresidente municipal de Guadalajara, benefactor social y empresario notable, quien explicó que “los jardines de Guadalajara estaban muy bien cuidados y con rosas”. Según ese mismo relato, los visitantes comentaron: “Esta es la ciudad de las Rosas”. A partir de entonces comenzó a extenderse una denominación que acabaría integrándose en la identidad de la ciudad. Es decir, Guadalajara recibió ese apodo por la abundancia de rosales y por el excelente estado de conservación de sus jardines, parques y camellones urbanos.
Una gran metrópoli mexicana
La web oficial también recuerda la imagen que proyectaba Guadalajara durante los años sesenta. Según uno de los textos recopilados por la plataforma, aquella fue una época especialmente recordada por muchos habitantes debido al crecimiento económico y al esplendor urbano que vivía la ciudad. La publicación describe una Guadalajara “limpia, bella, florida, con parques, jardines y camellones llenos de rosales que perfumaban y embellecían a la pujante aspirante a metrópoli”.
Aquella etapa reforzó todavía más la popularidad del sobrenombre. La ciudad combinaba entonces dos identidades complementarias. Por un lado, seguía siendo conocida como la Perla de Occidente, reflejo de su peso económico y cultural. Por otro, la imagen de sus jardines permitió consolidar la denominación de ciudad de las rosas.
Hoy, Guadalajara (México) es una de las mayores áreas metropolitanas del país y uno de los principales centros económicos y culturales de América Latina. Sin embargo, la memoria de aquellos años sigue presente en muchos rincones de la ciudad y en algunos de sus sobrenombres más populares. Para quienes buscan qué ver en Guadalajara, conocer el origen de esta denominación permite descubrir una faceta menos conocida de una urbe cuya historia comenzó en la antigua Nueva Galicia y que terminó convirtiéndose en una de las grandes ciudades del continente.
La próxima vez que alguien mencione a Guadalajara ciudad de las rosas, conviene recordar que el nombre no nació porque la ciudad esté envuelta en este tipo de flores –probablemente será un disclaimer a remarcar por si cabe alguna duda–. Surgió gracias a la impresión que causaron sus jardines repletos de rosales a los visitantes americanos durante el siglo XX, una imagen que durante siglos ayudó a construir la personalidad de una ciudad que todavía hoy conserva con orgullo ese singular apodo.
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