Dormir en Picos de Europa: tres refugios de montaña para vivir una noche entre cumbres
Picos de Europa es un universo en sí mismo. Más de 600 kilómetros cuadrados de extensión geológica: piedra caliza moldeada por milenios de lluvia, nieve, viento y sol. No son montañas dóciles, sino una fuerza antigua y sobrecogedora. Este macizo rocoso ofrece a quien camina sus senderos una experiencia de inmersión y contemplación difícilmente comparable.
Este escenario, repartido entre Asturias, Cantabria y León, es el primer parque nacional de España, declarado en 1918, y fue uno de los pioneros en la protección ambiental europea. El parque se divide en tres macizos: el Occidental o Cornión, el Central o los Urrieles y el Oriental o de Ándara. Entre sus agrestes parajes de picos elevados y desfiladeros abruptos, los albergues de montaña dejan de ser simples alojamientos para convertirse en auténticos refugios. Son los únicos lugares donde el visitante puede dormir a más de 2.000 metros de altura con la seguridad de tener un techo sobre su cabeza.
Cabaña Verónica: el “ovni” del Macizo Central
El entorno que se recorre en la caminata para llegar a Cabaña Verónica bien podría ser de otro planeta. Es un paraje desértico de paredes verticales talladas sobre caliza grisácea, donde las aristas afiladas del Tesorero y la Torre de Horcados Rojos eliminan cualquier rastro de vegetación. En medio de este paisaje lunar, a 2.325 metros de altura, se sitúa una estructura que rompe toda lógica montañera: una cúpula metálica brillante que parece una cápsula espacial accidentada. Ese es el refugio. Se trata de una pieza militar reciclada, la cúpula de una batería antiaérea que pertenecía a un portaaviones estadounidense.
Fue instalada en Picos de Europa en 1961, cuando un ingeniero, Conrado Sentíes, y un arquitecto, Luis Puey, decidieron utilizar los restos metálicos para crear una cúpula adaptada a la alta montaña que sirviera de descanso para los caminantes de Picos de Europa. Las piezas llegaron hasta su destino, a miles de metros sobre el nivel del mar, a lomos de un caballo.
Pese a su llamativo aspecto exterior, el interior de esta cápsula cuenta con lo justo. Es un ejercicio de minimalismo y supervivencia. El refugio, cuyas dimensiones no superan los 10 metros cuadrados, puede albergar a seis pernoctantes como máximo. Únicamente se puede utilizar desde Semana Santa hasta octubre. Ofrece desayunos, comidas y cenas, así como refrescos y bebidas calientes. También cuenta con un sistema de radio para emergencias. Es fundamental reservar con mucha antelación, ya que su capacidad es la más limitada de Picos.
El acceso a este peculiar refugio es uno de los más transitados y espectaculares de Cantabria. El punto de partida más cercano para empezar la caminata es el teleférico de Fuente Dé, que ahorra al visitante un desnivel de más de 700 metros en apenas cuatro minutos de trayecto. Una vez en la estación superior, El Cable, a 1.823 metros, se inicia una ruta de unos seis kilómetros —unas dos horas de marcha— por una pista evidente que se interna en el macizo. El sendero, bien señalizado como parte del PR-PNPE 23, asciende de forma sostenida entre los Joyos de Lloroza hasta alcanzar la desviación final que trepa hacia el refugio.
Refugio Collado Jermoso: el balcón infinito
Si Cabaña Verónica es un paraje lunar, Collado Jermoso es un balcón hacia la tierra. Ubicado a 2.064 metros de altura, al suroeste del Macizo Central, este refugio descansa sobre un abismo vertical de casi mil metros. La fama de sus puestas de sol no es gratuita: desde su mirador de piedra, se puede contemplar el que posiblemente sea el atardecer más impresionante de toda la cordillera Cantábrica, incendiando valles y montañas en el horizonte.
Se inauguró en 1942, después de que Diego Mella, un montañés de Castilla y León, visualizara un refugio aparentemente imposible al borde de este colosal acantilado. Jermoso ofrece una infraestructura sólida, con capacidad para dar refugio a una treintena de personas en habitaciones compartidas con literas. Cuenta con un acogedor comedor de madera, que ofrece servicio de barra, desayunos, comidas y cenas. Pernoctar en este balcón infinito tiene un coste aproximado de 18-20 euros por persona.
Para llegar a Collado Jermoso, el visitante debe estar bien preparado físicamente. El acceso más icónico y directo parte del pueblo de Cordiñanes (León). Es un trayecto exigente que se abre paso a través de la conocida como Vía de la Rienda. El senderista debe superar un desnivel de 1.200 metros en una ruta de unas cuatro horas que incluye pasos aéreos tallados en la roca y canales de fuerte pendiente.
Refugio de Vega de Urriellu: a los pies del gigante
Situado a 1.960 metros de altitud, Vega de Urriellu descansa literalmente a los pies de la cara oeste del Picu Urriellu, el mítico Naranjo de Bulnes. Este gigante de roca, con una pared vertical de 500 metros que se pinta de naranja brillante con la última luz del día, domina un paisaje de escala sobrecogedora.
Es la instalación más amplia del Parque Nacional, con capacidad para 96 plazas en literas compartidas. El refugio ofrece servicios más robustos que los anteriores: un comedor espacioso con desayunos, comidas y cenas, además de baños y agua corriente. Las duchas de agua fría dependen de la disponibilidad estacional del agua. La tarifa de pernocta ronda los 18-22 euros. Al ser el destino más emblemático y deseado de Picos de Europa, la reserva previa a través de su central online es prácticamente obligatoria durante casi todo el año.
El camino más transitado para alcanzar esta vega se inicia cerca del pueblo de Sotres (Asturias). Desde el Collado de Pandébano parte un sendero de unos seis kilómetros que salva un desnivel de 900 metros en aproximadamente tres horas de marcha constante. El trayecto es un despliegue de praderías que poco a poco ceden el paso a la caliza bruta. Aunque el sendero está muy marcado, el repecho final por la Canal del Ampriu pone a prueba la resistencia. La recompensa es colosal: al girar el último recodo, la silueta imponente del Naranjo alzándose sobre el refugio ofrece uno de los momentos más catárticos de la montaña española.
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