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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Malditos roedores

El crucero MV Hondius

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Los humanos somos seres roedores. Preferimos tocar con insistencia las narices de los demás, antes que romper de golpe sus tabiques nasales. Nos gusta disfrutar pausadamente del placer que nos produce el poder que imponemos. Vamos carcomiendo relaciones para que el deterioro no caiga en nuestra responsabilidad. Arañamos favores para llegar a la cima antes que los demás. Pero no tenemos pudor en empujar hacia el precipicio a quienes se interponen en nuestra codicia. Somos gotas malayas contra otros, pero no tenemos paciencia con nosotros mismos. Vivimos como roedores, desgastando el futuro, y morimos como rumiantes lamentando el pasado.

Hay roedores simpáticos como las ardillas y otros que nos dan repelús, como las ratas de alcantarilla. Los conejos hacen gracia, con caracoles, hasta que se convierten en una plaga y nos tocan los bemoles. Hay más de dos mil especies de roedores. Son mamíferos, como nosotros, aunque algunos tienen mala leche. Provenimos de lugares diferentes; el homo sapiens, de África, y las ratas del sudeste asiático. Las ratas pardas, en concreto, llegaron a Europa hace ya más de mil ochocientos años. Estos animales han propagado epidemias mortales, como la famosa peste negra del siglo XIV. Aunque matan menos que los humanos con sus guerras y limpiezas étnicas. Las personas compartimos con los roedores más del noventa y cinco por ciento de los genes. Y nuestras conexiones cerebrales son muy similares a las suyas. Es el motivo por el que, en las investigaciones, los ratones nos ayudan a prevenir y curar enfermedades.

Por lo que se refiere al comportamiento común de ratas y humanos, sabemos que estos animales prefieren ayudar a los de su mismo grupo.  En diversos experimentos, los científicos descubrieron que las ratas de laboratorio podían rescatar a una compañera en apuros, pero no a una rata que consideraban una extraña. Daniela Kaufer, profesora de neurociencia en la Universidad de Berkeley (California), descubrió que la identidad de grupo de la rata angustiada influye en la respuesta neuronal que ofrece a la hora de ayudar a otros sujetos. En resumen, que compartimos con los roedores diversos mecanismos neurobiológicos que actúan en relación al cuidado de los demás. 

A pesar de toda la ayuda que nos prestan estos animalitos, los utilizamos con desprecio en términos de conducta. Calificamos la cobardía humana con un comportamiento que no tienen las ratas. Los tacaños que nos clavan sus incisivos en nuestra cartera no tienen nada que ver con los roedores tan desprendidos que nos acompañan a la hora de comer y procrear. Los ratones se atracan, pero no nos atracan como los rateros del tecnocapitalismo, para dejarnos con piel de rata. Los poderosos abandonan el barco, pero los demás les rescatamos el banco con nuestro dinero. El queso de las religiones utiliza la trampa de la vida eterna para prorratear las pertenencias de los demás, en beneficio de sus iglesias. Pérez, el ratoncito, trapichea con dientes de leche para pagarse los implantes que necesitará de viejo. El matarratas ha terminado siendo un arma homicida más eficaz contra las personas que contra los animales. Por algo será.

Es una paradoja que los roedores sean tan solidarios y las personas tan egoístas. En la reciente crisis sanitaria hemos utilizado a los ratones como si fueran piratas virulentos, porque así podíamos tratar al pasaje como inmigrantes de patera. Tenemos más miedo a las personas que viajaban en el buque del hantavirus que a las ratas que pudieron infectarlos en Sudamérica. El barco “Hondius”, conforme se acercaba a nuestra cápsula protectora, cambiaba su nombre al latín “Odius”. Una denominación más propia de un cayuco en el Mediterráneo. El presidente de Canarias ejerció de “Clavijus Magníficus” para filosofar sobre la nada y la rata, en contraposición a la rata que nada. Frente a eso, la Organización Mundial de la Salud y el Gobierno de España, se pusieron del lado de la ciencia y la humanidad. Algo que siempre debería estar unido. Por mucho que las derechas prefieran la insolidaridad y el odio, el criterio de prioridad nacional no entiende mucho de virus. En cambio, Feijóo y Abascal prefirieron cazar votos, en medio de la tragedia. Han intentado atrapar, una vez más, a Pedro Sánchez “Pixie” y a Mónica García “Dixie”. Al final regresan con el rabo entre las piernas y se les oye mascullar aquella frase que soltaba el gato Sr. Jinks tras cada nuevo fracaso: malditos roedores.

En Aragón no hemos escuchado a nuestro presidente ofrecer apoyo logístico y medios para colaborar en el traslado que se pudiera necesitar para hacer frente a esta crisis. Será que no está mucho por el Pignatelli. Lleva trece días elegido, desde que tomó posesión, y ya ha pasado un tercio de su mandato fuera de España. Sin contar las jornadas de viaje, disfrutó tres días la semana pasada en Bruselas, y ayer otro más de regalo coincidiendo con su vicepresidenta Mar Vaquero. Será que Azcón, como Ayuso, no se resisten a los bombones. Su colega de Madrid ha montado un cacao en México y le han devuelto taza y media. Que se cuiden los dos, porque el chocolate les encanta a las ratas.

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