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INVESTIGACIÓN

El alto cargo que archivó la investigación por el material caducado en un hospital fue el primer gerente de la Sanidad andaluza nombrado por Moreno

El exgerente del Servicio Andaluz de Salud (SAS), Miguel Moreno Verdugo, actual gerente del área sanitaria Este de Málaga-Axarquía.

Néstor Cenizo

Málaga —

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El gerente del área sanitaria Este de Málaga-Axarquía archivó en poco más de un mes el expediente de información reservada por el uso presuntamente irregular de reactivos de análisis caducados o sin estabilidad, abierto tras una denuncia del sindicato CSIF.

Miguel Moreno Verdugo dio carpetazo al asunto el pasado 11 de marzo sin explicar a los denunciantes qué había hecho para averiguar los hechos ni cuál había sido el resultado de la investigación. Ante el cierre en falso del caso en vía interna, CSIF ha pedido a la Fiscalía que investigue la posible relevancia penal de los hechos descritos esta semana en elDiario.es Andalucía. La denuncia fue presentada a finales de marzo ante la Fiscalía Provincial de Málaga.

Moreno Verdugo, que dirige el área sanitaria de La Axarquía después de su cese como gerente del SAS, abrió la investigación ante una denuncia pública del sindicato CSIF, que causó una alarma notable. El comunicad fue el último recurso de CSIF, tras intentar en vano que Moreno abriera un expediente para indagar en lo que estaba ocurriendo: lo divulgaron después de mantener al menos tres reuniones para pedirle la apertura de una investigación.

Cansados, el 17 de febrero lo solicitaron por escrito, el 18 de febrero lo anunciaron públicamente y el 20 de febrero la Gerencia les invitó a aportar pruebas. Aportaron fotografías y testimonios.

La denuncia alertaba al gerente de una supuesta “práctica fraudulenta extendida en el laboratorio por orden expresa de sus cargos intermedios”, que trasladarían a los facultativos y técnicos que la reutilización de reactivos caducados o sin estabilidad “no tiene consecuencias”.

Incluía una descripción de cómo, según varios trabajadores, se hacía para burlar el sistema de control de las máquinas (cambiando de máquina, pipeteando -trasvasando restos a envases en vigor- o falseando el etiquetado de los botes). Además, alertaba del tóxico ambiente laboral en el laboratorio y proponía que se citara diez trabajadores para dar cuenta de esa situación.

Desmentido del director y profesionales

La denuncia generó alarma social y ahondó en el grupo de trabajo del laboratorio un cisma que ya se había generado antes, con denuncias por parte de CSIF de un clima laboral irrespirable y situaciones que podrían constituir acoso laboral. Algunas fuentes consultadas refieren insultos, humillaciones y vejaciones.

Tras la denuncia sobre los reactivos, una veintena de trabajadoras y trabajadores se grabaron y difundieron públicamente un vídeo en el que una compañera lee un comunicado: “Debido a las acusaciones impartidas por el sindicato CSIF contra el laboratorio del Hospital de la Axarquía sobre el uso de reactivos en mal estado, los profesionales, algunos de ellos afiliados a ese sindicato, desmentimos categóricamente que esto sea cierto, y que en ningún caso nos sentimos presionados por cargos intermedios para desmentir la noticia, dejando en entredicho la profesionalidad de todo el servicio de laboratorio”.

“La inmensa mayoría de los profesionales del laboratorio nos están diciendo que la noticia que ha dado el sindicato CSIF es absolutamente falsa”, declaró el gerente a Diario Sur el 19 de febrero, dos días después de recibir la denuncia del sindicato. La jefa de Servicio del Laboratorio, la doctora Monsalud Arrebola, aseguraba en esa misma noticia que “no es posible técnicamente” usar reactivos caducados o sin estabilidad por el control automatizado de los equipos.

El mismo mensaje trasladó María Tárrega, técnico de laboratorio, en la Cadena Ser Axarquía: “Cuando metemos un reactivo, el aparato perfora y comienza una cuenta atrás, y cuando termina expulsa ese reactivo. Aquí termina el complot”. Tárrega resaltó que el laboratorio cuenta desde 2022 con la certificación de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía (ACSA), nivel avanzado. Pero admitió: “Tengo que decir que sí puede ser que en las cámaras haya reactivos fuera de fecha, porque los devolvemos a la casa comercial y ellos nos los reponen”.

“Jamás he visto a nadie que reponga un reactivo caducado”

Esta explicación no encaja bien con al menos media decena de testimonios y con los mensajes enviados en el grupo de Whatsapp del laboratorio, a los que ha tenido acceso este medio, donde se habla de “engañar” a la máquina para reutilizar esos reactivos desechados, de conservarlos “para poder utilizarlos” o de “programar el caducado antiguo”. Tampoco con las fotografías de botes envueltos en papel film donde alguien ha escrito “arreglado. Uso”.

Este medio ha preguntado a la gerencia del SAS por la supuesta cláusula del acuerdo por la que Siemens repondría los reactivos caducados. No ha recibido respuesta. Los facultativos consultados por este medio niegan que exista tal cláusula. El manual de uso de Siemens habla de “desechar” los reactivos cuando el lote o la estabilidad en el sistema ha caducado. “Los que vienen mal sí se reponen. Los que caducan se deben tirar”. “Jamás he visto a nadie que venga a reponer un reactivo caducado”, dice otra persona que trabajó durante más de una década en el laboratorio.

“Si tienes un yogur caducado, ¿lo guardas? En una farmacia no te van a vender un paracetamol caducado o próximo a caducidad, porque no aseguran que sea efectivo 100%. Lo mismo pasa con un reactivo”, explica otra fuente.

Otra persona ajena al laboratorio, pero que lo ha visitado en decenas de ocasiones, asegura que ha visto la nevera repleta de botes “arreglados” en múltiples ocasiones. Dos fuentes coinciden en señalar que presenciaron cómo se recogían esos envases la víspera de la visita de la agencia evaluadora. “Sacaban lo caducado de la nevera y lo guardaban no sé dónde. A los dos días volvías y ya estaban de nuevo allí”, cuenta una de esas personas.

La resolución no aclara los motivos de archivo

La denuncia de CSIF, sindicato mayoritario en el hospital, abrió una guerra sindical. Ningún otro sindicato la respaldó. De entre todos, el más beligerante fue el Sindicato Médico Andaluz, quien acusó a CSIF de “atentar directamente contra la profesionalidad de los facultativos” y contra el “honor del servicio” dañando la reputación del laboratorio.

El 6 de marzo, 14 días después de que se abriera, el expediente fue archivado. Es imposible saber por qué, ya que la resolución no contiene ninguna motivación: la Gerencia no explica en esa resolución si concluye que los hechos no están probados o si estima que no suponen ninguna irregularidad, aunque fueran ciertos. Se archivó sin más. En respuesta a este medio, sí ha insistido en la “falsedad” de las acusaciones del CSIF porque lo ha constatado con “los responsables y el equipo del laboratorio”. Es decir, con los que serían responsables de las irregularidades, si las hubiera.

El gerente disponía de fotos y testimonios sobre el uso de los reactivos, no así de los mensajes. Este medio no ha recibido respuesta a la pregunta sobre qué posible interpretación tienen mensajes como “Si sale caducado no lo tiréis. Yo los aprovecharé” o fotografías donde se ven botes envueltos donde se ha escrito “caducada” o “arreglado uso”.

El instructor (un abogado del SAS) tomó declaración a parte del personal, entre los que no estuvieron algunos trabajadores o extrabajadores sugeridos por CSIF. El SAS no ha respondido a este medio por qué no llamó a algunos de esos profesionales. Fuentes conocedoras del caso explican que en aquellos días hubo gran ajetreo y personas ajenas al laboratorio. Una persona que sí fue interrogada y denunció la práctica irregular describe un ambiente intimidatorio y presiones para que se desdijera de lo que estaba contando.

Tras el archivo, el SMM reiteró sus críticas por el daño reputacional y la incertidumbre generada por la denuncia, según dijeron, y se le sumaron otros sindicatos, como UGT y el Sindicato Estatal de Técnicos de Laboratorio.

A la vista del archivo en vía interna, el sindicato presentó una denuncia ante la Fiscalía Provincial a finales de marzo, firmada por su presidente provincial. La Fiscalía no aclara qué curso ha dado a esta denuncia, a la que se han incorporado indicios documentales y gráficos, así como el testimonio de al menos cuatro profesionales del laboratorio.

El gerente del área, exgerente del SAS

El archivo del expediente reservado fue firmado por Miguel Moreno Verdugo, gerente del hospital, donde recaló tras llegar alcanzar la cima de la sanidad pública andaluza. Él fue el primer gerente del SAS designado por Juan Manuel Moreno en febrero de 2019, nada más llegar este a la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Es economista y técnico de gestión administrativa en el SAS, pero era conocido en el ámbito sanitario por su gestión del personal de la sanidad pública de Castilla La Mancha durante el mandato de María Dolores de Cospedal. Allí aplicó un plan de recortes muy criticado que supuso la salida de cientos de profesionales. Tras regresar en 2015 a su plaza de técnico de función administrativa, pero duró poco. En 2017 fue rescatado para la alta dirección cuando fue designado director general de Ciudadanía en la Diputación Provincial de Málaga. Elías Bendodo era por entonces el presidente de Diputación. 

De allí salió para dirigir la Sanidad andaluza por encargo del primer Gobierno de Moreno con Ciudadanos. Como cabeza del SAS duró apenas diez meses en el cargo. Fue destituido en noviembre, tras un periodo muy convulso marcado por las protestas sindicales ante la falta de contrataciones y el recorte de unos 10.000 contratos de interinidad. Tras su cese se difundió que la Junta le había buscado acomodo en el Hospital Regional de Málaga, el transatlántico de la sanidad malagueña, pero su destino final fue la Axarquía tras generarse una corriente interna contraria a su nombramiento en el Regional.

El Hospital de la Axarquía es un destino de menor rango, pero también potente. Es el centro de referencia para esta comarca oriental de Málaga, y tiene una población diana de unas 150.000 personas, que puede triplicarse en periodos punta del verano.

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