'Ser pastora', o en qué se parece ser bailarina a cuidar un rebaño de ovejas
Laura Morales es conocida por el público sevillano como la mitad del colectivo Hermanas Gestring, el proyecto que alumbró en 2013 con su compañera Greta García, y que supuso su debut como creadora. Más de una década después, la bailarina vuelve a encontrarse con los espectadores de su ciudad en el Teatro Central, donde se dieron a conocer, con una propuesta en solitario que estrenará hoy viernes y mañana sábado, titulada Ser pastora.
Este nuevo trabajo, nacido de su participación en el proyecto Escuela de Pastores de Madrid, Campo Adentro, en 2023. Después de un periodo de formación teórica, hizo prácticas en la localidad de Brieva de Cameros, en la comarca riojana de las Siete Villas, con un centenar de ovejas a su cargo. Morales no sabía aún que ese sería el germen de una creación escénica, pero “ahí me di cuenta de que esto no iba a ser una fuga, sino una forma de completar algo”, recuerda. En una ocasión en la que comentaba la experiencia con varios amigos, Álvaro Vicente, del Centro Dramático Nacional, la animó a probar a llevar algo de lo vivido al escenario.
En ese proceso incipiente, Morales empezó a ver analogías entre el oficio pastoril y el de bailarina. “Al principio me decían ‘qué loca estás, qué haces estudiando eso...’ Pero me di cuenta de que no eran cosas tan separadas, sino todo lo contrario: tienen más temas en común de lo que yo creía, y que lo que la mayoría de la gente tiende a pensar”.
Constante sequía
“Andalucía es la primera tierra que se seca, por lo que es la primera que mueve el rebaño en busca de alimento y agua”, prosigue la sevillana con una sonrisa. “Ser bailarina en Andalucía es estar en constante sequía. Ser pastora implica moverse hacia los pastos frescos, en busca de horizontes. Necesitamos movernos y estamos en lo colectivo: no tiene que venir nadie a decirnos cómo mover a la comunidad, ésta conoce muy bien sus circunstancias y sus necesidades. Como las bailarinas: somos dos oficios separados al nacer”.
En la pieza, que cuenta con la asistencia a la dirección de Alessandra García y la colaboración de La Ejecutora en la dramaturgia y el diseño del espacio escénico, se abordan cuestiones como el pastoreo, el patrimonio cultural y la brecha salarial en el ámbito rural, especialmente en relación con el papel de las mujeres, cuyo trabajo agrícola a menudo se considera una prolongación del doméstico. Pero la palabra fundamental es trashumancia: “Hay mensajes, cuerpo, amores, desamores... La verdad de una profesión que no está nada cuidada”, asevera.
Formada en Danza Contemporánea en el Conservatorio Profesional de Danza de Sevilla Antonio Ruiz Soler, Laura Morales completó su formación en el Centro Andaluz de Danza y posteriormente en el programa internacional La Factoría, antes de dar un salto importante en su carrera con las Hermanas Gestring. “Es imposible alejarme de ahí”, comenta. “Aquí hay y no hay mucho de aquel proyecto, pero también mucha investigación nueva. Y es mi propia vivencia”.
Romantizar el campo
Sobre el estreno en el Central, asegura sentirse “feliz, porque es como volver a casa. Me fui de Sevilla y de Andalucía porque aquí no podía vivir como bailarina, pero siempre guardo mucho amor a este escenario que siempre me ha abrazado, y en el que el público me ha visto hacer de todo. Es la vuelta al lugar de origen de la pastora, y ahora lo que estoy deseando es ver las caras de los espectadores cuando los seduzca y los interpele. Todo el mundo se va a enamorar de mí”.
Sin perder el humor, Morales recuerda que llegó a aprenderse en la flauta dulce la melodía de Heidi, pero al final la descarataron. También refiere el hecho de que mucha gente tenga romantizada la profesión de pastora, y ella también juega con ese imaginario. “Por un lado yo también romantizo, y por otro recuerdo lo duro que es ser pastora y bailarina. Hablo de la soledad, pero también están las ayudas a la gente de campo que no llegan, sobre todo a la gente que quiere hacerlo bien, sin explotación extensiva. Lo más difícil es como te lo pone la vida. Yo soy un cascabelillo, pero no es fácil salir adelante sin morir en el intento”.
“Soy muy de verdad y muy a muerte con todo”, asegura Laura Morales, y eso es lo que promete materializar bajo los focos. “A las cosas que deseo hacer de verdad, no les pongo nunca ni un stop. Y aquí hago cosas que no me he atrevido a hacer antes, por vergüenza o por lo que fuera. Por otro lado, no he cerrado la puerta al pastoreo. Tengo alertas de campos de Extremadura, y no renuncio a ello. Siempre que pueda tener mi pequeño espacio artístico, y algún amante que venga a visitarme de vez en cuando, ¿por qué no probar?”.
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