¿Asma nocturna? Un neumólogo explica por qué los pulmones sufren por la noche y qué hacer para descansar mejor

El entorno en el que dormimos también juega un papel fundamental.

Paloma Martínez Varela

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¿Alguna vez has tenido un ataque de asma justo antes de dormir o en mitad de la noche? No estás solo, el empeoramiento de los síntomas durante las horas de descanso es un fenómeno común.

“El asma nocturna existe y muchas personas refieren más tos, sensación de ahogo o pitidos precisamente al acostarse o durante la madrugada”, asegura el Dr. Alberto Caballero Vázquez, neumólogo de la clínica Thodos, en Granada. Esta reacción, añade, tiene varias explicaciones, que van desde la pura fisiología humana a los hábitos en el dormitorio.

Durante el sueño, nuestro organismo experimenta cambios que, según el experto, en el caso de los asmáticos, pueden volverse en su contra: “Nuestro cuerpo cambia bastante durante la noche de forma natural, mientras dormimos disminuyen algunos mecanismos que ayudan a mantener abiertos los bronquios y aumenta el tono vagal, que favorece una mayor contracción de los bronquios”.

Además, Caballero apunta que “durante la madrugada descienden los niveles de cortisol, una hormona con efecto antiinflamatorio natural, lo que puede hacer que la inflamación bronquial típica del asma se vuelva un poquito más activa en estas horas del día”.

A esto se suma que la percepción de los síntomas cambia mientras dormimos, por lo que a veces el episodio se detecta más tarde. “Por eso, muchos pacientes describen que se despiertan sobre las cuatro o las cinco de la mañana con tos, cuando la dificultad respiratoria ya es intensa”, explica el neumólogo, que señala que este patrón es característico del asma mal controlado. 

Dónde y cómo dormimos

Aunque la postura horizontal, por sí sola, favorece la congestión de las vías respiratorias, el entorno en el que dormimos también juega un papel fundamental. Los ácaros del polvo, la humedad, el moho o incluso el pelo de las mascotas y ciertos ambientadores pueden ser desencadenantes de crisis nocturnas.

“A nivel práctico, ayudan mucho las medidas de control ambiental en el dormitorio, como por ejemplo ventilar bien la habitación, reducir las alfombras y los peluches, usar funda antiácaros y evitar dormir con mascotas siempre y cuando exista alergia”, aclara Caballero.

El neumólogo también recomienda “evitar cenas copiosas o muy tardías, especialmente si hay flujo gastroesofágico y no fumar ni exponerse al humo antes de dormir”, para evitar la irritación de los bronquios. “En algunos pacientes puede ser útil dormir con una ligera elevación del cabecero, sobre todo si el reflujo gastroesofágico juega un papel importante”, precisa.

Ni el asma nocturna, ni el uso del inhalador de rescate deben normalizarse, transmite de forma contundente el especialista: “Es una señal clara de que hay que revisar el control del asma”. “Es fundamental que el paciente asmático bien controlado tenga revisiones periódicas para valorar su función pulmonar y hacer un control estrecho tanto de la patología como de la medicación”, aconseja Caballero. 

“Hoy sabemos que incluso pacientes con síntomas aparentemente leves pueden tener inflamación bronquial importante”, enfatiza el neumólogo, que destaca la importancia de mantener un seguimiento que permita ajustar el tratamiento y que el asma no interfiera en el descanso.

“El objetivo actual no es simplemente tener menos crisis, sino conseguir que la persona pueda hacer una vida completamente normal, dormir bien y mantener una buena calidad de vida”, concluye el doctor.

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