Reforzar la memoria y la plasticidad cerebral: todas las ventajas cognitivas de escribir a mano, según un psiquiatra
La escritura a mano parece cada vez más un recuerdo nostálgico del pasado y, en cierta medida, una práctica en peligro de extinción. Ahora lo tecleamos casi todo: notas como la lista de la compra en el móvil, citas y reuniones en el calendario digital y un largo etcétera. Sin embargo, la investigación en este campo sugiere que escribir a mano tiene importantes beneficios cognitivos, sobre todo para la memoria y el aprendizaje.
¿Puede de verdad la escritura a mano ofrecer beneficios únicos que los métodos digitales no pueden replicar? Es posible que nuestro cerebro recuerde mejor cuando escribimos a mano: ralentizamos el ritmo lo suficiente como para que nuestro cerebro pueda asimilar, organizar y almacenar información. David López Gómez, Psiquiatra y director de menteAmente, nos ayuda a comprender un poco mejor qué es lo que le ocurre al cerebro cuando tomamos notas a mano.
Diferencias entre presionar una tecla o trazar una letra en el papel
La escritura a mano no es solo un acto físico de registrar palabras: es mucho más que garabatear palabras en un papel. Es un acto exclusivamente humano que moldea nuestra forma de pensar y aprender, un proceso complejo que involucra múltiples regiones cerebrales de forma simultánea. El simple acto de escribir a mano activa el cerebro de maneras que la escritura a máquina no puede igualar.
Para López, si bien es cierto que necesitamos un mapa mental para saber dónde está situada la letra en el teclado, también lo es que “presionar la ‘i’ no es muy distinto de presionar la ‘w’”. Pero trazar una letra “es un acto más complejo: hay que construir la letra y, para ello, hay que decidir la dirección del trazo, ajustar la presión al tipo de instrumento que usemos para escribir y coordinar los dedos y la muñeca con la vista y la propiocepción”, admite el especialista. Al escribir, incluso al dibujar, existe una conexión directa entre la comprensión perceptiva y la ejecución motora.
Si nos fijamos también en el proceso de aprendizaje de los niños con el alfabeto, “parece que construyen mejor las representaciones visuales, motoras y fonológicas de letras y palabras cuando practican escribiendo a mano en lugar de tecleando”, reconoce López. ¿Qué ocurre en los adultos? En este caso, “escribir a mano produce una conectividad cerebral más amplia que mecanografiar, especialmente en las redes neuronales relacionadas con la atención, integración sensomotora y memoria”, afirma López.
Según esta investigación publicada en Advances in Brain-Machine Interfaces, la escritura a mano activa el cerebro de una forma mucho más profunda e integrada que la escritura a máquina, e involucra áreas sensomotoras, regiones de memoria y redes a gran escala que apoyan el aprendizaje y la escritura.
Escribir a mano y plasticidad cerebral
En realidad, la complejidad de la escritura a mano la convierte en un acelerador del cambio de hábitos. Al escribir a mano, se estabilizan nuevos patrones neuronales. Y esto es importante sencillamente porque el cerebro es una máquina de precisión. Este tipo de actividad está relacionada con la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para modificar sus conexiones a través de la experiencia.
Así, “cada letra que escribimos requiere la coordinación de múltiples áreas cerebrales, nos obliga a afinar un gesto y comparar el resultado visual con la representación mental que tenemos de esa letra”, admite López, que reconoce además que “con la siguiente letra tenemos que medir la distancia con la anterior, el tamaño, volver a calibrar la escritura”.
Aunque no sintamos la misma intensidad física que al tonificar nuestros cuádriceps con unas cuantas sentadillas, cada vez que realizamos una tarea que requiere concentración y procesamiento activo estamos ejercitando nuestro cerebro. Cuanto más nos ejercitemos, más fuerte se volverá.
De ahí que sea “interesante también señalar que escribir con la mano no dominante (la izquierda para los diestros) es todavía más exigente: aumenta la atención, reduce el automatismo y fuerza un nuevo aprendizaje motor”, afirma López, que matiza que en un estudio realizado en Japón “se mostró que seis semanas entrenando palillos con la mano no dominante mejoraba la destreza y se asociaba a cambios en la actividad prefrontal y premotora”.
Resumir y tomar notas a mano para reforzar la memoria
La neuroplasticidad de la que hablábamos antes también es crucial en cerebros sanos y en la mejora de la función cognitiva y de la memoria. ¿Por qué ocurre esto? Cuando escribimos en ordenador lo hacemos más rápido y también recogemos más cantidad de información. Y esto es algo ventajoso para “registrar datos, pero es posible que no lo sea si queremos aprenderlos”, advierte López.
Uno de los beneficios más bien documentados de la escritura a mano es su impacto en la retención de la memoria. Escribir a mano “nos obliga a ir más pausados, ya que, al no poder copiarlo todo, obligamos a nuestro cerebro a seleccionar, jerarquizar, sintetizar y reformular con nuestras propias palabras”, reconoce el experto.
Al no poder escribir palabra por palabra, el cerebro necesita procesar la información y luego plasmarla en una versión más concisa. Esto eleva el proceso cognitivo, pasando del conocimiento a la comprensión, lo que aumenta la probabilidad de que la información se retenga a largo plazo. Por tanto, “este procesamiento más activo facilita que la información se integre mejor y sea más fácil recordarla después”, afirma López.
La naturaleza multisensorial y activa de la escritura a mano, que involucra los sistemas visual, motor y espacial del cerebro, ayuda a consolidar el conocimiento, lo que hace que las notas manuscritas sean más efectivas para el aprendizaje y la recuperación de la información, “que se integra mejor y es más fácil recordar después. Además, cuando nos pongamos a estudiar unas notas manuscritas bien tomadas nos encontraremos con menos información irrelevante y las ideas ya digeridas”, afirma López.
Si bien la tecnología nos facilita mucho ciertas tareas, “con dispositivos que graban, transcriben y generan resúmenes automáticos, en realidad estamos delegando el esfuerzo cognitivo de seleccionar, organizar y reformular la información”, advierte López, que concluye que “quizás la combinación de la tecnología con una síntesis personal sea lo más útil: podemos revisar la transcripción, subrayar lo esencial y escribir a mano conclusiones propias”.
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