42 páginas recuperadas del siglo VI reabren la historia de los textos de San Pablo anteriores a la Biblia actual

El monasterio desmontó el volumen para reutilizar el pergamino

Héctor Farrés

11 de mayo de 2026 17:10 h

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Ningún santo dejó un documento firmado delante de un notario que permita demostrar hoy, de forma automática, que cada palabra atribuida a él salió realmente de su mano. La existencia histórica de muchos santos se reconstruye con copias, referencias no demasiado precisas, cartas citadas por otros autores y manuscritos conservados siglos después de su muerte.

Algunos textos sí mantienen una atribución bastante firme porque aparecen repetidos en bibliotecas distintas, porque otros escritores antiguos los mencionaron o porque el estilo coincide con obras anteriores del mismo autor. En otros casos, la situación cambia mucho y aparecen dudas sobre añadidos posteriores, cambios de copistas o escritos atribuidos a personas que quizá nunca los redactaron.

Los especialistas revisan la tinta, el pergamino, las correcciones y hasta la forma de dividir los capítulos para comprobar qué partes pertenecen realmente a cada época. Ese trabajo depende muchas veces de pequeños rastros físicos que sobrevivieron dentro de manuscritos reutilizados durante siglos.

Garrick Allen reconstruye hojas perdidas del Códice H

Un equipo internacional liderado por Garrick Allen, profesor de la Universidad de Glasgow, logró recuperar 42 páginas perdidas del Códice H, una copia del siglo VI de las cartas de San Pablo, según informa la propia universidad. El trabajo permitió reconstruir fragmentos que se consideraban desaparecidos desde hace siglos gracias a marcas de tinta casi invisibles conservadas en otras hojas del manuscrito. Allen explicó que “los productos químicos de la nueva tinta causaron un daño por transferencia en las páginas enfrentadas”. El investigador añadió que esas huellas dejaron “una imagen especular del texto en la hoja opuesta”.

El hallazgo partió de una pista material muy concreta. Los investigadores sabían que el manuscrito había sido reentintado en algún momento de su historia y esa intervención alteró químicamente el pergamino. Parte de la tinta atravesó las hojas o dejó marcas reflejadas en páginas cercanas, algo parecido a una impresión residual.

Algunas señales apenas podían distinguirse a simple vista, aunque los sistemas modernos de análisis permitieron separarlas del fondo del pergamino y reconstruir líneas completas de texto. El equipo llegó a recuperar varias capas de escritura a partir de una sola página conservada.

Las imágenes multiespectrales aclaran el origen del manuscrito

El Códice H dejó de existir como volumen completo en el siglo XIII, cuando fue desmontado en el Monasterio de la Gran Lavra, en el Monte Athos de Grecia. Aquella reutilización no respondía a un ataque contra el manuscrito. El pergamino era caro y muchos libros deteriorados se desmontaban para aprovechar las hojas como material de encuadernación o como páginas de guarda en otros volúmenes. Las partes conservadas acabaron repartidas entre bibliotecas de Italia, Grecia, Rusia, Ucrania y Francia. Ese reciclaje medieval terminó dejando señales que siglos después permitieron reconstruir parte del contenido perdido.

La recuperación digital se apoyó en imágenes multiespectrales desarrolladas junto a la Early Manuscripts Electronic Library, conocida como EMEL. Los especialistas fotografiaron las páginas bajo distintas longitudes de onda, desde el ultravioleta hasta el infrarrojo, para distinguir restos mínimos de tinta ocultos en el pergamino. El equipo también recurrió a pruebas de radiocarbono realizadas en París para confirmar que el manuscrito original pertenecía realmente al siglo VI. La datación coincidió con la cronología que manejaban los investigadores para las cartas conservadas.

Las páginas recuperadas contienen fragmentos ya conocidos de las cartas paulinas, aunque el interés principal aparece en otros detalles. Los investigadores encontraron las listas de capítulos más antiguas conocidas para las cartas de Pablo y comprobaron que esas divisiones eran muy distintas de las actuales. Los fragmentos también muestran correcciones, notas y cambios hechos por escribas del siglo VI, algo que ayuda a entender cómo trabajaban los copistas y cómo corregían los textos religiosos antes de que existieran versiones estables.

The Debrief destacó además otra característica importante del manuscrito. El Códice H incorpora el llamado Aparato de Eutalio, un sistema antiguo de ayudas para estudiar el Nuevo Testamento con listas, referencias y notas organizadas para orientar la lectura. Garrick Allen afirmó en la información difundida por la Universidad de Glasgow que “haber descubierto cualquier nueva prueba de cómo era originalmente es sencillamente monumental”. El proyecto ya cuenta con una edición digital abierta al público y prepara una versión impresa que permitirá revisar con más detalle esas páginas que pasaron siglos ocultas dentro de otros libros.

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