Los tiranosaurios comían animales moribundos o semipodridos y el hallazgo desmonta parte de su fama como depredadores letales

Las herramientas digitales cambiaron el análisis de las mordeduras fósiles

Héctor Farrés

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Las coronas nunca existieron en el Cretácico, pero pocos animales ocuparon tanto espacio en la cultura popular como el Tyrannosaurus rex. Su tamaño, la forma de la cabeza y la fuerza de la mandíbula acabaron dejando en segundo plano a otros grandes carnívoros que también dominaron aquellos ecosistemas. El cine y muchos documentales ayudaron a fijar esa jerarquía hasta convertir al tiranosaurio en la imagen habitual del depredador perfecto.

Esa visión, sin embargo, siempre dejó fuera algo bastante común entre los grandes cazadores actuales. Muchos animales capaces de matar también aprovechan cadáveres cuando encuentran comida fácil, y los tiranosaurios probablemente hicieron lo mismo. Las hienas, los buitres o los dragones de Komodo no desperdician energía cuando pueden alimentarse de restos abandonados. Los paleontólogos llevan años intentando averiguar si los grandes terópodos del final del Cretácico actuaban de una manera parecida.

Un fósil de Montana mostró mordidas sobre otro depredador

Un estudio publicado en la revista Evolving Earth detectó 16 marcas de dientes sobre un hueso fosilizado perteneciente a un gran tiranosaurio hallado en la Formación Judith River, en Montana. Josephine Nielsen, investigadora de la Universidad de Aarhus, explicó en el trabajo que esas señales “son impresiones precisas de los dientes de un tiranosaurio más pequeño que se alimentó de un pariente mucho mayor”.

Según recoge Evolving Earth, el metatarsiano pertenecía a un animal de entre 10 y 12 metros de longitud que vivió hace unos 75 millones de años. El análisis apunta a que otro tiranosaurio juvenil aprovechó el cadáver cuando apenas quedaban restos de carne.

La posición de las mordeduras resultó decisiva para interpretar el hallazgo. Todas aparecían en la parte baja del hueso del pie, una zona que apenas conserva tejido útil cuando un cadáver todavía está fresco. Nielsen señaló que “las marcas están en el pie, donde hay muy poca carne”, y añadió que eso indica una fase tardía de alimentación. Los investigadores creen que el cuerpo llevaba bastante tiempo descomponiéndose y que el animal estaba arrancando los últimos restos adheridos al hueso. El fósil tampoco presenta señales de cicatrización, de modo que las heridas no pertenecen a un enfrentamiento entre ejemplares vivos.

Los jóvenes carroñeros aprovecharon cuerpos casi consumidos

El equipo utilizó escaneados tridimensionales de alta resolución para estudiar cada surco con detalle. Los científicos midieron la profundidad, la inclinación y la distancia entre marcas dentro de un entorno virtual que permitía ampliar zonas diminutas del fósil. Nielsen explicó que “puedo documentar que estas marcas de dientes no aparecieron por casualidad”. El análisis descartó que la erosión natural hubiera producido esas formas, ya que las hendiduras conservaban patrones compatibles con dentaduras de tiranosáuridos.

El hueso original era demasiado delicado para trasladarlo y los investigadores trabajaron con una réplica impresa en 3D junto a un modelo digital. Cada una de las 16 marcas recibió una numeración específica y fue analizada mediante el sistema CM, un método reciente utilizado para estudiar mordeduras fósiles. Los científicos revisaron la longitud, la anchura y el ángulo de cada señal para reconstruir cómo había actuado la mandíbula del animal.

El ejemplar joven raspó restos adheridos con los dientes delanteros

La separación entre los dientes permitió calcular el tamaño aproximado del ejemplar que mordió el hueso. El estudio plantea que se trataba de un tiranosaurio juvenil o subadulto de unos seis metros de longitud. Los autores también creen que utilizó sobre todo los dientes delanteros para raspar restos de carne pegados al metatarsiano. Ese comportamiento encaja mejor con una alimentación lenta sobre un cadáver ya abierto que con un ataque de caza.

La investigación no plantea que los tiranosaurios fueran simples carroñeros incapaces de capturar presas. El trabajo propone algo bastante distinto. Igual que ocurre con leones, cocodrilos o hienas, estos depredadores podían alternar la caza con el aprovechamiento de cadáveres según la situación del momento.

Los dinosaurios podrían parecerse a los buitres y hienas

Esa discusión lleva décadas dentro de la paleontología, sobre todo alrededor de Tyrannosaurus rex. Algunos investigadores defendieron que dependía mucho de la carroña, mientras otros lo describieron como un cazador dominante dentro de su ecosistema.

Las nuevas herramientas digitales también están cambiando la manera de estudiar fósiles. Los escáneres tridimensionales permiten revisar grietas, cortes y marcas diminutas que hace unos años apenas podían distinguirse a simple vista. Nielsen explicó que “al crear una versión digital he podido acercarme a detalles muy pequeños”. Los investigadores creen que estos métodos ayudarán a diferenciar mejor las mordeduras relacionadas con la caza, la alimentación sobre cadáveres o los ataques entre individuos.

Montana conservó restos de algunos grandes depredadores del hemisferio norte

El hallazgo apareció en un paisaje erosionado de Montana conocido por conservar abundantes restos de dinosaurios del final del Cretácico. Aquella región albergó tiranosaurios como Daspletosaurus y Gorgosaurus, dos grandes depredadores del hemisferio norte.

El fósil estudiado añade otra imagen a esa fauna gigantesca. El animal que dejó las marcas no estaba persiguiendo una presa enorme ni luchando por el dominio del territorio. Estaba aprovechando los últimos restos pegados a un hueso que casi ya no tenía carne.

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