Hallan en una isla artificial escocesa una estructura de madera más antigua que Stonehenge y una calzada de piedra

Los lagos escoceses conservaron obras humanas durante milenios

Héctor Farrés

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Los mapas costeros cambiaron en varios países del golfo Pérsico cuando comenzaron a aparecer barrios enteros levantados sobre terreno ganado al mar. En Emiratos Árabes Unidos, Catar o Baréin, esas obras obligaron a transportar enormes cantidades de arena y roca, además de reorganizar puertos, accesos y líneas de suministro para crear suelo donde antes solo había agua.

Las grandes islas artificiales modernas suelen asociarse a hoteles, urbanizaciones o centros financieros, aunque detrás de ellas hay también decisiones políticas y una enorme capacidad para coordinar trabajadores, materiales y maquinaria durante años. Ese tipo de construcciones alteró incluso la forma de entender el paisaje costero en algunas regiones, porque muchas pasaron de tener una línea de costa sencilla a contar con penínsulas y superficies nuevas diseñadas desde cero.

Las islas artificiales tampoco son un invento reciente. Muchas sociedades antiguas ya modificaban lagos y zonas inundadas para crear espacios apartados del territorio habitual, aunque con técnicas mucho más rudimentarias y objetivos distintos a los actuales.

La Universidad de Southampton situó un islote escocés en el Neolítico

Un estudio publicado en Advances in Archaeological Practice y recogido por la Universidad de Southampton reveló que bajo el crannog de Loch Bhorgastail, en las Hébridas Exteriores de Escocia, existe una plataforma de madera construida hace más de 5.000 años.

El equipo trabajó junto con la Universidad de Reading y descubrió que la pequeña isla rocosa visible en la actualidad ocultaba una estructura circular levantada con troncos y ramas varios siglos antes de algunas de las fases más conocidas de Stonehenge. Las dataciones por radiocarbono situaron la primera construcción entre el 3500 y el 3300 antes de Cristo. Ese resultado cambió la cronología habitual de los crannogs escoceses, asociados durante décadas a la Edad del Hierro y a periodos medievales.

Las aguas bajas dejaron fuera muchos métodos habituales

Los investigadores explicaron que la estructura original medía unos 23 metros de diámetro y descansaba bajo varias capas añadidas mucho tiempo después. La existencia de un crannog neolítico tan antiguo abrió la posibilidad de que otras islas artificiales de Escocia también tengan orígenes anteriores a los calculados hasta ahora. El trabajo señala además que aquellas comunidades no levantaban solo tumbas o monumentos ceremoniales, ya que también modificaban lagos completos para crear superficies separadas de la vida cotidiana en tierra firme.

El fondo del lago guardó vasijas usadas en reuniones colectivas

La parte más reveladora del yacimiento apareció alrededor de la isla y no sobre ella. Los arqueólogos recuperaron cientos de fragmentos de cerámica neolítica del fondo del lago, entre ellos restos de cuencos y vasijas que todavía conservaban señales de hollín y restos de comida. La acumulación de materiales llevó al equipo a pensar que los recipientes fueron arrojados deliberadamente al agua después de ser utilizados.

Los investigadores relacionaron esos hallazgos con reuniones comunitarias y con posibles actividades rituales desarrolladas alrededor del crannog. Stephanie Blankshein, arqueóloga de la Universidad de Southampton responsable del proyecto, explicó que “los crannogs son pequeñas islas artificiales que suelen tener miles de años”.

Los trabajos submarinos cambiaron la forma de estudiar esos enclaves

La isla tampoco permaneció igual durante toda su historia. Aproximadamente 2.000 años después de la primera construcción, otras comunidades añadieron nuevas capas de ramas y piedra durante la Edad del Bronce Media. Más adelante hubo otra fase de actividad en la Edad del Hierro.

Ese uso repetido durante milenios indica que el lugar mantuvo una función especial para grupos humanos muy distintos. Los arqueólogos localizaron además una calzada de piedra hoy sumergida que conectaba el islote con la orilla del lago y permitía acceder al lugar de forma organizada.

El equipo adaptó cámaras especiales para trabajar junto a la orilla

El estudio presentó también un problema técnico poco habitual. Las zonas de aguas poco profundas dificultan el trabajo arqueológico porque los métodos terrestres dejan de funcionar más allá de la orilla y muchos equipos submarinos están preparados para mayor profundidad.

Esa franja intermedia suele quedar fuera de numerosos registros arqueológicos. Para resolverlo, el equipo desarrolló un sistema portátil de estereofotogrametría adaptado a esas condiciones. La técnica permitió generar modelos digitales tridimensionales a partir de fotografías tomadas desde distintos ángulos. Las imágenes submarinas se unieron después con registros captados mediante drones y trabajos realizados en tierra hasta formar un único modelo continuo del yacimiento.

La investigación sobre los crannogs neolíticos de las Hébridas Exteriores comenzó en 2009, cuando Loch Bhorgastail fue identificado por primera vez. Tres años después, Chris Murray, vecino de Lewis y antiguo buceador de la Marina Real, encontró cerámica neolítica muy bien conservada en otro lago cercano a varios islotes artificiales.

Aquellos fragmentos impulsaron nuevas campañas arqueológicas y terminaron abriendo una línea de trabajo que ahora apunta a la existencia de más estructuras ocultas bajo los lagos escoceses. Muchas siguen cubiertas por agua y apenas muestran desde la superficie unas pocas piedras oscuras.

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