Desregular, tirando a mal
La vida es el equilibrio que regula la tensión existente desde que nacemos hasta que morimos. Crecemos de forma regular hacia la vejez. Comemos con regularidad, siempre que no estemos en un mundo irregular de pobreza, guerras y hambrunas. De salud vamos regular, que es la mejor forma de estar bien, aunque parezca que estamos fatal. Ir al baño con regularidad es una magnífica señal que ayuda a regenerar nuestra flora intestinal. Si el corazón late regular, sin arritmias, es que bombea adecuadamente, a pesar de que seamos aficionados zaragocistas. Nos consideramos ciudadanos regulares porque los que se creen buenos y patriotas, deciden los que son irregulares. Ni bueno ni malo es soso. Ni fú ni fa, es un regular espectacular.
En psicología, la mayoría de las consultas y peticiones de ayuda profesional nos piden que ayudemos a las personas a ser regulares. La alteración de la conducta, por malestar, produce una desazón que altera el estado de ánimo, el pensamiento o la forma de transitar a diario. Unas veces la tristeza, otras la ansiedad y la falta de habilidades, hacen que se desborde el caudal regular de nuestro comportamiento. Los problemas son los seres más irregulares que habitan entre nosotros. Nunca sabemos cómo llegan y nos cuesta abordar soluciones para afrontarlos. Si somos conscientes de la imposibilidad de arreglar todo con normalidad, porque no todo depende de nuestras manos, viviremos regulares. Algo que se parece bastante a la felicidad.
El problema es que no nos enseñan en la escuela a vivir regular, sino a competir por una irregularidad que adelante a los demás y destaque del resto. Nos fuerzan a elegir entre formar parte del anclado pelotón de la mayoría o de la élite irregular de triunfadores. Ni una cosa ni la otra. Lo mejor es ser regular. Asentar una personalidad propia, con autoestima e identidad propia, sin la obsesión de un triunfo contra quienes nos rodean, es una opción que nos sienta regularmente bien. No es fácil. Hay que saber manejar con soltura los grifos de los sentimientos para que las emociones no nos desborden. Para ello utilizamos la autorregulación emocional que nos permite identificar lo que nos ocurre, monitorizar su progreso e intervenir en el mismo para corregir las fugas y carencias. La idea de autorregulación emocional se fundamenta en la teoría modal de las emociones. Esta considera que las emociones no son reacciones instintivas, sino que se dan por diferentes motivos, como el contexto, la predisposición de la persona y, es aquí donde entraría la idea de la autorregulación, la capacidad del individuo para moderar sobre su humor. Las herramientas que utilizamos en psicología para controlar este descontrol emotivo son, entre otras, la supresión de pensamientos (cambiar la emoción pensando en otra cosa menos estresante que nos lleve a modificarla), la reconsideración emocional (pensar en el futuro con la nueva situación emocional para así racionalizarla) y el distanciamiento cognitivo (vernos desde fuera para analizarnos como un espectador). Está claro que, en el último encuentro disputado entre el Huesca y el Real Zaragoza, sobró ansiedad (producto de la frustración) y faltaron respuestas de autocontrol frente al fracaso de no conseguir las metas propias o del equipo. Las personas que se han alegrado del puñetazo de Andrada, y lo disculpan, son las mismas que votan a la ultraderecha. No cometerían una agresión, ni se muestran racistas, xenófobos o excluyentes, pero votan para que otros lo sean y se ensucien las manos por ellos. Aunque el problema que tienen estos extremistas del falso patriotismo es si aplicarían la “prioridad nacional” en defensa de Pulido antes que a un argentino. Hasta los ultras tienen sus contradicciones.
Hoy será investido Azcón con los votos de una ultraderecha de la que renegó y despreció cuando se fueron de su gobierno. Vuelve más débil y como el barón que más ha perdido de los que han ido a elecciones. El presidente andaluz dice que no quiere acabar como él: cautivo y desarmado, en manos de Vox. Lo único que sabemos es que tendremos un gobierno desregular, tirando a mal. Ese es su plan de gestión en el Pignatelli. Hasta ahora el máximo exponente de la desregulación es la motosierra argentina de Milei. Menos derechos, privatizaciones, destrucción del sector público y eliminación de normas y leyes que regulan para proteger a la ciudadanía. La desregulación se notará enseguida en la ya maltrecha sanidad y educación pública. También en los servicios sociales. Se utilizará la palabra libertad para encadenarnos a la precariedad y para que no haya criterios de igualdad y oportunidad. Sólo de prioridad nacional. Porque los españoles, primero. Sin que sepan decirnos quiénes son más españoles. Si los que pagan sus impuestos en nuestro país o los nacidos en España que tributan en paraísos fiscales. Se comienza separando a los españoles con ocho apellidos alternos de López y García, y se termina imponiendo que los aragoneses vamos antes que el resto. Los de Huesca, Teruel y Zaragoza fomentarán sus divisiones que llevarán al apartheid mutuo, tal y como hacemos las aficiones futboleras. Y pronto los de la capital serán más que los de los pueblos. Y mi barrio mejor que el tuyo. Y yo antes que nadie. Si llega ese momento, el fascismo ya nos habría ganado y todos seremos irregulares si no pensamos de forma autoritaria. Quizás el futuro Gobierno de Aragón quiera desregular las normas del fútbol y así todos podamos vivir a puñetazos, de forma regular. Trabajemos para que ese momento no llegue. Desde la oposición y con la movilización. Frente a la dictadura de la uniformidad, la belleza de lo irregular es la fuerza de la diversidad. Somos libres porque nos ganamos la autonomía en cada decisión y en cada voto. Participemos con regularidad, en la calle y en las urnas, para que el futuro sea regular.
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