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No hay colonos que no violen el derecho internacional: la trampa del discurso de la UE ante la ocupación israelí

Colonos israelíes armados concentrados en la frontera oficial israelí y los territorios de Gaza.
13 de junio de 2026 22:13 h

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Mientras la atención internacional se centra en las consecuencias de la guerra que Donald Trump y Benjamín Netanyahu iniciaron contra Irán, el Gobierno de extrema derecha israelí acelera la anexión ilegal de territorio palestino en Cisjordania con gran violencia, tanto del Ejército como de colonos.

'Limpieza étnica'

Esta semana la organización de derechos humanos Amnistía Internacional publicaba un nuevo informe en el que alerta de “una campaña de limpieza étnica impulsada por el Estado” israelí en Cisjordania. También denuncia la aceleración deliberada de la anexión formal de territorio en esa área y “el crimen de lesa humanidad de transferencia forzada” de población.

Además, recuerda que esta campaña de limpieza étnica no es nueva ni está impulsada solo por “algunos colonos renegados”, sino que está “arraigada en el sistema de apartheid de larga duración de Israel”, lo que “supone un crimen de lesa humanidad perpetrado por Israel contra todos los palestinos bajo su control durante años”.

La directora de Amnistía Internacional, Agnes Callamard, señala que “la comunidad internacional es culpable de atribuir la anexión territorial a la ‘violencia de colonos’, como si fuera impulsada solo por ”algunas manzanas podridas“ o por ”ministros extremistas“. Su mensaje va destinado a la UE.

Amnistía Internacional denuncia una aceleración de la limpieza étnica, impulsada no solo por "algunos colonos renegados", sino “arraigada en el sistema de apartheid de larga duración de Israel”

La posición de la UE

Ese relato de las ‘manzanas podridas’ ha servido durante décadas a la extensión de la ocupación ilegal y del sistema de segregación racial contra los palestinos y, pese a ello, se mantiene a día de hoy.

Las sanciones europeas se han dirigido solo contra un puñado de colonos a los que se llama “extremistas”, como si el resto de colonos no lo fueran, y como si el proyecto estatal israelí no actuara como máximo abanderado de esa ocupación colonial de asentamientos y de apartheid.

El pasado 28 de mayo la representante de la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, anunció sanciones a “colonos extremistas”, bajo el lema “los colonos extremistas socavan la paz”, culpándolos de poner en riesgo “la solución de los dos Estados”.

El Estado israelí es el máximo impulsor del colonialismo. Cuando la UE sanciona solo a unos cuantos colonos extremistas israelíes transmite el mensaje de que el problema lo provocan solo ‘unas manzanas podridas’. Esta posición contribuye a mantener un statu quo que ha permitido a Israel, desde hace décadas, extender su anexión ilegal territorial y su sistema de apartheid contra la población palestina.

Esa diferenciación, planteada de forma habitual por el relato europeo, exonera al resto de colonos, como si la ocupación y el sistema de segregación en su conjunto no obstaculizaran “la solución de los dos Estados” y no violaran el derecho internacional. Como si hubiera una ocupación colonial de apartheid buena y otra mala.

El relato de la UE exonera al resto de colonos, como si la ocupación y el sistema de segregación en su conjunto no violaran el derecho internacional. Como si hubiera una ocupación colonial de apartheid buena y otra mala

No solo Amnistía Internacional insiste en la existencia de un proyecto estatal que viene de largo. Hace unos días varios relatores de Naciones Unidas volvían a advertir del aumento del terror ejercido por colonos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Este con el permiso y “la aquiescencia del Estado israelí”. Su denuncia es clara: “La escalada de violencia, perpetrada con total impunidad, actúa como un instrumento de coerción en manos de la potencia ocupante, facilitando la limpieza étnica”, señalan.

También esta semana una exhaustiva investigación internacional, detallada por elDiario.es, ha detallado cómo los países de la Unión Europea, así como Suiza, Noruega y Reino Unido permiten la entrada habitual de productos procedentes de asentamientos ilegales israelíes y aceptan certificaciones inválidas en muchos de ellos.

'Producto de Israel'

El informe, del centro de litigación Global Echo, basado en más de 30.000 documentos, explica cómo mercancías alimentarias son importadas por la UE desde los asentamientos israelíes con trato preferencial, con la etiqueta “Producto de Israel”, pese a tener su origen en territorio ocupado palestino o sirio. Eso supone que comprar productos israelíes siempre conlleva el riesgo de estar adquiriendo productos sembrados o elaborados en tierras ocupadas ilegalmente.

Estos hallazgos confirman la necesidad de adoptar medidas inmediatas y contundentes para poner freno a la complicidad europea con el despojo que sufre el pueblo palestino. No basta con prohibir las importaciones de productos de los asentamientos israelíes, porque el sistema establecido favorece la ocultación de la procedencia real de los envíos, el uso de direcciones falsas o la mezcla, como detalla la investigación de Global Echo.

Por eso el equipo investigador de este centro de litigación, así como otros expertos, señalan la necesidad urgente de reexaminar por completo el modelo comercial europeo con Israel, garantizando inspecciones, control y medidas adicionales para evitar que esas mercancías entren en la UE.

Sin embargo, tampoco esa medida sería suficiente para cumplir con las obligaciones internacionales y garantizar la suspensión de la contribución europea con el modelo de ocupación colonial israelí. ¿Por qué? Porque el propio Estado israelí y numerosas instituciones, universidades y empresas israelíes impulsan el colonialismo de asentamientos o contribuyen al mismo.

El Estado de Israel defiende a los colonos, les proporciona ayudas económicas y los protege militarmente a través del Ejército. Es decir, facilita la ocupación colonial de asentamiento, que constituye un crimen de guerra

Resulta llamativo el empeño de la UE en diferenciar a los colonos extremistas de otros individuos o entidades que trabajan activamente para apuntalar el colonialismo israelí. Solo desde una voluntad de no querer ver y de seguir manteniendo el business as usual se puede sostener que basta con sancionar a un puñado de colonos extremistas o con prohibir las importaciones de productos procedentes de asentamientos para prevenir esos crímenes.

El papel del Estado e instituciones

El Estado de Israel defiende a los colonos, les ofrece subvenciones y otras ayudas económicas y los protege militarmente a través del Ejército. Es decir, facilita el robo de tierras y acuíferos, financia la construcción de carreteras y de viviendas, extiende muros y asentamientos con los que rodea, arrincona y encierra a la población palestina, sometiéndola a vigilancia coercitiva y a un apartheid consolidado.

Por tanto, asumir que las relaciones comerciales y de inversión que contribuyen a la ocupación colonial y a la segregación son solo las que se mantienen con empresas que trabajan en los asentamientos israelíes es negar el eje vertebral del proyecto colonial del Estado israelí.

Por ejemplo, el Gobierno de Netanyahu aprobó hace unos meses la mayor ampliación de asentamientos de los últimos treinta años. El primer ministro de Israel y su equipo adoptan esa decisión desde Tel Aviv, no desde un asentamiento en territorio palestino. Y, sin embargo, con esa decisión consolidan notablemente el colonialismo ilegal israelí. Desde la capital de Israel se diseña y se refuerza el modelo de asentamientos y un crimen de guerra, definido como tal por el derecho internacional: “la transferencia de población del Estado ocupante al territorio ocupado”.

Para llevarlo a cabo, el Estado israelí cuenta con el Ejército, que protege a los colonos y ejerce violencia contra la población nativa (los palestinos) y con otras instituciones que contribuyen al reemplazo de población palestina por población judía. También dispone de universidades que ofrecen sus laboratorios para sostener el desarrollo de armas y tecnologías militares, como denuncia la antropóloga Maya Wind.

A ello se suma el papel central de compañías armamentísticas de Israel, que colaboran con las fuerzas militares del país. Además, multitud de empresas con sede en territorio israelí, así como otras extranjeras, participan en proyectos de diseño, construcción y expansión en la ocupación colonial de apartheid.

La economía que sostiene el proyecto colonial de asentamiento israelí tiene su base central en Tel Aviv

Un simple trayecto de dos horas por Cisjordania y Jerusalén Este o una lectura rápida de los proyectos de construcción colonial israelíes de las últimas tres décadas son suficientes para entenderlo.

He sido testigo de la extensión de la ocupación colonial de apartheid en Jerusalén Este y Cisjordania desde principios de siglo, y en los últimos veinticinco años he presenciado de forma directa varios actos de violencia de colonos, con la protección del Ejército israelí, contra población palestina. No solo con el Gobierno de Netanyahu, también con el de Ehud Olmert o con el de Ariel Sharon. Desde la ocupación ilegal israelí de 1967 hasta hoy los asentamientos han crecido de manera exponencial, pese a que violan el derecho internacional.

La economía que sostiene ese proyecto colonial tiene su base central en Tel Aviv, y por eso la relatora de Naciones Unidas, Francesca Albanese, insiste en la obligación de suspender relaciones armamentísticas, comerciales, económicas y financieras con Israel.

En su opinión consultiva de julio de 2024 la Corte Internacional de Justicia pide a los Estados “prevenir relaciones comerciales y de inversión que contribuyan a la situación en los Territorios Ocupados Palestinos”. La Corte de La Haya hace esa solicitud en virtud del derecho internacional, que establece obligaciones para los países, entre ellas, las de no contribuir a crímenes masivos, aplicar sanciones para evitar que continúen y adoptar medidas para prevenir el genocidio.

Asumir a día de hoy que esas relaciones que contribuyen a la situación en los Territorios Ocupados Palestinos son solo y exclusivamente las importaciones de productos originarios de los asentamientos israelíes es dejar vía libre a la continuación de un comercio que facilita y refuerza el modelo de ocupación colonial israelí.

En el caso de la Unión Europea esto es muy claro, ya que representa el mayor socio comercial de Israel en todo el mundo. La diplomacia europea puede seguir haciéndose la tonta, con deliberada hipocresía, pero no logrará disfrazar su complicidad con los crímenes de traslado forzado de población local, transferencia de colonos al territorio ocupado, segregación y tortura.

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