Laëtitia Sédou, investigadora: “La UE no tiene un comisario de Defensa, sino un comisario de la industria armamentística”
La francesa Laetitia Sédou es directora de proyectos de la Red Europea Contra el Comercio de Armas. Con sede en Bruselas, este colectivo está dedicado a analizar y supervisar las políticas de la UE en relación con el gasto militar y el rearme. La Red está integrada por una veintena de organizaciones. Hablamos con Sédou en esta entrevista realizada esta semana en el podcast 'Donde callan las armas', del Centre Delàs de Estudios por la Paz, que se emite en plataformas y en elDiario.es.
Asistimos a grandes cambios en la UE que benefician a la industria armamentística. ¿Qué supone esto?
La defensa es una competencia de los Estados miembros, no de la Unión Europea, pero durante las últimas dos décadas se ha ido ampliando su papel en ese ámbito.
Desde hace poco más de un año la UE leva adelante un proceso que llaman simplificar y armonizar a nivel europeo, pero detrás de esas palabras se esconde un proyecto para desmantelar las normas sociales, medioambientales y las reglas administrativas que son vistas como obstáculos a la competitividad industrial en el campo armamentístico.
Es decir, se está impulsando una desregulación.
Así es. Bajo esa idea de simplificar y armonizar se impulsa una desregulación destinada a facilitar la producción, la venta y la financiación de la industria armamentística. Parecen decisiones muy técnicas, pero son decisiones muy políticas.
Con ellas, por ejemplo, se aceleran los procesos de autorización de proyectos militares. También se facilita la venta de armas dentro de la UE. Esto tendrá consecuencias sobre la capacidad de controlar las exportaciones fuera de la UE. Otro ejemplo es que también se modifican algunas definiciones sobre financiación sostenible.
¿Qué supone eso?
Que se podrán financiar armas nucleares, armas autónomas y nuevas tecnologías armamentísticas disruptivas que no están reguladas por el derecho internacional. Esto significa que cualquier ciudadano que quiera hacer una inversión responsable puede estar, sin saberlo y sin quererlo, financiando armamento nuclear o tecnologías disruptivas.
La Comisión Europea no debería tener competencias en materia de defensa. La manera en que empezó a incorporar cuestiones de defensa fue bajo una perspectiva industrial, con políticas sobre la competitividad de la industria: es decir, exportaciones para la industria armamentística. Eso significa, por ejemplo, que en realidad la UE no tiene un comisario para la Defensa, sino un comisario para la industria armamentística, que es una perspectiva muy diferente.
La historia nos demuestra que estas carreras armamentísticas alimentan los conflictos y las respuestas bélicas, fomentan el uso de la violencia y de la fuerza ante problemas que son políticos.
¿Cómo se han ido impulsando estas medidas?
Primero se empezó a autorizar y permitir a la industria armamentística acceder a fondos europeos a los que antes no podían acceder para proyectos militares. Eso empezó en el año 2017. Con ese enfoque se creó el Fondo Europeo de Defensa sobre investigación y desarrollo. Así que antes de la guerra de Ucrania esas propuestas ya estaban en el discurso, ya estaban en marcha.
Después, con la excusa de la guerra en Ucrania, se empezó a subvencionar también la industria armamentística para las fases de producción y hasta de adquisición, apoyando la compra de sistemas militares en conjunto.
Con el plan de rearme de 2025 se añade otra nueva dimensión –además del gasto a nivel de la Unión Europea– que es la de la subvención directa y los préstamos para incitar a los Estados miembros a dedicar mucho más dinero al gasto militar, para que puedan comprar aún más armas. Eso significa deuda en favor de la industria armamentística. Y, por último, la desregulación, el desmantelamiento de normas que mencionaba antes.
¿Qué supone esa deuda?
Es deuda que habrá que pagar en un momento dado. Eso va a implicar recortes en recursos sociales y políticas públicas, la propia UE lo ha tenido que reconocer.
Con la desregulación en la UE el Fondo Europeo de Defensa va a poder financiar pruebas armamentísticas fuera de Europa. Esto puede incluir Ucrania, pero también Gaza o Líbano.
¿Cómo se están abordando estos cambios?
En consulta con la industria armamentística, la misma que se beneficia de la desregulación. La Comisión Europea no ha preguntado a la sociedad civil crítica. Ha habido una voluntad política en ese sentido, por parte de actores políticos europeos.
¿Con qué finalidad?
Para responder a necesidades de competitividad, más que para responder a necesidades a nivel de seguridad. Esto es así, además, porque esas propuestas comenzaron desde 2016 de manera muy concreta, con unas fases de preparación antes. Es decir, comenzaron bastante antes de la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Dentro de los programas de la UE hay un interés creciente en integrar la industria armamentística ucraniana.
Y de favorecer la cooperación entre ambas industrias. La idea es hacer de Ucrania el arsenal europeo, la sede del futuro arsenal militar europeo.
Europa está en una encrucijada y, desafortunadamente, está tomando la vía de prepararse para futuras guerras, para defender un modelo hegemónico lo más que pueda, para que una minoría pueda seguir sacando provecho.
¿Cómo y para qué?
En primer lugar, para extraer provecho de su experiencia en la guerra con Rusia, eso siempre supone un gran argumento en la venta: publicitar un producto como “probado en combate”, en el campo de batalla. Esto forma parte de las propuestas de desregulación. Por ejemplo el Fondo Europeo de Defensa va a poder financiar pruebas armamentísticas fuera de Europa. Esto puede incluir Ucrania, pero también Gaza. Las “pruebas” de armamento de Israel en Gaza o en Líbano pueden ser financiadas por dinero europeo. Ese argumento es importante para poder exportar y vender fuera de Europa.
¿Y en segundo lugar?
Las condiciones en Ucrania son peores que en el resto de Europa, más aún en el contexto de guerra. Las normas de trabajo y medioambientales son más laxas; todo esto permite la producción de material militar a un precio más bajo y con reglas de exportación más relajadas, ya que Ucrania no tiene la obligación de respetar la posición común europea para las exportaciones.
Y, además, se transfiere a Ucrania la responsabilidad de producir masivamente material armamentístico barato, porque la UE quiere seguir centrándose en la producción de sistemas sofisticados, complejos y muy caros, con los que se gana dinero de manera rápida.
No se está construyendo una Unión Europea de la Defensa, lo que se está haciendo es crear un contexto favorable para la industria armamentística
¿Qué está ganando la industria armamentística con esta tendencia europea?
Está ganando a todos los niveles: recibe ayudas nacionales y, además, nuevos subsidios europeos para investigar, desarrollar y producir armamento. Sin embargo, eso no significa que se esté construyendo una auténtica Unión Europea de la Defensa, sino un marco cada vez más favorable para la industria armamentística.
La capacidad de almacenamiento de armamento no es infinita y muchos productos tienen fecha de caducidad. ¿Qué se va a hacer con ellos?
Hay tres opciones. Una, usarlos, es decir, entrar en guerra. Otra, destrozarlos, lo que supondría un enorme gasto económico, un peligro para el medio ambiente y tener que seguir comprando, porque la industria pide contratos a largo plazo.
Y una tercera, exportar de manera masiva al resto del mundo, lo que alimenta una carrera armamentística a nivel global. La historia nos demuestra que estas carreras, aunque no causen guerra de forma directa –porque siempre hay causas políticas más profundas– sí alimentan los conflictos y las respuestas bélicas. Fomentan el uso de la violencia y de la fuerza ante problemas que son en realidad políticos.
Esto es un círculo vicioso: desarrollar armamento para poder acceder a recursos energéticos que también se usan para producir armamento.
¿Es necesario este gasto militar?
No, por varias razones. Los Veintisiete son, colectivamente, la segunda potencia en gasto militar desde hace décadas, desde que cayó la URSS.
¿Qué hemos hecho con ese dinero? El argumento que defiende más gasto militar dice que es necesario porque hay una amenaza rusa, ante la cual no estaríamos en condiciones de resistir. Si aceptamos esa premisa, y teniendo en cuenta que la UE tiene el segundo gasto militar más alto del mundo, surge una pregunta: ¿vamos a seguir gastando ese dinero sin resolver ninguno de los problemas estructurales y políticos, (por ejemplo, de confianza mutua, integración y liderazgo)?
Von der Leyen ha llegado a decir que más gasto militar es necesario para la paz.
No es el gasto militar ni la fuerza militar los que traen la paz. Muchos analistas militares lo dicen: lo que conduce a la paz es el diálogo, la diplomacia, la negociación y el análisis de la situación para entender las posiciones de los diferentes actores. Solo así se encuentran soluciones que puedan servir a largo plazo. Para ello se necesitan recursos humanos y gente, se podría invertir en ello, creando empleo. Sin embargo, el modelo actual prioriza servir a la industria armamentística en nombre de la competitividad global.
Por lo demás, la paz no es solo ausencia de guerra, es estar a salvo de la pobreza, del hambre, de la violencia policial, de la discriminación. La verdadera paz, integral y positiva, necesita garantizar justicia, acceso a la sanidad, a la educación, a un medio ambiente respetuoso… Este gasto militar está desviando recursos que deberían ir destinados a estas prioridades.
¿Qué dice el Libro Blanco Europeo de 2025 sobre la industria armamentística?
El Libro Blanco plantea mantener la ventaja tecnológica frente a China y EEUU, lo que implica competir por el acceso a materias primas estratégicas, como las tierras raras. Esto es un círculo vicioso: producir más armamento poder acceder a recursos energéticos que también se usan para producir armamento. No va a haber suficientes materias primas para los objetivos civiles y militares. Ya hay textos de la UE en los que se indica que se dará prioridad a los fines militares por encima de las necesidades civiles para mantener esta carrera tecnológica, la competitividad global.
El modelo es ser una rama europea de la OTAN para hacer el trabajo sucio que EEUU no quiere hacer; para llevar a cabo las guerras en las que Washington no quiere participar directamente, pero en las cuales tiene un gran interés estratégico.
Esto condiciona y condicionará aún más nuestro modo de vida.
Así es. Mantener nuestro modo de vida es en realidad un eufemismo. Se refieren a mantener nuestros privilegios nacidos de la hegemonía económica de Occidente, del imperialismo y, en cierta manera, herederos del colonialismo europeo.
¿Qué supone la respuesta de los aliados europeos de la OTAN ante la exigencia de Trump de llegar al 5% del PIB en gasto militar?
EEUU quiere que los europeos compren más material militar estadounidense, por eso presiona. Y funciona debido a las divisiones políticas europeas, a la falta de confianza y porque muchos prefieren seguir dependiendo de EEUU. El resultado es algo así como ser una rama europea de la OTAN para llevar a cabo las guerras en las que EEUU no quiere participar directamente, pero en las cuales tiene un gran interés estratégico.
Washington seguirá controlando en ellas porque tener material estadounidense supone que EEUU puede controlar en parte cómo y cuándo lo vamos a usar. Es ser una rama europea para hacer el trabajo sucio que EEUU no quiere hacer.
Se está asumiendo la vía militar como si fuera necesaria e inevitable.
Europa está en una encrucijada y, desafortunadamente, está tomando la vía de prepararse para futuras guerras, para mantener la hegemonía occidental un poquito más, para que una minoría pueda seguir sacando provecho. Esto es un peligro para nuestras propias democracias, es la normalización del uso de la fuerza para resolver los problemas políticos y sociales, que requieren de la negociación y del diálogo.
Sin embargo, se busca la confrontación, la fuerza militar o la fuerza policial. Y se quiere presentar eso como una opción única e inevitable. Para ello hay que criminalizar y callar a los que defienden otras cosas, y esto es un peligro. Ya estamos viendo que se van recortando las voces críticas, se las persigue o se les quita financiación.
En Occidente hay tensiones y diferencias, pero hay un interés común lo suficientemente fuerte para justificar esta situación. Esto no es solo por la presión exterior de EEUU. Los Estados europeos lo aceptan y contestan positivamente porque consideran que se trata de un interés occidental, de lo que podríamos llamar el imperialismo occidental.
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