El islote español donde confluyen el Atlántico y el Mediterráneo y que alberga una biodiversidad única

Foto isla de Alborán entre España y Marruecos

Ada Sanuy

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La isla de Alborán (Almería) apenas sobresale unos metros sobre el nivel del mar y ocupa una superficie terrestre de poco más de siete hectáreas. Sin embargo, el valor de este pequeño islote situado en el Mediterráneo occidental va mucho más allá de su reducido tamaño. Su entorno alberga una de las zonas de mayor biodiversidad del Mediterráneo occidental, un patrimonio natural que ha motivado la creación de distintas figuras de protección tanto sobre la isla como sobre las aguas que la rodean.

La Reserva Marina de la Isla de Alborán, creada en 1997, ocupa 1.650 hectáreas alrededor del islote y del bajo conocido como Piedra Escuela. Según explica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, esta protección se estableció tras los estudios realizados por el Instituto Español de Oceanografía, que pusieron de manifiesto la elevada diversidad biológica de la zona, su riqueza pesquera y su vulnerabilidad frente a la sobreexplotación.

Un punto de encuentro entre dos mares

La singularidad de Alborán comienza bajo el agua. En esta parte del Mediterráneo confluyen las aguas superficiales, más frías y procedentes del Atlántico, con otras más cálidas y salinas que circulan en profundidad desde el Mediterráneo. Ese intercambio permanente crea unas condiciones excepcionales que permiten convivir en un mismo espacio a especies características de ambos mares, una circunstancia poco habitual en el conjunto de la cuenca mediterránea.

La complejidad del relieve submarino también contribuye a esa riqueza biológica. Los fondos albergan bajos, cañones y extensas zonas arenosas donde aparecen fondos coralígenos muy bien conservados, bosques de algas pardas laminarias y poblaciones de coral rojo, una especie protegida. Estos hábitats sirven de refugio y área de reproducción para numerosas especies marinas y explican el elevado interés científico y pesquero de este espacio.

Territorios españoles

Un refugio para aves, cetáceos y especies únicas

El valor natural de Alborán no se limita al medio marino. La isla constituye un importante lugar de reproducción para la gaviota de Audouin y sirve además como punto de descanso para numerosas aves que cruzan cada año entre Europa y África. Su importancia ornitológica motivó su declaración como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), una figura que se suma a otras medidas nacionales e internacionales destinadas a preservar este enclave.

Las aguas que rodean el islote desempeñan igualmente un papel destacado para los grandes vertebrados marinos. El mar de Alborán constituye la principal vía de paso entre el Atlántico y el Mediterráneo para numerosas especies de cetáceos y tortugas marinas. Además de ese papel como corredor natural, algunas poblaciones de cetáceos permanecen de forma estable en la zona, favorecidas por la elevada productividad biológica característica de este sector del Mediterráneo occidental.

La biodiversidad alcanza incluso la propia superficie de la isla. Entre las especies vegetales más singulares destaca el jaramago de Alborán (Diplotaxis siettiana), una planta cuya única población silvestre conocida se localiza en este islote. Tras desaparecer durante buena parte del siglo XX, la especie fue reintroducida con éxito mediante programas de conservación, convirtiéndose en uno de los ejemplos más representativos de recuperación de flora amenazada en España.

Un espacio protegido con varias figuras de conservación

La protección de Alborán se ha reforzado de forma progresiva a medida que los estudios científicos han puesto de relieve el valor ecológico de este enclave. Además de la reserva marina creada por el Estado en 1997, la Junta de Andalucía declaró en 2003 este entorno como Paraje Natural, una figura que comprende tanto la isla y el islote de La Nube como las aguas y los fondos marinos que los rodean.

A esta protección se suman otras figuras de ámbito internacional y europeo. Naciones Unidas confirmó en 2001 su declaración como Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM) y el espacio también quedó integrado en la Red Natura 2000 como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Posteriormente fue declarado Zona Especial de Conservación (ZEC), aunque esta última figura quedó anulada por una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

Todas estas medidas persiguen un mismo objetivo: preservar un espacio donde conviven hábitats marinos especialmente sensibles, especies protegidas y recursos pesqueros de gran valor. La propia Administración destaca que la creación de la reserva marina contó con el respaldo del sector pesquero y respondió a la necesidad de compatibilizar la protección de los ecosistemas con el aprovechamiento sostenible de los recursos del mar.

Conservación y actividad pesquera

Lejos de excluir toda actividad humana, la reserva marina establece una regulación específica para garantizar que la pesca sea compatible con la conservación del medio marino. El entorno de la isla alberga caladeros de especies de elevado interés comercial, entre ellas la gamba roja, cuya captura forma parte de la actividad tradicional de embarcaciones con base principalmente en Almería. La normativa diferencia entre las reservas integrales, donde la protección es máxima, y otras zonas en las que se autorizan determinadas modalidades pesqueras bajo condiciones concretas.

Esta regulación responde también a la especial fragilidad de algunos hábitats presentes en los fondos marinos de Alborán. Por ello, la protección combina la conservación de los ecosistemas con el seguimiento y control de la actividad pesquera por parte de la Secretaría General de Pesca, con el objetivo de garantizar el aprovechamiento sostenible de estos recursos.

Un islote pequeño con un enorme valor estratégico

La relevancia de Alborán también está ligada a su ubicación geográfica. Situada aproximadamente a medio camino entre la costa de Almería y el norte de Marruecos, la isla constituye la única parte emergida de una dorsal submarina localizada en una zona donde interactúan las placas africana y euroasiática, uno de los rasgos geológicos que caracterizan al mar de Alborán.

Su historia refleja igualmente esa posición estratégica. Tras servir como base del corsario tunecino Al Borani, la isla pasó a dominio español después de la batalla de Alborán, librada en 1540. Desde mediados del siglo XX mantiene una presencia permanente de la Armada, que garantiza la vigilancia y protección de este territorio, donde además continúa funcionando un faro automatizado convertido en uno de los elementos más característicos del islote.

Mucho más que una pequeña isla

Con apenas unas hectáreas de superficie terrestre, Alborán concentra una extraordinaria riqueza biológica, geológica y pesquera que la convierte en uno de los espacios naturales más singulares del Mediterráneo occidental. La convivencia de especies atlánticas y mediterráneas, la presencia de hábitats marinos de gran valor ecológico y la existencia de especies únicas explican que este reducido territorio reúna numerosas figuras de protección y continúe siendo objeto de investigación científica y gestión ambiental.

Más allá de su reducido tamaño, la isla desempeña un papel esencial para comprender la biodiversidad del Mediterráneo occidental y conservar algunos de sus ecosistemas más valiosos. La combinación de protección ambiental, seguimiento científico y aprovechamiento sostenible de los recursos marinos ha convertido este pequeño islote en uno de los enclaves de mayor interés ecológico del litoral español.

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