La rebelión de Espartaco que comenzó con 70 gladiadores y acabó poniendo en jaque a Roma
En el año 73 a.C., Espartaco escapó junto a unos 70 compañeros de una escuela de gladiadores de Capua y se refugió en las inmediaciones del Vesubio. Así lo relata Apiano en sus Guerras civiles, una de las principales fuentes antiguas sobre el levantamiento. Lo que inicialmente fue tratado por Roma como poco más que un problema de orden público terminó convirtiéndose en la última y más importante de las grandes revueltas serviles de la República romana. Entre el 73 y el 71 a.C., los sublevados derrotaron repetidamente a fuerzas romanas, recorrieron buena parte de la península itálica y obligaron al Senado a aumentar progresivamente su respuesta militar hasta confiar la campaña a Marco Licinio Craso.
Las fuentes conservadas ofrecen pocos datos seguros sobre la vida de Espartaco anterior a la rebelión y obligan, además, a abordar su historia con cautela. Apiano lo presenta como un tracio que había combatido contra los romanos antes de ser capturado, vendido y convertido en gladiador, mientras que Plutarco coincide en señalar su origen tracio. Ambos escribieron mucho después de los acontecimientos y se apoyaron en testimonios anteriores, como los de Salustio y Livio, cuyas narraciones no han llegado completas hasta nuestros días. El historiador Fernando Martín Piantanida, investigador del CONICET y de varias universidades argentinas, advierte además de que las fuentes literarias disponibles proceden de las élites ciudadanas y transmiten fundamentalmente la perspectiva de los vencedores, aunque eso no impide extraer de ellas información sobre los rebeldes.
La revuelta nació de un intento de fuga. Plutarco relata que alrededor de 200 gladiadores habían planeado escapar de la escuela de Léntulo Batiato, pero la conspiración fue descubierta y 78 consiguieron adelantarse antes de que pudieran impedirlo. Tras salir de Capua, se hicieron con armas y buscaron refugio en el Vesubio, donde Espartaco quedó como principal dirigente junto a Crixo y Enomao. El relato de Apiano añade que a ellos comenzaron a sumarse otros esclavos huidos y algunos trabajadores rurales libres. Aquella evasión terminó así convirtiéndose en una fuerza capaz de enfrentarse a las autoridades romanas.
De una fuga de gladiadores a una amenaza para Roma
La primera reacción romana revela hasta qué punto se infravaloró el peligro. Apiano explica que las autoridades no enviaron inicialmente tropas legionarias, sino fuerzas reunidas con rapidez porque Roma todavía no consideraba aquello una guerra, sino una acción comparable a una incursión de bandidos o piratas. El cálculo resultó equivocado: los hombres de Espartaco vencieron a las primeras tropas enviadas contra ellos y sus filas siguieron creciendo. El propio historiador antiguo llegó a cifrar su ejército en 70.000 personas en una fase del conflicto y, posteriormente, habló de 120.000 soldados de infantería, cifras que deben entenderse como las estimaciones transmitidas por la fuente antigua y no como recuentos modernos.
Las victorias cambiaron por completo la percepción del Senado. Espartaco avanzó hacia el norte y derrotó por separado a fuerzas consulares que trataron de detenerlo, aunque Crixo murió junto a buena parte de sus hombres. Las fuentes antiguas tampoco coinciden plenamente a la hora de explicar los objetivos finales de los sublevados. Plutarco sostiene que Espartaco pretendía atravesar los Alpes para que sus hombres pudieran regresar después a sus lugares de origen, mientras que Apiano relata que llegó a dirigirse hacia Roma antes de renunciar al ataque porque consideró que sus tropas todavía no estaban suficientemente preparadas para enfrentarse a las defensas de la ciudad.
Para entonces, la rebelión ya había dejado de ser el levantamiento que Roma había despreciado al comienzo. Apiano cuenta que, cuando el conflicto entró en su tercer año, provocaba una profunda preocupación y existían reticencias a asumir el mando de la campaña hasta que Marco Licinio Craso se hizo cargo de ella. El general marchó contra Espartaco con seis nuevas legiones, a las que incorporó las dos que ya habían estado bajo las órdenes de los cónsules, y recurrió a una disciplina extrema para recuperar la eficacia de sus tropas. La magnitud de la movilización refleja hasta qué punto había cambiado la consideración romana de una revuelta que inicialmente ni siquiera había sido tratada como una guerra.
No se encontró el cuerpo de Espartaco
Craso consiguió empujar a los rebeldes hacia el extremo meridional de Italia. Según Plutarco, Espartaco intentó entonces alcanzar Sicilia con la ayuda de piratas cilicios, pero estos incumplieron el acuerdo y el traslado no llegó a producirse. Los romanos levantaron después fortificaciones para encerrarlo, aunque los rebeldes consiguieron romper el cerco y prolongar la resistencia. La perspectiva de la llegada de Pompeyo desde Hispania incrementó la presión sobre ambos bandos: Apiano relata que Craso buscó forzar cuanto antes un enfrentamiento para impedir que su rival se llevara el mérito de la victoria, mientras que Espartaco intentó negociar con él antes de optar por una nueva ofensiva tras el rechazo de su propuesta. El intento de negociación aparece expresamente en el relato de Apiano sobre los últimos compases de la guerra.
La rebelión terminó en el 71 a.C. con una batalla contra las fuerzas de Craso. Tanto Plutarco como Apiano presentan a Espartaco combatiendo personalmente durante el enfrentamiento final: el primero relata que trató de abrirse paso hasta Craso antes de morir rodeado por los romanos, mientras que Apiano sostiene que siguió luchando después de resultar herido hasta quedar cercado junto a sus hombres. Su cuerpo no fue encontrado. La represión continuó después de la derrota: Apiano afirma que 6.000 supervivientes fueron capturados y crucificados a lo largo del camino entre Capua y Roma. Con aquella ejecución masiva terminó la Tercera Guerra Servil, después de que una revuelta inicialmente desdeñada por las autoridades hubiera provocado sucesivas derrotas militares y llevado a Roma a poner ocho legiones bajo las órdenes de Craso.
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