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La falta de horizonte que empuja el éxodo joven en Marruecos
Opinión - Cazar inmigrantes (y votos), por Lucía Taboada

La falta de horizonte que empuja el éxodo de los jóvenes en Marruecos: “Mi hermano no encontraba trabajo”

Varios migrantes intentan cruzar a nado la frontera el pasado viernes.

Soraya Aybar Laafou

Castillejos (Marruecos) —
2 de agosto de 2026 23:18 h

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Fátima es una de las primeras en llegar al punto por donde entran todos los jóvenes que están volviendo desde Ceuta hasta Castillejos, la localidad marroquí al otro lado de la frontera. Sentada en el suelo y en busca de la sombra, mira hacia el horizonte de un mar encarcelado. Detrás de la valla que la separa del espigón, decenas de chicos marroquíes caminan sorteando las rocas, restos de ropa y chancletas que inundan este trozo de la costa mediterránea tras la entrada de decenas de miles de personas –en su mayoría jóvenes, aunque también familias y menores– a la ciudad autónoma el pasado jueves.

Está con su hermano mayor, Mohamed. Ambos llevan desde el viernes esperando al pequeño de los tres. Khalid tiene 26 años, ha estudiado en Meknes y vive con sus padres. “No encuentra trabajo, pero tampoco nos avisó de que iba a hacer esto”, confiesa Fátima mientras señala Ceuta, a escasos metros desde donde habla con elDiario.es.

Hadiya, una joven de 23 años, busca a su hermana pequeña, de solo 18. Se asoma en los autobuses donde suben aquellos a los que no les esperan sus familiares en este punto del país y que serán trasladados a ciudades como Tánger o Casablanca. “Hermano, estoy buscando a mi hermana pequeña. ¿Está aquí?”, pregunta con la voz entrecortada.

“¿Por qué se marchó?”, pregunta este medio. Hadiya resopla. “No lo sabemos. Lo tiene todo: escuela, casa, estudios, familia”, responde. Para Mouna, que espera a su hija de 22 años, la respuesta es la misma, aunque añade: “Seguramente lo vio en redes. Está lleno de vídeos de otros jóvenes que iban camino a España”, explica. “Tampoco nos avisó. Vivimos a ocho kilómetros de esta frontera”, añade a este medio.

Han pasado casi tres horas y cada vez hay más familiares y amigos que esperan tener noticias. Muchos de los jóvenes que cruzaron hacia Ceuta han perdido sus teléfonos móviles o no tienen batería o saldo para llamar a casa. Conforme van llegando, algunos se lanzan a los brazos de sus seres queridos y, entre lágrimas, solo dan gracias a Dios.

Otros, en cambio, tendrán que esperar unos cientos de kilómetros hasta reencontrarse con unas familias ahogadas en la angustia. Rabat ha roto este domingo su silencio sobre la tragedia, tras jornadas sin proporcionar información sobre el número de víctimas, heridos o desaparecidos en territorio marroquí, y ha elevado a 11 el número de víctimas contabilizadas en su lado de la frontera. “Hay muchos muertos en el mar”, dijo un agente marroquí este sábado por la noche a elDiario.es, señalando la costa. España hasta ahora ha informado de que el número de víctimas mortales se sitúa en 72.

Una madre en Castillejos recibe a su hijo que acaba de volver de la ciudad española de Ceuta.

Fátima corre hacia esta periodista y, sonriendo, cuenta que su madre le acaba de llamar con la mejor de las noticias: el joven Khalid ha aparecido en casa. Poco después, Mouna lanza un chillido mientras habla por teléfono. Es su hija, está volviendo hacia Marruecos. La joven, que presenta heridas en la cara y en los brazos, llega media hora después. Se funden en un abrazo y corren a buscar un taxi.

Una generación sin horizontes claros

La salida de los jóvenes marroquíes de su país no se explica solamente por su cercanía con la frontera terrestre con España ni por la cantidad de vídeos difundidos por redes sociales, grabaciones de jóvenes avanzando hacia la frontera en grupo, cruzando por el mar o alentando el cruce irregular hacia la ciudad autónoma y a través de los cuales muchos chavales se enteraron de que la gente estaba intentando atravesar la frontera.

Este éxodo también tiene múltiples aristas sociales y económicas. Organizaciones de derechos humanos marroquíes apuntan, entre los factores estructurales que impulsan la migración irregular, al desempleo y la pobreza.

La desesperanza ha dejado de ser un sentimiento individual para convertirse en la identidad de toda una generación

La Asociación Marroquí de Derechos Humanos

La Asociación Marroquí de Derechos Humanos afirma en un comunicado recogido por la Agencia EFE que lo sucedido “refleja el bloqueo del horizonte social” en Marruecos y evidencia la incapacidad del Estado para garantizar “el mínimo de dignidad humana” a la población.

La ONG cree que, lejos de tratarse de un hecho aislado, el episodio fronterizo es el resultado de “décadas de marginación, empobrecimiento y exclusión social” y constituye “un indicador extremadamente grave del grado de desesperación” y de la pérdida de confianza en las instituciones públicas.

En Marruecos, el desempleo juvenil ha superado ampliamente la media nacional: más de un tercio de los jóvenes de entre 18 y 24 años no encuentra trabajo, mientras que entre los 25 y los 34 años el paro afecta a más de uno de cada cinco, según datos del Banco Central. Los que tienen estudios también encadenan años sin empleo, trabajos informales o puestos mal remunerados.

Acceso a educación y sanidad

Para muchos jóvenes –que se manifestaron activamente en las calles del país en octubre de 2025, sobre todo a través de la plataforma Generación Z 212–, la falta de oportunidades convive con macroproyectos. Con una Marruecos ‘a dos velocidades’. En las grandes ciudades, como Rabat o Casablanca, se están invirtiendo recursos en infraestructuras vinculadas al Mundial de Fútbol de 2030. Recursos que contrastan con el estado del acceso a la educación y la sanidad en el país.

Respecto a la educación, en las zonas rurales del país, algunos alumnos caminan durante horas para llegar a escuelas con aulas saturadas, falta de material y edificios en malas condiciones. Para muchos jóvenes, estudiar había dejado de representar una garantía de movilidad social y oportunidades laborales. Muchos terminan sus estudios y siguen en sus hogares, sin posibilidades económicas de independizarse. A finales de octubre de 2025, y tras las protestas de la GENZ 212, el Consejo de ministros marroquí intentó aplacar el malestar anunciando inversiones en salud y educación.

Familiares esperan este domingo la vuelta de sus hijos de Ceuta en Castillejos.

Otros jóvenes denuncian las complicaciones burocráticas para obtener visados hacia Europa. Muchas de las quejas aluden a la reventa de las citas para acceder a tramitar los visados españoles en Marruecos. Los intermediarios informales utilizan robots informáticos o acuerdos opacos para acaparar las citas disponibles y así ofrecerlas posteriormente a los solicitantes a cambio de altas sumas de dinero que muchos jóvenes no pueden pagar. A final de julio de 2026, medios marroquíes hablaron de un nuevo blindaje contra el fraude en dichas tramitaciones.

La AMDH advierte de que “la desesperanza ha dejado de ser un sentimiento individual para convertirse en la identidad de toda una generación”, que ve en la migración una expresión de rechazo contra la desigualdad, “la corrupción, el autoritarismo y el abuso de poder”.

La asociación considera al Estado marroquí “política y jurídicamente responsable de las condiciones catastróficas que han desembocado en este éxodo colectivo, comparable por su magnitud a situaciones propias de zonas de guerra o de conflicto armado”. “La migración es un derecho humano y no es legítimo convertir el sufrimiento de las personas pobres, marginadas y víctimas del fracaso de las políticas públicas en instrumentos de maniobra geopolítica o en moneda de cambio en negociaciones políticas y diplomáticas”, señala.

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