Los estadounidenses sufren las consecuencias de la guerra en Irán: “Lo ha echado todo a perder”
Iba a durar un par de semanas y ya lleva cinco meses. La históricamente impopular guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán no ha culminado en victoria ni en derrota, pero tampoco en paz. Tras matar al líder supremo iraní en los primeros ataques, ha habido varios altos al fuego rotos y un estrecho de Ormuz que se cierra y se abre.
Aunque en EEUU los daños puedan parecer lejanos, las secuelas para los votantes entrevistados por The Guardian se sienten en el surtidor de gasolina, en la factura de la compra, y en una llamada telefónica donde un cónyuge recibe el aviso de incorporación a filas con un día de antelación. En un país que todavía asimila las secuelas de la guerra israelí contra Gaza, financiada por EEUU con miles de millones de dólares, la guerra contra Irán se suma a un debate ya candente sobre la utilidad del poder de Washington.
Lydia Stone, de 31 años, trabaja en la industria maderera en North York (Maine), donde cría a su hija de 18 meses. El sector está presionado por dos frentes, dice: el alza en los costes del combustible y la estabilidad de los precios de la madera. “Ha sido un aumento de los precios enorme y nos complica mucho la vida”, explica.
Por primera vez en años, y según la web estadounidense de precios del combustible AAA, el precio promedio de la gasolina ha superado los 4 dólares por galón [lo que equivaldría a unos 0,92 euros por litro]. Una subida que no afecta a todos por igual. Los hogares de ingresos medios y bajos dedican una mayor parte de su presupuesto mensual al combustible, por lo que una subida en esos precios les perjudica más que a los consumidores de mayor poder adquisitivo.
El enfado de Stone no tiene motivos exclusivamente económicos. “Gran parte de la frustración es saber que el dinero de mis impuestos sirve para financiar el asesinato de personas, a la vez que a mis vecinos les recortan servicios sociales y prestaciones del SNAP [programa asistencial de nutrición suplementaria]”, dice. Stone cuenta que la cola del banco de alimentos de su zona es cada vez mayor. También, que al marido de su mejor amiga lo mandaron al frente sin previo aviso.
La idea de que es una guerra sin justificación resuena entre los votantes que se identifican como independientes o como progresistas. Terrence Dahmen, de 73 años, es uno de ellos. Jubilado en la localidad de Cable (Wisconsin), se dice independiente aunque por lo general termine votando por el Partido Demócrata. “No nos provocaron para entrar en esa contienda y no nos atacaron”, dice sobre la participación estadounidense en la guerra, algo que considera “un error gigantesco”.
“No había ninguna razón para ir allí, salvo, tal vez, controlar el petróleo de alguna manera”, explica. En su opinión, hace años que Estados Unidos debía haber seguido otra política climática. Dice que en vez de librar la guerra contra Irán, debería estar invirtiendo en energía solar, eólica y geotérmica.
Robert Edelstein es más directo. “En las elecciones generales, votaría automáticamente por cualquiera que estuviera contra la guerra”, dice Edelstein, que tiene 62 años y en el condado de Douglas (Wisconsin) dirige un negocio de tintado de lunas. “Es lo más estúpido que podría haber pasado jamás”, añade, comparando la decisión de atacar Irán con la guerra de Irak iniciada en 2003 por George W. Bush. “Lo ha echado todo a perder, todos lo sabemos, es una auténtica estupidez”, añade.
En Georgia, el profesor jubilado Jimmy Carter (ningún parentesco con el ex presidente) mantenía un escepticismo similar frente a la comitiva de Donald Trump que la semana pasada pasó cerca de su antiguo colegio. “Es una idea de imbécil”, dice. “No sé quién le ha metido esa idea en la cabeza”. Carter sostiene que hasta su hermano, votante de Trump, comparte su opinión.
Entre los ciudadanos de vínculos personales con el ejército hay mayor variedad de opiniones. “Lo que está haciendo el presidente Trump es bueno”, dice el marinero jubilado Nick Marine, presente en un mitin de Trump en Marietta. “Nos ha llevado mucho llegar a este punto, me alegro de que se esté resolviendo por fin”, añade, dando todo su respaldo a la Administración Trump. Preocupado por los civiles iraníes sin agua, saneamiento o electricidad debido a los combates, Marine aboga por un enfoque gradualista antes que por el empleo de una fuerza bruta abrumadora. “No te conviene dejar sin cabeza a tu vecino, porque más o menos en un mes vas a tener que hacer tratos con él”, dice.
“Prefiero luchar contra los malos en su territorio y no en el mío”, dice Richard Bradley, ingeniero de combate y comandante retirado de Mabelton (Georgia). Con su hijo y su hija prestando servicio en este momento, comparte los argumentos generales del enfrentamiento, aunque quiere una salida clara. “Me preocupa un poco la situación en que nos encontramos ahora, tenemos que averiguar cómo ponerle fin, para que no se convierta en otra guerra interminable”, dice Bradley, cuyo padre luchó en la Guerra del Golfo. “No quería que mis hijos tuvieran que lidiar con los asuntos pendientes de mi generación”, añade.
Salman Majidi, un inmigrante iraní que trabaja en Atlanta como desarrollador de software, se encontraba entre los manifestantes contra Trump. Sostenía la pancarta “Irán libre”, pero como partidario del exiliado príncipe iraní, Reza Pahlavi. “Decenas de miles de civiles iraníes han sido asesinados por el régimen islámico en solo dos días”, dice. Se refiere a los que murieron antes de los ataques estadounidenses, y en un número muy superior. “Nos merecemos una vida mejor en Irán”.
Lo ocurrido en Gaza está demasiado cerca, y tiene demasiada relación, como para que la guerra de Irán desplazara el tema. En vez de eso, se ha avivado el debate, uniendo a los dos conflictos en un único reclamo sobre la autoridad moral de Estados Unidos y la forma en que gasta el dinero de los contribuyentes.
“[Trump] tenía que haberlo dejado con lo del bombardeo”, dice Clay Harvison, un votante de Trump que en Marietta trabaja como experto en artes marciales mixtas. En su opinión, el conflicto debía haber terminado hace meses. No ha sido así, dice, por la presión que los líderes israelíes han ejercido para arrastrar a Estados Unidos. La guerra amenaza el legado de “ser recordado como alguien grande” que Trump quería dejar, dice. “Ahora mismo, lo está echando todo a perder”.
En opinión de Harvison, son los votantes más jóvenes los que se preguntan por qué el presidente que hacía campaña contra las guerras en el extranjero se ha transformado en el responsable de una de esas guerras. “En lugar de destinarlo a arreglar nuestras calles, el dinero de nuestros impuestos está siendo blanqueado por el aparato de la industria militar”.
Sigue sin saberse si el actual alto el fuego se mantendrá. Tampoco, si en algún momento Teherán y Washington negociarán algo más que una tregua. Lo que no admite dudas, desde los lagos de Wisconsin hasta los barrios dormitorio de Georgia, es que los votantes de casi todas las tendencias políticas están haciendo el mismo cálculo: facturas de gasolina, llamadas de incorporación a filas, y recuento de bajas. ¿Para qué sirve, exactamente, la guerra?
Texto traducido por Francisco de Zárate y editado por la redacción de elDiario.es.
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