Sofía Gracia, divulgadora de lengua de signos: “Se vulneran los derechos de las personas sordas por falta de intérpretes”
La aragonesa Sofía Gracia aprendió lengua de signos antes incluso que muchas palabras habladas. Como hija de padres sordos, la lengua de signos española forma parte de su vida desde que tiene memoria. De hecho, es su lengua materna, la forma en la que aprendió a comunicarse y también la herramienta que hoy utiliza para divulgar una realidad poco visible.
“Toda mi vida he hablado de las maravillas y de lo bonita que es la lengua, de las curiosidades y de sus características. La gente siempre se queda como muy sorprenda y con ganas de saber más. Y eso me encanta porque es súper interesante”, reconoce en una entrevista a elDiario.es en Aragón.
Con motivo del Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas, que se celebra este 14 de junio, Gracia reconoce que, aunque “nunca se había hablado tanto de lengua de signos, las personas sordas siguen encontrándose con obstáculos que limitan su autonomía” en ámbitos tan básicos como la sanidad, la educación o la atención pública.
“Hay más visibilidad, sí, pero la accesibilidad no ha avanzado al mismo ritmo”, afirma, al mismo tiempo que añade que “los derechos de las personas sordas siguen vulnerándose porque siguen faltando intérpretes de lengua de signos en muchos servicios esenciales”.
Su mirada combina la experiencia personal con la profesional. Intérprete de lengua de signos y guía intérprete para personas sordociegas, Gracia se ha convertido además en una divulgadora de referencia a través de sus formaciones y de sus redes sociales (@HablaBebe.es), donde acerca la lengua de signos a familias, docentes y profesionales de distintos ámbitos.
Una lengua que también llega a los bebés
Su labor de divulgación nació en el momento en el que se quedó embarazada, cuando decidió formarse en comunicación temprana con bebés y comenzó a impartir cursos dirigidos a familias. Su objetivo era mostrar cómo los signos pueden convertirse en una herramienta de comunicación mucho antes de que aparezca el lenguaje oral.
“Mi hija con un año tenía alrededor de cincuenta signos de vocabulario”, recuerda y, a pesar de que “muchas personas se sorprenden cuando les dices que un bebé puede comunicarse antes de hablar”, los signos permiten expresar necesidades cuando todavía no existe capacidad para hacerlo oralmente.
Gracia insiste en que esos signos proceden de la lengua de signos española, una cuestión que considera relevante porque, en estos momentos, proliferan métodos inspirados en sistemas extranjeros. “La lengua de signos no es universal. En España tenemos nuestra propia lengua y es importante ponerla en valor”, subraya.
Lo que comenzó como una formación dirigida a familias ha terminado extendiéndose a escuelas infantiles, centros educativos y profesionales especializados en atención temprana.
Aunque la presencia de la lengua de signos en el sistema educativo sigue siendo limitada, Gracia sí percibe avances en algunos ámbitos concretos, sobre todo en la etapa de 0 a 3 años.
Gran parte de ese crecimiento se está produciendo a través del sistema bimodal, una herramienta que combina el habla con signos procedentes de la lengua de signos española.
“Yo no enseño lengua de signos completa en las escuelas porque tiene una estructura gramatical propia y compleja. Lo que enseño es vocabulario mediante sistema bimodal, manteniendo la estructura del lenguaje oral”, afirma.
Esta metodología está demostrando ser especialmente útil para alumnado con trastorno del espectro autista (TEA), trastornos del lenguaje, síndrome de Down, retrasos madurativos o dificultades en la comunicación. “Se ha comprobado que es una herramienta muy potente para niños que todavía no pueden expresarse oralmente. Les permite comunicarse y reducir muchísima frustración”, señala.
Sin embargo, considera que la incorporación de estas herramientas sigue dependiendo en gran medida de iniciativas concretas de centros o profesionales sensibilizados, más que de una apuesta estructural del sistema educativo. En este sentido, lamenta que, desde que se empieza el colegio hasta que se termina la universidad, “no recibimos prácticamente ninguna formación sobre lengua de signos o comunidad sorda”, lo que “explica muchas de las barreras que siguen existiendo después”.
La accesibilidad pendiente
Para Gracia, el principal problema continúa estando fuera de las aulas. Al respecto, esta divulgadora comparte que su padre, usuario de la sanidad pública, necesita solicitar con antelación la presencia de un intérprete para acudir a determinadas consultas. Sin embargo, su madre, usuaria de la sanidad privada, debe costear ese servicio por su cuenta.
“No se trata de comodidad. Se trata de autonomía. Muchas personas sordas siguen dependiendo de familiares o personas cercanas para acudir al médico porque no tienen garantizada una comunicación accesible”, denuncia. A su juicio, la sociedad todavía contempla la accesibilidad como una excepción en lugar de asumirla como un derecho.
Además, cree que persisten numerosos prejuicios sobre la lengua de signos, como la falsa idea de que utilizar signos puede retrasar la adquisición del lenguaje oral. “Es justo al contrario. Los signos estimulan áreas cerebrales relacionadas con el lenguaje y facilitan la comunicación. No sustituyen al habla, la complementan”, subraya.
La divulgadora recuerda haber conocido familias cuyos hijos pasaron años sin disponer de herramientas comunicativas adecuadas porque algunos profesionales desaconsejaron el uso de signos. “Hay niños que podrían haberse beneficiado enormemente de esta herramienta y no la tuvieron. El problema no es la lengua de signos. El problema es la falta de comunicación”, sostiene.
No como un recurso excepcional, sino como una formación habitual
El éxito reciente de producciones audiovisuales como ‘Sorda’ o la creciente presencia de contenidos divulgativos en redes sociales han contribuido a despertar interés por la lengua de signos.
No obstante, Gracia considera que la verdadera transformación llegará cuando deje de verse como un recurso excepcional y pase a formar parte de la formación habitual de profesionales y ciudadanos. “Me gustaría que dentro de diez años la lengua de signos estuviera presente en colegios, universidades, facultades de Medicina, Enfermería o Periodismo”, apunta.
En este último ámbito cree que todavía queda trabajo por hacer: “La manera en la que hablamos de las personas sordas también importa. Hay términos que siguen utilizándose incorrectamente y que contribuyen a mantener estereotipos”.
A pesar de las dificultades, mantiene una visión optimista, ya que, a pesar de que España suele llegar más tarde a muchos cambios incorporados en otros países, “estoy convencida de que acabarán pasando”.
Mientras tanto, sigue impartiendo formaciones para familias, docentes y profesionales sanitarios, uno de los ámbitos donde considera más urgente mejorar la comunicación. A su vez, crea contenido de manera diaria en su cuenta Habla Bebe, donde también se pueden aprender nociones básicas y avanzadas sobre esta lengua.
Asimismo, recomienda acudir a la Agrupación de Personas Sordas de Zaragoza y Aragón (ASZA), donde las propias personas sordas imparten formación y transmiten la riqueza cultural de una lengua que, más allá de las manos, representa una forma diferente de entender la comunicación.
“Siempre digo que la lengua de signos es un nivel más de comunicación”, concluye, por lo que, “cuando la descubres, entiendes que no es solo una herramienta para hablar sino otra manera de expresar emociones, de relacionarte con los demás y de mirar el mundo”.
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