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La película que el Vaticano calificó como un “insulto” y fue censurada durante 30 años brillará por fin entera en Cannes

Vanessa Redgrave es la protagonista de 'Los demonios', una monja repremida sexualmente que desata la locura

Javier Zurro

Cannes —
12 de mayo de 2026 22:19 h

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A Ken Russell siempre le gustó la provocación. El cineasta, convertido en figura de culto en los años 60, siempre levantaba las iras de los más pacatos por su mezcla de sexo y muerte que incluía hasta en sus modernos y rompedores biopics musicales. Pasó con sus trabajos para la serie televisiva Omnibus, y también con Mujeres enamoradas, que aunque le granjeó una nominación al Oscar como Mejor director y el premio de Mejor actriz para Glenda Jackson, se atrevió a levantar el tabú sobre un tema inusual en el cine de EEUU: el desnudo frontal masculino. 

Sin embargo, todo eso se quedó en un juego de niños con la que lio cuando rodó e intentó estrenar, tal como la había concebido en 1971, Los demonios. El filme, una adaptación libre de Los demonios de Loudon, de Aldous Huxley, se basa en un hecho real ocurrido en la Francia del siglo XVII. En la localidad de Loudon, 300 kilómetros al suroeste de París, una ciudad amurallada independiente donde los protestantes hugonotes habían resistido pese a que el catolicismo ya era la religión dominante en Francia. Para intentar extender el catolicismo, se mandó a 17 monjas ursulinas, entre las que se encontraba Jeanne de Belcier. Ella, como todas las monjas y toda la población, acabó bajo los encantos de Urbain Grandier, el párroco que con su porte, su carisma y su capacidad oratoria tenía a todo el mundo rendido a sus pies. 

La historia real dio pie para que Ken Russell creara una mezcla febril y enfermiza donde realmente se hablaba de una guerra de religiones y cómo Richelieu y Luis XIII aprovecharon la situación para extender el catolicismo y acabar con la utopía protestante de Loudon, y a la vez con el díscolo Grandier. Pero lo hace convirtiendo su película en una mezcla de sexo, poder y religión que juega con la provocación de utilizar el imaginario religioso para las perversiones sexuales de aquella población. De alguna forma, Los demonios podría recordar a Narciso negro (1947), donde el convento de monjas que lideraba Deborah Kerr en el Himalaya acababan dando rienda suelta a sus peores instintos al desatar la sexualidad reprimida cuando un hombre entra en sus territorios.

Y eso es lo que ocurre en Los demonios, donde la presencia arrolladora del Grandier que interpreta Oliver Reed (y que tiene sexo con la mitad de la población del pueblo) desata la sexualidad adormecida y reprimida a través de flagelación de esas 17 monjas, pero principalmente de la Jeanne cheposa que interpreta Vanessa Redgrave, que acaba acusando de posesión al cura. Esto dio lugar en la mente de Russell, acrecentado por la increíble dirección artística de Derek Jarman, a un sinfín de escenas que hicieron tirarse de los pelos a la Iglesia y a los censores. A saber: orgías de monjas, sueños eróticos donde se lamen las llagas de cristo, y hasta masturbaciones con huesos con forma fálica. 

Russell tuvo que cortar la película para contentar a la Warner Bros y para que la Junta Británica de Censura Cinematográfica (BBFC) no le diera la calificación X. Por ello la película pudo estrenarse en varios países, aunque nunca con su versión original y con sus pasajes más polémicos. En Reino Unido su estreno fue un escándalo. Grupos conservadores intentaron boicotearla y en varios cines se prohibió su proyección. “La alta calidad no justifica la blasfemia. La blasfemia es blasfemia, punto”, recuerda la BBC que se dijo de Los demonios.

En EEUU se censuró y se recortó aún más. La versión británica de 111 minutos pasó a ser de 108 minutos, eliminando también cualquier imagen que mostrara vello púbico. Russell dijo de aquella versión que era “incomprensible”, ya que la habían mutilado de forma aleatoria cortando cualquier escena polémica y destrozando la orgía central. Por supuesto, el Vaticano también entró en el barro. Calificó la película de “insulto al cine”, y esto hizo que se prohibiera en varios países. En algunos, como Finlandia, Los demonios no pudo verse hasta 2011, cuando el filme cumplió 50 años.

La fantasía de la monja Jeanne con el cura Grandier como Jesucristo fue una de las más polémicas

Ninguna de esas versiones incluía las dos escenas más polémicas: la destrucción de una estatua de Jesucristo durante la orgía y la masturbación con un fémur calcinado en forma de falo. Dos escenas que se pudieron recuperar gracias al crítico Mark Kermode y al director Paul Joyce, que las incluyeron en la versión completa que se pudo ver por primera vez en Reino Unido en 2002, 30 años después del estreno de aquella versión recortada.

Dos escenas que se verán con todo su esplendor en el Festival de Cannes, que ha convertido la proyección de la versión restaurada de Los demonios en uno de sus platos estrella de una edición que acaba de dar comienzo. A partir del negativo original, Los demonios se podrá ver en 4K e introducida por la mujer de Russell, fallecido en 2011, y por Mark Kermode, uno de los responsables de que la versión íntegra (que se puede ver en Filmin en España) pueda verse en cines.

Tras la puesta de gala en Cannes, Warner se resarcirá de aquel estreno mutilado y en malas condiciones. Lo hará a través de su nuevo sello de cine independiente, Clockwork, que ya ha anunciado también su primera producción original, la nueva película de Sean Baker tras Anora, un homenaje a la comedia italiana de título Ti amo. Una apuesta firme del estudio por el cine indie y por cerrar las heridas de una censura que ha durado demasiado.

Ha sido, de hecho, gracias a la presión durante años de cineastas como Guillermo del Toro que se ha logrado este reestreno y que todo el mundo pueda disfrutar de Los demonios. El director de Frankenstein calificaba esto como “un verdadero acto de censura”. Sus palabras convirtieron, todavía más, en título de culto la obra de Russell, que ahora por fin podrá ser disfrutada de una forma más amplia y como su director quiso: en salas de cine y con sus escenas más turbadoras presentes. 

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