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Teresa Ribera: “Europa no se puede quedar en un rincón, tenemos que defender nuestro modelo con uñas y dientes”

Teresa Ribera, vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de Competencia, posa durante su entrevista en Madrid con elDiario.es.

Ignacio Escolar / Javier Biosca Azcoiti

5 de mayo de 2026 21:33 h

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La española con más poder en Europa está al frente de dos carteras claves de la Comisión: la de Competencia y la de Transición Ecológica. Teresa Ribera defiende en esta entrevista con elDiario.es las nuevas reglas sobre las fusiones empresariales, que buscan crear ‘campeones europeos’, capaces de competir frente a los gigantes estadounidenses y chinos: “Una fusión que reduzca las dependencias o suponga una mejora tecnológica nos va bien”. La vicepresidenta de la Comisión se muestra cauta en sus críticas a Trump y cuestiona la inacción de Europa frente al genocidio en Gaza: “Es de los episodios más frustrantes para cualquier persona que tenga un mínimo de respeto a los derechos humanos y los principios morales básicos”. “No hemos estado a la altura de las circunstancias”, lamenta.

¿Puede ser esta nueva crisis energética el aldabonazo que suponga la consolidación final de las energías renovables?

Sí. Cuando hablamos de energía hablamos también de seguridad económica, de autonomía, de capacidad de decidir y de reducción de dependencias. Ya habíamos identificado muchos motivos por los que era importante transformar nuestro sistema energético. Ahora, todavía más. Dos grandes conflictos en cuatro años es extraordinariamente significativo. Aquellos países que han sido capaces de acelerar la transformación de su modelo energético frente a los que se han rezagado muestran con creces la mayor o menor capacidad de hacer frente a una situación como la actual.   

La Comisión Europea va a permitir a los países compensar hasta el 70% del sobrecoste energético por la guerra a los sectores agrario, energía intensiva y transportes (salvo aviación). ¿No es contradictorio? ¿No se impulsa así el consumo de los combustibles fósiles que en teoría la Unión Europea quiere sustituir?

La mayor garantía es transformar nuestro modelo energético y reducir las dependencias del exterior. Pero también que sea viable desde el punto de vista de la factura que representa para el tejido productivo y nuestros hogares. 

Hemos querido identificar qué sectores concretos podían sufrir en mayor medida el impacto de la guerra en Oriente Medio y aplicar medidas de alivio eficaces. Son temporales, hasta el 31 de diciembre de 2026. Acompañar las medidas de fondo con el corto plazo es lo que representa a Europa. No podemos pensar en que cada cual se las apañe.

Varios países, incluido España, han puesto sobre la mesa un impuesto a los beneficios de las compañías energéticas, que están logrando unas ganancias extraordinarias por la guerra de Irán. ¿Por qué la Comisión no ha tenido en cuenta esta propuesta?

Sí la ha tenido en cuenta. Hay dos cosas importantes al respecto: cualquier medida fiscal requiere unanimidad por parte del Consejo y esa unanimidad hoy por hoy no existe. Y es difícil invocar una situación extraordinaria cuando, afortunadamente, la situación económica no es tan terrible y tan generalizada como lo que vivimos en el año 2022.

Cuando usted fue ministra de Transición Ecológica en España respaldó el cierre de las nucleares y ahora forma parte de una Comisión Europea que aboga por la expansión de la energía nuclear. ¿Cree realmente que la energía nuclear es una solución para Europa?

La decisión sobre cuál es el mix tecnológico de cada país es de cada gobierno y responde a coyunturas nacionales muy diferentes. Con independencia de cuál sea la opinión personal de cada uno de los miembros del Colegio de Comisarios, sería una barbaridad imponer a ningún Estado miembro un determinado mix eléctrico. 

Una clave importante para el éxito europeo es que todos hemos respaldado la mayor electrificación de los consumos finales de energía, la mayor eficiencia y la mayor interconexión y, por supuesto, que la generación de esa electricidad proceda de fuentes no emisoras de gases de efecto invernadero. La Península Ibérica tiene unas características muy propicias y favorables a una transición hacia un mix renovable. ¿Cuál es la realidad desde el punto de vista del calendario de cierre? No me corresponde a mí decidirlo. Le corresponde decidirlo a la ministra y al Gobierno. 

Hay Estados miembros que están volcándose hacia la nuclear. En la mayor parte de los casos es una apuesta a medio plazo: centrales que no estarán operativas hasta 2030, 35 o 40. No es una solución para una crisis como la que estamos viviendo en este momento. También es verdad que la experiencia del cierre en Alemania ha resultado de gestión complicada para los países vecinos, que se lamentan del impacto que esto ha tenido en los precios.

El ataque permanente de Trump a la UE no se entiende. Más allá de la insatisfacción o de la preocupación que esto genere, debemos superar esa consternación

¿Ha perdido ambición la apuesta de Europa por el Green New Deal? Algunos de los objetivos, como la prohibición de los coches con motor de combustión en 2035, se han rebajado. ¿Sigue siendo una prioridad para Europa? 

Lo que hemos vivido en estos dos meses pone de manifiesto hasta qué punto es una pena que no hayamos ido más deprisa. Si hubiéramos electrificado en mucha mayor medida nuestra movilidad, estaríamos en una situación completamente diferente. Estamos mejor que en 2022, pero las economías europeas tienen una tasa de electrificación muy por debajo de otras que tampoco tienen petróleo, como China. 

La carrera por la movilidad eléctrica ha supuesto una transformación importantísima en algunas economías. Es una rápida industrialización que genera riqueza y empleo para la sociedad. Esta crisis pone de manifiesto hasta qué punto el Pacto Verde es un pacto de libertades, de autonomía, de soberanía, de innovación y de competitividad industrial, como por otra parte es el mandato mismo de esta Comisión.

Por el camino puede haber voces disidentes y tenemos una muy importante al otro lado del Atlántico y otras dentro de nuestro continente. Hay quien lo puede ver con preocupación, o quien puede querer defender su espacio y su interés en el muy corto plazo. ¿Esto es lo acertado? No. 

Con la información que tiene en la Comisión, ¿cómo ve la situación actual de bloqueo en la guerra de Estados Unidos contra Irán? ¿Cree que es posible que acabe cediendo a las presiones y reabriendo a corto plazo el estrecho de Ormuz? 

Es una situación enormemente preocupante y un gran desafío para todos. A Europa nadie le preguntó qué opinaba al respecto. Nadie en nuestro continente defendía al régimen de los ayatolás por razones obvias de derechos humanos, de libertades, de democracia y de progreso. Todos deseábamos que acabara imponiéndose un régimen democrático de libertades. ¿Midieron bien los protagonistas este conflicto? A la vista están las consecuencias. 

Más allá de lo fundamental: derecho internacional, carta de Naciones Unidas, ocupación, violencia... Hay dos aspectos clave: una catástrofe humanitaria que además encuentra a las agencias de las Naciones Unidas con presupuestos muy limitados, y la disponibilidad de un recurso que queremos eliminar y caminar hacia la descarbonización, pero que sigue siendo el gran motor de nuestra economía. Es capital que Europa se mantenga al pie del cañón en la defensa de búsqueda de soluciones y generando presión para reducir el nivel de conflicto cuanto antes.

Tras iniciar la guerra, Trump ha lanzado ataques continuos a la UE por no ayudar a levantar el cierre del estrecho de Ormuz. ¿Sigue siendo Trump un aliado de la UE?

Quizá una de las cosas más sorprendentes que hemos vivido desde el inicio de su mandato es esta hostilidad hacia la Unión Europea. Esta idea de que la Unión Europea surge en contra de los intereses de Estados Unidos cuando en realidad el propio proyecto de las comunidades europeas al final de la Segunda Guerra Mundial es, afortunadamente, una reacción de inteligencia política y de generosidad por parte de Estados Unidos, que se da cuenta de que Europa no puede ser un territorio de conflicto permanente. 

Estados Unidos se ha visto siempre como un socio capital de cara a la defensa de las libertades, la democracia, los derechos y, por tanto, ese ataque permanente no se entiende. Más allá de la insatisfacción o de la preocupación que esto genere, debemos superar esa consternación y defender, explicar, argumentar y encontrar una recuperación y una consolidación de la relación transatlántica, pero no de cualquier relación transatlántica. Debe ser una relación basada en el respeto mutuo, en la defensa de la democracia, de los derechos y de las libertades. 

Pero ahora no hay respeto mutuo

En estos momentos, con demasiada frecuencia nos encontramos con situaciones, como poco, paradójicas.

Es muy frustrante que la Unión Europea no haya encontrado la forma de reaccionar con más contundencia en Gaza, lo que no significa que le resulte indiferente. La UE todavía está lejos de poder decir que estamos a la altura de las circunstancias.

¿Ha beneficiado a China la guerra contra Irán?

Una de las lecciones más interesantes que Europa debería extraer es que el soft power es power. Hay muchos más países en el mundo que aspiran a progreso, libertad, creación de riqueza y mejora en el desarrollo de sus ciudadanos. Eso requiere una estabilidad y un apoyo comercial, financiero, educativo, cultural y una gobernanza que necesita de alianzas y de amistad. En eso Europa ha sido siempre un campeón.

Hemos conseguido avanzar mucho y muy rápidamente en relaciones comerciales, pero creo que todavía tenemos mucho recorrido con el resto del mundo. Quien sí lo ha abandonado, por lo menos temporalmente, es Estados Unidos. Obviamente, si Estados Unidos no ocupa ese espacio de influencia política, de financiación al desarrollo, de apoyo en las relaciones institucionales… hay otro que sí lo ocupa. China ha aprendido a desplegar esa diplomacia de una forma muy intensa. Es un espacio que tendrá más difícil recuperar Estados Unidos en el medio plazo.

¿Corre la UE el riesgo de quedar atrapada en la irrelevancia entre EEUU y China?

Es una de las preguntas que nos tenemos que hacer como ciudadanos europeos. Tenemos una responsabilidad especial y no debemos pensar que por inercia nos va a seguir yendo bien sin hacer nada. La opinión pública europea debe ser consciente de lo importante que ha sido construir este proyecto y lo determinante que es defenderlo dentro y fuera. 

Somos una potencia interesante, pero somos relativamente reducidos. Ya no somos el centro del mundo. Ahora bien, no nos podemos quedar en un rincón. Tenemos que salir a defender con uñas y dientes nuestro modelo.

Europa está invirtiendo mucho en armamento, pero el gasto militar europeo hoy ya es más o menos el doble que el de Rusia. ¿Realmente es un problema de presupuesto o el verdadero problema es la falta de coordinación europea a la hora de defenderse frente a posibles amenazas?

Desde un momento muy temprano en el proyecto europeo corrió en paralelo la idea de construir una Unión Europea de la Defensa. Eso fue aparcado en los años 90 como consecuencia de la confianza en la OTAN. Hoy nos damos cuenta de que a lo mejor tenemos que reforzar nuestra capacidad con una visión amplia de seguridad y defensa.

Europa tiene que desplegar un potencial que nunca ha estado presente en nuestras prioridades. Esto no se mide en términos de porcentajes de PIB dedicados a la compra de armamento clásico. Se mide en términos de inteligencia, unidad y proyecto europeo. Se mide en términos de estrategia. Hemos dado pasos muy rápidos en relación con lo que han sido las últimas décadas de nuestra historia, pero todavía estamos lejos de contar con una respuesta eficaz. Tenemos que hablar de la Europa de la defensa, que no es exclusivamente la suma de 27 presupuestos nacionales dedicados al ejército, sino que requiere un mando, una reflexión y una identificación de estrategias compartidas por los europeos.

Usted ha liderado las críticas dentro de la Comisión al genocidio en Gaza. Sin embargo, la respuesta de Bruselas ha sido muy criticada por su tibieza. Dos preguntas: ¿ha sido frustrante su posición? ¿Ha fallado moralmente la UE en la toma de medidas concretas con Israel?

Lo que estamos viviendo es de los episodios más frustrantes para cualquier persona que tenga un mínimo de respeto a los derechos humanos y principios morales básicos. Es la historia de un fracaso televisado del régimen de respeto a los derechos más básicos de las personas, a la protección de los civiles indefensos que surge tras el horror que vivimos en la Segunda Guerra Mundial. Y sí, es muy frustrante que la Unión Europea no haya encontrado la forma de reaccionar con más contundencia, lo que no significa que le resulte indiferente. La UE todavía está lejos de poder decir que estamos a la altura de las circunstancias.

Europa tiene que desplegar un potencial en defensa que nunca ha estado en sus prioridades

Su departamento ha presentado sus planes sobre la nueva política de fusiones empresariales. Uno de los objetivos es crear “campeones europeos”, empresas aún más grandes. ¿Hasta qué punto cree que este cambio ayudará a competir con China y Estados Unidos?

Hemos presentado unas directrices sobre cómo analizar las operaciones de fusión. Ya no es solamente un aspecto que deba centrarse en el análisis del impacto en precios para los consumidores. Los mercados son cada vez más globales y necesitamos facilitar todas las operaciones que sean competitivas porque favorezcan la innovación y la resiliencia. Sabemos que hay ámbitos donde las grandes operaciones corporativas van a determinar el éxito de mañana, como son el ámbito digital, el de la sostenibilidad y la eficiencia. Es importante trabajar con los operadores que estén interesados en hacer este tipo de operaciones desde un primer momento para entender los riesgos y beneficios.

Hay dos elementos importantes. Uno: que sean mercados globales no significa que valga cualquier cosa, hay que proteger a los consumidores. Dos: lo que vemos son distorsiones que se producen porque no hemos logrado superar la fragmentación de 27 mercados nacionales, porque no existe una verdadera unión en ese ámbito de actividad industrial o empresarial. Está bien pensar en consolidaciones en un determinado sector, pero siempre y cuando tengamos también clara la perspectiva de integración progresiva.

Simultáneamente, tenemos que prestar atención a otros ámbitos. El sector digital y el sector financiero, por ejemplo, es donde Europa lastra en mayor medida un gap de competitividad frente a la economía americana. En el resto somos más eficientes y vivimos mejor que los americanos. Este gap se explica fundamentalmente por la tecnología digital y por la oportunidad de crecer, es decir, cuáles son las oportunidades para financiar el crecimiento.

Ya hay voces que critican que esa nueva política dará mucho más peso al crecimiento de las empresas que a los beneficios para los consumidores. ¿Qué opina al respecto? 

A una sociedad como la europea, una fusión que favorezca un salto cualitativo desde el punto de vista de la reducción de las dependencias o desde el punto de vista de la mejora tecnológica, nos va bien. Lo que es importante es que haya una valoración de probabilidad razonablemente solvente de que eso va a ser así. Si no hay un nivel de probabilidad razonable, es difícil dar ese paso si supone un perjuicio para los consumidores. Pero sí hay una serie de sectores donde la necesidad de inversión para el despliegue de las siguientes generaciones es tan importante y el nivel de riesgo es tan relevante que es razonable que estén buscando de qué forma podemos colaborar para la siguiente generación de satélites, de infraestructura de telecomunicaciones, de aviones… 

Siempre se pone como ejemplo el éxito de Airbus. Es verdad que en aquel momento Airbus supone la fusión de muchas empresas europeas de tamaño mediano para hacer frente al único competidor global que existía, que era Boeing. ¿Hay algo parecido que se pueda hacer ahora? Eso es lo que tenemos que ver.

En este nuevo borrador de fusiones, los Estados miembros pueden intervenir en fusiones para proteger intereses públicos legítimos. ¿De qué intereses estamos hablando?

Esto ha sido lo que hemos querido clarificar en nuestro borrador de directrices porque es verdad que nos hemos encontrado con que se alegaba un interés de seguridad nacional interpretado de una forma muy vaga, muy genérica, que no necesariamente se podía justificar y que además en muchas ocasiones tenía que ver con operaciones transnacionales. Esto es algo que puede ayudar a consolidar esos campeones europeos y si se alega la defensa del interés nacional para evitar esa fusión, se reduce esa perspectiva. No cualquier cosa puede ser defendida como un riesgo frente al interés o la seguridad nacional.

Las nuevas reglas permitirán a la Comisión frenar la compra de pequeñas empresas innovadoras que persigan acabar con la competencia. Sin embargo, los grandes campeones estadounidenses han conseguido su enorme tamaño precisamente comprando startups tecnológicas. Google con YouTube, o Meta con Instagram o con WhatsApp, por ejemplo. ¿Cuál es su visión al respecto?

Hacemos dos cosas. Por una parte, creamos un escudo de defensa de la innovación, es decir, en qué circunstancias entendemos que una pequeña startup puede sentirse segura si cuenta con una oferta para poder crecer sin que eso ponga en riesgo la posibilidad de seguir innovando. Eso nos lo pide el propio semillero de empresas más creativas.

En paralelo, también teníamos otro desafío al que hacer frente: evitar lo que en el argot se llama las killer acquisitions, es decir, aquellas compras cuya finalidad precisamente es evitar que haya un nuevo operador que desafíe al incumbente tradicional. Lo que estamos haciendo es unas directrices que tienen como principal objetivo ser transparentes para con el conjunto de los operadores económicos. 

Si hubiéramos electrificado en mucha mayor medida nuestra movilidad, estaríamos en una situación completamente diferente. Estamos mejor que en 2022, pero las economías europeas tienen una tasa de electrificación muy por debajo de otras que tampoco tienen petróleo, como China

Hace unos días, la principal responsable de comercio de la UE, Sabine Weyand, dejó su cargo tras criticar el acuerdo comercial pactado apresuradamente con el presidente de Estados Unidos. ¿Cree que es un buen acuerdo comercial para los intereses de Europa? 

A esta señora la conozco bien y tengo un gran respeto por ella. Ha estado detrás de una muy buena parte de los acuerdos comerciales que ha venido firmando Europa con la mayor parte de sus socios en los últimos años. Es una mujer tremendamente respetada en el ámbito europeo y de la Comisión. Es verdad que desde hace ya algún tiempo, y ya por razones personales, quería dejar su actividad y dedicarse a llevar una vida un poco más relajada. Siempre ha defendido la importancia de reconciliar esas dimensiones exterior y doméstica como el gran desafío que tiene Europa en este momento, y eso lo comparto. 

No creo que haya mucha gente que diga que el acuerdo comercial con EEUU es un acuerdo enormemente satisfactorio. Es un acuerdo que es fruto de unas circunstancias y unas condiciones en las que los negociadores por parte de la Comisión Europea interpretan que ese es el mandato que han recibido por parte de los gobiernos nacionales: evitar escalar un conflicto con Estados Unidos, buscar estabilidad... 

¿Es un acuerdo para calmar a EEUU?

Opiniones hay para todos los gustos. La Comisión intentó en aquel momento seguir las recomendaciones que había recibido por parte del Consejo Europeo. ¿Es lo que más puede convenir a la Unión Europea? No estoy segura. De lo que sí estoy segura es que refleja lo que en aquel momento los 27 gobiernos nacionales trasladaron a la Comisión.

¿Por qué Trump acusa ahora a Europa de violar ese mismo acuerdo comercial?

No tiene mucho sentido comentar las palabras del presidente de Estados Unidos. No parece que lo que dice esté estrechamente vinculado a la negociación de lo que aparece en el acuerdo, sino probablemente a una foto más amplia que no tiene nada que ver con el acuerdo comercial.

La Inteligencia Artificial (IA) es ya casi omnipresente en la vida de ciudadanos y empresas, pero está copada por grandes empresas, todas ellas estadounidenses. ¿Qué puede hacer su departamento para incrementar la competencia en el campo de la IA?

Es un espacio absolutamente crítico en el que tenemos que hacer muchas cosas. Desde mi departamento, estamos intentando ver si los motores de búsqueda son transparentes y trazables; hasta qué punto el acceso a los datos para poder desarrollar modelos no beneficia a los incumbentes tradicionales frente a las alternativas que puedan surgir. Trabajamos muy estrechamente con los responsables de la Comisión.

La inteligencia artificial en estos momentos ya forma parte de los elementos estratégicos más relevantes desde el punto de vista de la gestión de la información y de la opinión pública de cara a procesos electorales, pero también de cara a la inteligencia militar y espacio bélico.

Europa tiene que pensar varias cosas. Qué gobernanza, qué transparencia y qué criterios éticos queremos. Qué capacidades de desarrollo de modelos y de posicionamiento propio, autónomo y soberano necesitamos para evitar situaciones tan terribles como las que hemos visto como el corte al acceso a la nube o a servicios digitales a algunos jueces del Tribunal Penal Internacional o funcionarios de Naciones Unidas [sancionados por EEUU por sus investigaciones contra líderes israelíes]. Imaginemos todo eso proyectado con un despliegue de inteligencia artificial que permite ser muy eficiente en la producción de bienes y servicios, pero que también puede destrozar la producción de bienes y servicios o boicotear el funcionamiento de una economía de un país.

Este es un espacio donde tenemos un lastre muy importante. Hay al menos dos grandes potencias que han dado un paso adelante muy significativo. Europa tiene que recuperar terreno a marchas forzadas.

La semana pasada se reunió con alcaldes europeos que piden medidas como la creación de “zonas de mercado tensionadas” o la “prohibición de los alquileres turísticos de corta duración” para solventar el problema de la vivienda. ¿Va la Comisión a incluir algunas de sus propuestas en la futura Ley de Vivienda asequible? ¿Por qué las instituciones europeas son tan remisas a actuar en el mercado de la vivienda?

Si uno mira los tratados, no verá la palabra vivienda en ningún sitio. No ha habido un referente de vivienda que permitiera construir una política en torno a esto. ¿Qué pasa? Que hoy sabemos que es el gran problema para una inmensa mayoría de europeos. Eso tiene un impacto social terrible, pero también un impacto económico. Esto llevó a que en esta Comisión la presidenta Von der Leyen encargara a un comisario la política de vivienda.

En este año largo de mandato de la Comisión hemos presentado nuestro plan de vivienda asequible. Hemos aprobado nuevas directrices para la ayuda de Estado para vivienda asequible y hemos empezado a trabajar de forma muy intensa en esa directiva sobre vivienda asequible. Una de las peticiones de los alcaldes, y no solo de los alcaldes españoles, es abordar lo que aquí hemos conocido como mercados tensionados, es decir, mercados sometidos a una presión que hace inviable seguir tratando en pie de igualdad el uso comercial del uso familiar de la vivienda y que, por tanto, hay que priorizar esto. 

Y sí, este es uno de los elementos que probablemente tendrá un reflejo en esta directiva que está programada para ser presentada en este año. Confiamos en que recogiendo todas las recomendaciones, no solamente de los alcaldes, podamos seguir impulsando este tipo de medidas.

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