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Mayte Navales, autora de 'La ahorcada': “El problema no es cuando el amor se acaba, sino cuando no aceptas que se acaba”

Mayte Navales

Naiare Rodríguez Pérez

5 de mayo de 2026 21:33 h

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La escritora Mayte Navales firma con 'La ahorcada' una historia que combina lo emocional con lo sobrenatural para explorar los límites del amor, la obsesión y la memoria. La novela, que ha dado el salto al cine, nace de una imagen poderosa y de una inquietud narrativa muy concreta: contar el dolor desde lo fantástico.

Navales explica que su interés por este género no es casual. “A mí me gusta muchísimo el fantástico y siempre me ha parecido que a través de lo sobrenatural se pueden comunicar los mismos sentimientos que a través de la narrativa realista”, señala.

La chispa inicial surgió de forma casi intuitiva: “Un día paseando por un bosque me vino la imagen de una mujer con el corazón roto, en un árbol, muerta. Pero no para desaparecer, sino para dejarse ver”.

Esa idea inicial marca el tono de una historia en la que el gesto extremo de su protagonista —suicidarse en el jardín de su amante— no responde a la desaparición, sino a una necesidad de reconocimiento. “Ya hay una intención. Busca ser vista”, resume la autora en una entrevista a elDiario.es

Amor, poder y relaciones desequilibradas

Desde su origen, la novela se construye sobre una relación desigual, donde el poder emocional no está repartido. Navales pone el foco en este tipo de vínculos: “Cuando en una pareja hay un desequilibrio muy grande, la parte dependiente puede sufrir mucho si la otra no es cuidadosa”.

Ese conflicto no se traduce en villanos claros, sino en dinámicas reconocibles. “No necesariamente hay violencia física ni personajes malvados, sino situaciones que pasan en la vida real”, explica.

De hecho, la autora insiste en que el corazón de la historia no es el terror en sí, sino el conflicto emocional. “Para mí es una novela de sentimientos, de obsesión, de cómo el amor puede convertirse en un torbellino. El terror aquí no busca el susto, sino una angustia más profunda”, indica.

El personaje de Rosa, lejos del estereotipo clásico del fantasma, se construye desde lo psicológico. Navales lo define como alguien “dolido por dentro, intentando alcanzar al otro, negando la realidad de que el amor se ha acabado”.

La ahorcada

Ahí reside uno de los ejes de la historia: “El problema no es cuando el amor se acaba, sino cuando no aceptas que se acaba”. Esa negación es la que impulsa al personaje y lo convierte en una presencia incómoda, más emocional que física.

La autora evita, además, juzgarla desde el inicio: “No quería que fuera una villana. Hace daño, pero su intención no es castigar, sino ser reconocida, reclamar su espacio”.

Esa ambigüedad moral es clave para la experiencia del lector, ya que, según Navales, muchas personas pueden verse reflejadas en el personaje. “No sabes si te gusta o no, pero a veces te reconoces en ella. Y eso me parece interesante, porque te obliga a entenderte a ti misma”, destaca.

La incomodidad, en este sentido, no es un efecto colateral, sino una herramienta narrativa que invita a cuestionarse.

Del papel a la pantalla

La adaptación cinematográfica de 'La ahorcada' ha supuesto otro proceso creativo para la autora, que también firma el guion. Aunque destaca la fidelidad del resultado, reconoce las renuncias inevitables: “A veces tienes que dejar fuera la voz interior del personaje o ciertos paisajes por cuestiones de presupuesto”.

A cambio, el lenguaje visual ofrece nuevas posibilidades y, tal y como afirma, “ver una escena que has escrito cobrar vida es electrificante”.

El rodaje en Aragón, especialmente en Teruel y Zaragoza, ha sido otro de los elementos que más destaca la autora. “Encontramos una casa perfecta, con el árbol como eje central, y rodar allí fue casi mágico”, recuerda. Además, subraya el apoyo local: “Siempre es maravilloso rodar en Aragón, la gente pone muchas facilidades”.

Memoria, obsesión y dejar ir

Más allá de la historia concreta, la novela conecta con cuestiones universales como la memoria o la dificultad de cerrar heridas. “En la historia hay una idea clara de que nadie olvida. Los objetos, los lugares… todo recuerda”, explica.

Esa permanencia obliga a tomar decisiones: “Hay que dejar que las cosas se vayan, porque todo vuelve si no lo cuidas”.

En última instancia, ese es también el aprendizaje personal que Navales extrae de la historia. Para ella, “no hay que aferrarse” y, cuando algo se acaba, hay que dejarlo ir. “Lo que venga después será mejor, siempre que no te quedes atrapada”, sostiene.

Una conclusión que, llevada al extremo en la ficción, se convierte en una advertencia emocional. “Cuando vi la película sentí una angustia muy fuerte, pensé que ahí no quería estar’ Pero precisamente por eso me interesa explorar esos límites”, concluye.

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