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Aragón en cinco indicadores: así ha cambiado la comunidad en los últimos años

Parques eólicos Aragón

Candela Canales

4 de mayo de 2026 23:38 h

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Aragón genera más energía de la que consume, pero pierde agricultores y tiene cada vez menos hijos. Los datos de los últimos años dibujan una comunidad que avanza en algunos frentes mientras retrocede en otros. Esa evolución se aprecia al comparar las últimas ediciones del anuario Datos Básicos de Aragón, elaborado por el Instituto Aragonés de Estadística (IAEST), que recopila los principales indicadores económicos y sociales de la comunidad.

Este análisis se basa en la comparación de las cuatro últimas ediciones de este informe —2023, 2024, 2025 y 2026— y se centra en cinco grandes ámbitos: energía, demografía, vivienda, comercio exterior y sector primario. A través de ellos se pueden identificar los cambios más significativos del periodo reciente, aunque no todos evolucionan en la misma dirección ni responden a las mismas dinámicas.

Energía: el despegue de la solar

La transformación más visible se está produciendo en la energía. La potencia solar fotovoltaica conectada a red ha pasado de 1.439 MW en 2021 a 2.538 MW en 2024: un 76% más en solo tres años, el mayor salto de toda la serie. Detrás está el despliegue acelerado de grandes parques impulsado por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. El crecimiento se concentra sobre todo en Teruel, que ya supera a Zaragoza en potencia instalada.

La eólica también crece, pero a otro ritmo. Pasa de 4.297 MW a 5.300 MW (+23%), una subida más contenida sobre una base mucho mayor. Este crecimiento ha convertido a Aragón en un gran productor neto de electricidad. De hecho, la comunidad genera más del doble de la energía que consume —22.365 GWh frente a 10.659— y exporta el excedente a otros territorios. Sin embargo, esa posición no se traduce automáticamente en una ventaja económica: la limitada capacidad de la red eléctrica está empezando a actuar como cuello de botella y pone en riesgo la ejecución de nuevas inversiones industriales y tecnológicas.

Demografía: más población, menos nacimientos

El crecimiento demográfico reciente tiene un motor claro: la inmigración. La población extranjera ha pasado de 164.762 personas en 2022 a 202.430 en 2025, un aumento del 23%. Ya representa el 14,8% del total —más de dos puntos más que hace tres años— y su peso se nota también en las aulas: el alumnado extranjero alcanza el 17% en enseñanzas no universitarias, por encima de la media nacional.

Frente a ese impulso, el saldo vegetativo sigue en negativo. En 2024 murieron 6.363 personas más de las que nacieron y la fecundidad continúa cayendo: de 1,29 a 1,15 hijos por mujer entre 2021 y 2024, en mínimos históricos.

Pero la inmigración no solo sostiene la población, también tiene impacto económico. Un informe de la Fundación Basilio Paraíso cifra en alrededor de 500 millones de euros el saldo fiscal positivo que la población inmigrante aporta a la economía aragonesa, es decir, la diferencia entre lo que contribuye vía impuestos y cotizaciones y el gasto público que genera.

La clave está en su perfil: población más joven, en edad de trabajar y con alta participación laboral. En Aragón, las personas extranjeras suponen ya más del 15% de la población activa y cerca de uno de cada cinco ocupados. Su presencia es especialmente relevante en sectores con escasez de mano de obra, como la agricultura, la hostelería, el comercio o los cuidados. Y su papel va más allá de cubrir vacantes. En 2025, el aumento de 13.600 trabajadores extranjeros compensó la caída de 8.800 ocupados nacionales, lo que explica buena parte del crecimiento del empleo en la comunidad.

Vivienda: subida sostenida y aceleración reciente

El mercado de la vivienda en Aragón sigue al alza, el valor tasado de la vivienda libre ha pasado de 1.273 euros por metro cuadrado en 2022 a 1.567 en 2025, un 23% más en apenas tres años. La subida, además, se ha acelerado en el último tramo. Solo entre 2024 y 2025 el precio aumentó en 169 euros por metro cuadrado, el mayor salto interanual de toda la serie reciente.

Además, la actividad promotora también se ha reactivado. Los visados de obra nueva han pasado de 3.389 en 2021 a 4.390 en 2024, un aumento del 29,5%, con crecimientos sostenidos año a año tras el parón de la pandemia. Sin embargo, ese aumento de la oferta no ha servido para contener los precios. Ambos indicadores avanzan en la misma dirección, lo que apunta a una demanda que sigue absorbiendo con rapidez el nuevo stock disponible.

La tendencia, además, no solo se mantiene, sino que se intensifica en los datos más recientes. Según el índice de precios de vivienda del INE, Aragón es la comunidad donde más han subido los precios desde 2023, con un incremento del 31,2%, por encima de la media nacional (27,4%). En términos anuales, el repunte también se sitúa entre los más altos del país: un 14,4% en 2025, solo por detrás de Castilla y León.

Comercio exterior: de superávit a déficit

El sector exterior aragonés ha experimentado el cambio más brusco de todos los indicadores analizados. Según los datos recogidos en los anuarios del IAEST, Aragón ha pasado de registrar un superávit comercial de 1.706 millones de euros en 2021 —con exportaciones por valor de 16.423 millones frente a importaciones de 14.717— a un déficit de 4.461 millones en 2024, con ventas al exterior de 15.615 millones y compras que se elevan hasta los 20.076.

El cambio, de más de 6.000 millones, responde a una doble dinámica: las exportaciones retroceden ligeramente, mientras que las importaciones se disparan. Buena parte de esas compras están vinculadas a bienes de equipo para nuevas inversiones industriales, tecnológicas y logísticas, por lo que el déficit no implica necesariamente una pérdida de competitividad.

No obstante, los datos más recientes apuntan a que el debilitamiento del sector exterior también tiene un componente estructural. Aragón cerró 2025 con una caída cercana al 7% en sus exportaciones, en un contexto marcado por la evolución de sectores clave como la automoción y el cárnico, que concentran una parte muy significativa de las ventas al exterior. La transición del automóvil hacia el vehículo eléctrico y la debilidad de la demanda en mercados europeos están afectando especialmente a una comunidad con un elevado peso industrial.

El impacto de esta caída se deja notar, las previsiones de BBVA Research sitúan a Aragón entre las comunidades con menor crecimiento en 2026 —en torno al 1,9%, por debajo de la media nacional— y señalan precisamente las dificultades del comercio exterior como uno de los principales factores explicativos.

En conjunto, el comportamiento del sector exterior refleja una fase de transición: por un lado, un aumento de importaciones ligado a nuevas inversiones que puede anticipar crecimiento futuro; por otro, una pérdida de impulso en los sectores tradicionales que han sostenido históricamente las exportaciones.

Agricultura y ganadería

El sector primario aragonés combina dos tendencias claras en los últimos años: una producción agrícola muy variable y una ganadería en retroceso. En los cultivos, el ejemplo más claro son los cereales, muy dependientes del clima. La producción pasó de 3,85 millones de toneladas en 2021 a 3,12 en 2022 y se desplomó hasta 2,01 millones en 2023, un 48% menos en solo dos años.

La caída de 2023 está directamente ligada a la sequía. En 2024 hay una recuperación parcial, hasta 3,02 millones de toneladas, pero sin volver a los niveles previos. Las oscilaciones reflejan la exposición del sector a episodios climáticos cada vez más extremos.

En ganadería, la tendencia es distinta y más constante. El número de cabezas de ovino ha bajado de 1,46 millones en 2021 a 1,16 millones en 2024, un 20,6% menos en tres años en un descenso sostenido. El descenso también se deja notar en el factor humano: Aragón pierde aproximadamente un agricultor o ganadero al día. Solo en 2025 desaparecieron 385 profesionales, en un contexto en el que las incorporaciones no logran compensar las jubilaciones y abandonos. La elevada edad media —en torno a los 62 años— y las dificultades para iniciar una explotación sin una base previa refuerzan la idea de un problema de relevo generacional que trasciende lo coyuntural. A eso se suman problemas que van más allá de la producción. La rentabilidad, las condiciones de vida y el acceso a vivienda —especialmente en zonas de montaña— dificultan fijar población agraria.

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