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Sánchez le aguanta el pulso a Trump con la guerra de Irán
Los cuatro escenarios que puede dejar la guerra en Oriente Medio
Opinión - 'Cuando la guerra ya no necesita excusas', por Alberto Garzón
CRÓNICA

Cuando los presuntos patriotas se ponen de rodillas ante Trump

Sánchez y Trump en la cumbre del G20, en Osaka, en 2019.
4 de marzo de 2026 23:16 h

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En menos de 24 horas, el principal argumento de Alberto Núñez Feijóo contra Pedro Sánchez quedó desactivado. “No podemos quedarnos solos. No podemos quedar aislados”, había dicho el líder del PP. Emmanuel Macron, António Costa y hasta Friedrich Merz se apresuraron a afirmar que no van a dejar solo al presidente del Gobierno español frente a la ira de Donald Trump. No tenían alternativa. Una cosa es aceptar que deben ser humillados en público de vez en cuando por el presidente de EEUU y otra muy diferente dejar que sea Trump quien decida cómo deben funcionar las instituciones de la UE.

“Toda amenaza a un Estado miembro es una amenaza contra la UE”, dijo uno de los vicepresidentes de la Comisión Europea. No para Feijóo. La crisis provocada por las amenazas de Trump a España es una oportunidad para él. Su problema es que tiene que tomar partido por un presidente norteamericano muy impopular en España y en toda Europa. Solo le queda repetir el guion de costumbre. Sánchez tiene la culpa de todo, de lo que haga EEUU y de lo que haga Irán. Los primeros ministros de Canadá y Australia podrían recordarle que ganaron las elecciones gracias a que sus rivales se pusieron del lado de Trump.

Sánchez lo tiene más claro. Toca envolverse en la bandera y regresar a 2003 y la invasión de Irak. No hay que repetir “los errores del pasado”. Recuerda lo que contaba el “trío de las Azores” sobre las armas de destrucción masiva. La solución no reside en “practicar un seguidismo ciego y servil”. El eslogan es el mismo que funcionó antes: “En definitiva, la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”.

Guerra total es la opción elegida por el Gobierno de Trump hasta sus últimas consecuencias. A pesar de que no cuenta con la autorización del Congreso, como marca la Constitución de EEUU, se ha embarcado en una campaña militar masiva contra el Gobierno de Irán y ha asesinado al líder del país y casi toda su cúpula militar. El número de muertes supera el millar.

Desde este miércoles, no se limita al territorio de ese país. Un submarino de EEUU hundió una fragata iraní en la costa de Sri Lanka que regresaba después de participar en unas maniobras militares organizadas por India. Ni siquiera tienen la intención de limitar la guerra a Oriente Medio.

Sánchez tampoco está solo si tenemos en cuenta la posición de la opinión pública internacional. El rechazo a la actuación militar de Trump alcanza el 59% en EEUU en una encuesta de CNN. El apoyo está en el 41%. Este último porcentaje es inferior (27%) en el sondeo de Ipsos para Reuters. Entre los votantes republicanos, el número es superior (55%), pero se queda muy lejos de las cifras habituales en EEUU en tiempos de guerra. Entre los británicos, el 49% está en contra de la ofensiva contra Irán (un 28% está a favor), según un sondeo de YouGov.

Lo que dice Feijóo está muy alejado de las palabras del Papa León XIV de hace unos días: “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable”. En estos casos, los dirigentes conservadores no se atreven a afirmar que el Papa defiende al régimen de los ayatolás o que es un ignorante buenista que debería estar callado. Con los enemigos internos, no hay tanto problema.

El cardenal Parolin, secretario de Estado del Vaticano, dijo el miércoles que los ataques de EEUU e Israel debilitan el Derecho internacional: “Si se reconociera que los estados tienen derecho a entablar una guerra preventiva, todo el mundo se arriesgaría a verse sumido en las llamas”.

Feijóo tiene su propia teoría al respecto: “Antes del Derecho internacional están los derechos humanos, y en Irán no se protegen”. El Derecho internacional y los derechos humanos son conceptos indisolubles, al menos desde la Segunda Guerra Mundial. Todos los tratados internacionales aprobados desde 1945, incluidas las Convenciones de Ginebra, se basan en principios como la soberanía de los estados y el respeto de los derechos humanos tanto en tiempo de paz como de guerra. No permiten que un dirigente político, sea Trump o Feijóo, decida por su cuenta cuando hay que aplicar excepciones.

El canciller alemán Merz se vio sometido al mismo tratamiento que Zelenski en el Despacho Oval de la Casa Blanca. No quiso contradecir a Trump en público cuando amenazó a España, pero después dijo que EEUU no puede tratar a España de forma singular con sanciones comerciales, sino que debe negociar con la UE en su conjunto.

Macron afirmó que el ataque a Irán viola el Derecho internacional. Lo mismo que había dicho el día anterior Keir Starmer, primer ministro británico. En ese punto, cualquiera diría que el que se quedará solo será Feijóo, porque nunca se atreverá a cambiar de posición. Y no hay que olvidar que su defensa de los derechos humanos no era tan contundente en relación con el genocidio de Gaza.

La reacción de Vox era previsible. Su alianza con el trumpismo es irreversible por muchas sanciones comerciales que apruebe Trump contra los productos del campo español. Por eso, ha traducido al inglés sus tuits con mensajes de Abascal y poder distribuirlos en el mundo MAGA. “Pedro Sánchez es lo peor que ha pasado a los españoles en muchos siglos”, dice el líder de Vox. Lógicamente, incluye el franquismo.

Siempre preparado para meter el puño entero en la herida, Óscar Puente puso la bandera de España en su foto de perfil de Twitter. Los presuntos patriotas han quedado descompuestos. Entre Trump y Sánchez, no tienen dudas. Lo correcto es alinearse con el enemigo extranjero. Es el momento de renegar de todas las extremidades que perdió Blas de Lezo luchando contra los invasores.

Las escenas surrealistas se repiten en televisión. Ana Rosa Quintana dice que la situación actual nos devuelve al franquismo. Cándido Méndez aparece en Antena 3 hablando como experto en “legalidad internacional”. José Carlos Díez advierte de que España se arriesga a quedarse “sin electricidad”. El Confidencial afirma que “era de esperar que Trump acabase respondiendo a las críticas y provocaciones” de Sánchez.

El nacionalismo español, o al menos algunos de sus más eximios seguidores, han preferido elegir el papel de los cachorros que mueven la cola cuando tienen cerca al amo y esperan recibir comida. Son prácticamente los únicos en Europa que conceden a Trump el beneficio de la duda. Cuentan con una ventaja con respecto al tiempo anterior al Derecho internacional contemporáneo. A los traidores ya no se les cuelga de las farolas.

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