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CRÓNICA

La factura del PSOE por Santos Cerdán sigue sumando ceros

Santos Cerdán en la comisión de investigación del caso Koldo en el Senado en diciembre de 2025.
3 de junio de 2026 22:51 h

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El PSOE ya debería tenerlo claro. Por mucho que corra, Santos Cerdán siempre le terminará pillando. Por precisar, todo lo que Cerdán hizo cuando era secretario de Organización del partido, lo que le convertía en la práctica en el hombre que daba las órdenes que había que cumplir. Eso era así porque Pedro Sánchez le había elegido para el cargo en sustitución de José Luis Ábalos. Le entregó las llaves del partido y el acceso a sus cuentas corrientes, le dio una palmada en la espalda y le dijo: tú te ocupas de todo. Dicho esto, se subió al coche y se volvió a Moncloa.

Viene esto a cuento de los titulares que aparecieron el miércoles por la publicación del contenido del sumario de la Audiencia Nacional sobre las maniobras realizadas para atacar la credibilidad de las investigaciones policiales y judiciales que perjudicaban al Gobierno. Al final, no importa tanto que el sujeto de esas frases sea 'Santos Cerdán' o 'el PSOE'. Era lo mismo. No había más PSOE que lo que Cerdán decidiera o las medidas que pusiera en marcha. Todo lo demás estaba en el Gobierno ocupándose de las cosas a las que se dedican un presidente y sus ministros. La alta política, como les gusta decir. En la baja política, Cerdán tenía las manos libres para establecer sus prioridades.

Cuando te metes en una operación para desacreditar a policías, jueces o fiscales, no puedes ir por ahí diciendo que no conoces a nadie de arriba o que eres una mindundi. Todo lo contrario. Haces promesas para obtener información y las respaldas con el argumento de que podrás cumplirlas. Dinero, ascensos o lo que sea. Si no lo haces, nadie te va a contar nada, porque tus interlocutores se preguntarán qué van a sacar a cambio en beneficio propio. En esos momentos, Leire Díez se presentaba como la señora Lobo del PSOE. Ella estaba ahí para arreglarlo todo. Como en 'Pulp Fiction', aparecería de improviso y sería la salvadora del partido.

A los socialistas les gusta decir que son un partido de 140 años de historia. Ahora tendrán que asumir que esa trayectoria se resumió en un momento dado en Santos Cerdán, Leire Díez, Gaspar Zarrías y el empresario Javier Pérez Dolset. No es precisamente la alineación que eliges para disputar un Mundial o para que te resuelva un problema de reputación. Lo más probable es que te envíe a lo más profundo de una fosa submarina.

La respuesta socialista fue marcar distancias con los implicados. “La documentación conocida hoy es una suma de comportamientos individuales de farsantes, oportunistas y resentidos que han usado el nombre del PSOE en vano y en falso, muy a pesar del PSOE”, dijo su secretaria de Organización, Rebeca Torró. El problema es que las órdenes en ese grupo de “farsantes” las daba Cerdán, según el sumario, y ya sabemos quién puso al navarro al frente de Ferraz.

Quien también deberá dar explicaciones es la directora general de la Guardia Civil. La UCO ha desvelado tres encuentros de Mercedes González con Leire Díez, presumiblemente para que investigaran las filtraciones de las investigaciones a los medios. Sí se abrieron “informaciones reservadas” en el Cuerpo, pero se cerraron después sin que hubiera ningún expediente disciplinario. Leire Díez presumía de tener amistad “con la DG de la GC”.

El informe de la UCO que aparece en el sumario indica que la operación dirigida por Leire Díez y financiada por Cerdán tenía como objetivo proteger los intereses del Gobierno y “desestabilizar” causas judiciales que “directa o indirectamente presentaban afectación a miembros del PSOE o el Gobierno”. Cerdán se ocupaba de poner el dinero que permitiera “dar cobertura logística a las acciones de este grupo”. “Habría puesto a disposición de la estructura criminal la propia estructura del partido”, dice el informe. Se hicieron pagos a Díez a través de una empresa de Gaspar Zarrías, exvicepresidente del Gobierno andaluz, al que la Guardia Civil encontró 19.850 euros en su casa en un registro.

No hay pruebas o indicios en el sumario que acusen directamente a Pedro Sánchez a partir de lo que él dijo o hizo. Tratándose de un informe de la UCO, no faltan las deducciones, un terreno en que se puede hacer volar la imaginación. Relatan una conversación entre Díez e Ismael Oliver, que fue el primer abogado de Koldo García, con esta frase del segundo: “Y dile al presidente y a tu jefe que espabilen de una pura vez (sic) o les van a joder la vida”. El jefe sería Cerdán y el presidente ya sabemos quién es. Acto seguido, los agentes proceden a especular con lo que eso podría significar, basándose también en otras frases de Díez: “En este caso y en palabras de Leire, lo que se evidenciaría del contenido de los mensajes anteriores es el conocimiento por parte del presidente del Gobierno de la actividad que venía desarrollando la propia Leire”.

Evidentemente, el juez de instrucción no está obligado a asumir como propios estos comentarios. Una vez que aparecen en un informe policial, su utilidad cobra una vertiente nada menor, porque pueden aparecer en los medios de comunicación. De ahí, el titular de ABC: “La UCO sostiene que Pedro Sánchez conocía el trabajo de las cloacas del PSOE”. Con eso es suficiente para que el Partido Popular dé por hecho que Sánchez dirigía una “organización criminal” y que tendrá que declarar como testigo en la Audiencia Nacional o algo peor.

Para comprobar hasta qué punto podían llegar Díez y sus cómplices, en el informe aparece una reunión de ella con el abogado del comisario José Manuel Villarejo al que también hicieron una oferta. Villarejo, el rey de todas las conspiraciones con sus correspondientes grabaciones. A cambio de la información que creían que podía aportar, le ofrecieron conseguir que la investigación del caso Tándem contra él se quedara en “una multa y pena de cárcel pequeña” gracias a un supuesto contacto con la Fiscalía. Lo importante era hacer promesas que resultaran irresistibles. El abogado, que seguro que conocía bien a su cliente y los procedimientos judiciales que había contra él, rechazó la oferta. Todo le parecía “poco creíble y muy fantasioso”.

Lo que no es una fantasía es que esos contactos se produjeron. Por mucho que nadie ha conseguido probar que tuvieran éxito –de hecho, todas las investigaciones judiciales que perjudican al PSOE han seguido su curso–, han quedado reflejados en informes policiales y autos judiciales a partir de comunicaciones interceptadas. Ser un inepto al intentar obstruir la acción de la justicia no es un atenuante. A los socialistas no les será suficiente con afirmar que todo quedará en Santos Cerdán. La respuesta obvia a ese argumento vendrá en forma de pregunta: ¿quién puso a Cerdán en un puesto que le dio tanto poder?

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