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Trump, atrapado en la guerra a la que le empujó Netanyahu

El presidente de EEUU, Donald Trump (izquierda), y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en el Despacho Oval en Washington en julio de 2025.

Javier Biosca Azcoiti / Víctor Honorato

2 de junio de 2026 22:03 h

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Trump lanzó la guerra contra Irán arrastrado por Netanyahu y ahora le necesita para salir de ella. Su aliado en Israel, sin embargo, no se lo pondrá fácil. Cuando parecía que Irán y EEUU estaban cerca de un acuerdo, Israel intensificó su ofensiva en Líbano. Este lunes, la agencia semioficial Tasnim, próxima a la Guardia Revolucionaria de Irán, anunció la retirada de la delegación persa de las negociaciones ante los ataques de Israel en Líbano. Poco después, Trump aseguró en su red social que había hablado con Netanyahu y habían acordado detener los ataques. Netanyahu respondió con un tuit: “Nuestra posición se mantiene firme. El Ejército continuará actuando según lo planeado en el sur de Líbano”.

“Estás jodidamente loco”, respondió Trump, según recoge el medio Axios citando fuentes de la Casa Blanca. “Estarías en la cárcel si no fuera por mí. Te estoy salvando el pellejo. Ahora todo el mundo te odia. Todo el mundo odia a Israel por esto”, clamó, según esta versión. Mariano Aguirre Ernst, Investigador no residente del Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB), señala a elDiario.es que “EEUU necesita que Israel detenga la guerra en Líbano para poder salir de la guerra en Irán. Israel es un actor disruptor y no tiene ningún interés en que la guerra pare”.

“Lo interesante es que los iraníes conocen perfectamente las debilidades de Trump. Tienen mucha más experiencia negociadora en guerras y están jugando con el tiempo y una suerte de guerra psicológica. Cada vez que Trump dice ‘casi lo tenemos’, ellos dicen que no saben de qué están hablando”, explica Aguirre. “Los iraníes no se han empeñado en que les restituyan el dinero congelado, aunque lo tienen en su lista de peticiones, sino que lo que dicen es que Israel tiene que parar la guerra en Líbano y, si no lo hace, Trump no tendrá acuerdo y sufrirá en las elecciones de noviembre”.

EEUU necesita que Israel detenga la guerra en Líbano para poder salir de la guerra en Irán. Israel es un actor disruptor y no tiene ningún interés en que la guerra pare

Mariano Aguirre Ernst Investigador no residente del Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB)

Por otro lado, el analista señala que los anuncios de Trump en redes sobre la cercanía de un acuerdo son falsos. “Trump anuncia lo que le gustaría que pasara y lo que sueña. Cuando dice que Irán le implora llegar a un acuerdo es mentira. No hay absolutamente ningún indicio”, dice.

Buscando un cabeza de turco

Aaron David Miller, analista, extrabajador del Departamento de Estado durante 24 años y exnegociador estadounidense en el conflicto en la década de los 90, señalaba este martes en X: “Mientras la izquierda le critica duramente por iniciar la guerra y parte de la derecha le acusa de haberla perdido, Trump buscará culpar a otros. Es muy posible que Netanyahu encabece su lista”. Miller recordaba cómo tras su primera reunión con Netanyahu en 1996, el expresidente Bill Clinton salió irritado y le dijo a sus asesores: “¿Quién es aquí la puta superpotencia?”. 

Una de las interpretaciones de los aparentes rifirrafes entre Trump y Netanyahu es, en línea con lo anterior, que sean manifestaciones más efectistas que reales. No en vano, la ayuda militar estadounidense a Israel es tan extraordinaria que la mera amenaza de suspender o retirar partidas ha condicionado históricamente las decisiones militares israelíes sobre el terreno. Ya en 1957, el presidente Dwight Eisenhower amenazó con detener la asistencia a Israel si el ejército no se retiraba del Sinaí tras la crisis de Suez. El Ejecutivo de David Ben-Gurion reculó, a regañadientes.

Sostén militar imprescindible

EEUU entregó a Israel 244.000 millones de dólares en asistencia militar entre 1946 y 2024, más que a ningún otro país en el mundo —Ucrania recibió en el mismo periodo 61.000 millones—. La inmensa mayoría de esta ayuda son subvenciones que no están sujetas a devolución. “Israel es el único [país] que recibe este presupuesto y tiene permitido gastar parte del mismo en su propia industria de defensa”, explicaba a finales de marzo a elDiario.es Daniel Levy, exnegociador israelí y presidente del US/Middle East Institute.

Mientras la izquierda le critica duramente por iniciar la guerra y parte de la derecha le acusa de haberla perdido, Trump buscará culpar a otros. Es muy posible que Netanyahu encabece su lista

Aaron David Miller Analista y exnegociador estadounidense en el conflicto árabe-israelí

Con Trump, la publicación del tenor de sus filípicas a Netanyahu es reiterada. Una de las más sonoras, a cuenta del segundo alto el fuego en Gaza —hoy prácticamente papel mojado— al que Hamás se avino con ciertas condiciones en octubre del año pasado. “No sé por qué siempre eres tan jodidamente negativo. Esto es una victoria, acéptala”, parece ser que le espetó el estadounidense al israelí, según informó entonces, al igual que este martes, el medio Axios.  

Y el mes pasado, también a cuenta de las negociaciones con Irán, de nuevo Axios volvió a citar fuentes gubernamentales estadounidenses que daban cuenta de una “tensa” y “difícil” conversación entre ambos mandatarios durante la que Netanyahu se mostró tan contrariado que tenía “el pelo en llamas”, según la expresión anglosajona citada por el medio. El propio Trump se jactaba en una intervención pública el 20 de mayo: “Netanyahu hará lo que yo quiera que haga”.

Un soldado israelí en territorio libanés, visto desde el otro lado de la frontera el 6 de mayo.

El disenso mediático tampoco se compadece con la integración cada vez mayor en la estrategia militar de los dos países. Un reciente artículo de Ben Freeman, experto del Quincy Institute for Responsible Statecraft, llama la atención sobre el apartado 224 de la ley de autorización de seguridad nacional para 2027 que tramita actualmente el Congreso de EEUU. “Fusionaría los sectores de defensa de EEUU e Israel en múltiples áreas vitales para los campos de batalla del futuro, como los sistemas autónomos y la ciberseguridad”, advierte.

Freeman también apunta que la adenda permitiría a Israel construir o ampliar fábricas conjuntas con EEUU en suelo estadounidense y generar puestos de trabajo: una herramienta de presión laboral con la que extender su influencia en la política del gran aliado.

Bronca real o teatro mediático

Para algunos, la bronca entre mandatarios sería una estrategia interna para intentar demostrar que Trump no hace seguidismo de Bibi ante la evidencia del fracaso de la guerra y su cada vez mayor desesperación por salir de ella sin dañar su imagen, tras tres meses de contienda en las que la improvisación ha guiado la actuación de Washington.

Ideas poco reflexionadas como la de asesinar a toda la cúpula iraní para lograr un cambio de régimen e instalar en su lugar a un líder tutelado en una operación análoga a la que llevó al poder en Venezuela a Delcy Rodríguez. Aguirre Ernst recuerda que Trump entró en la guerra convencido por Israel y pese a las advertencias en contra de la CIA. Por eso el presidente necesita vender un “cambio de régimen” que no ha ocurrido.

Entre los groseros errores de cálculo que se achacan a Trump y su equipo destaca asimismo la falta de preparación para el cierre del estrecho de Ormuz, una eventualidad que anticipaban todos los ejercicios militares y geoestratégicos que se vienen realizando al respecto de Irán prácticamente desde el triunfo de la revolución islamista.

En ese sentido, The Guardian citaba la semana pasada unas declaraciones del director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, en las que explicaba que la segunda pregunta que hacen a los candidatos en las entrevistas de trabajo —tras la genérica “por qué quieres trabajar aquí”— es: “¿Qué harías en caso de cierre del estrecho de Ormuz?”.

Con este mar de fondo, el secretario de Estado, Marco Rubio, compareció el martes ante el Senado para dar cuenta de sus prioridades de gasto en una larga sesión en la que abordó la situación de las negociaciones en Irán a preguntas de los congresistas. Una de las cuestiones que se planteó en la cita es si la reapertura de Ormuz podrá llevar aparejada el levantamiento de las sanciones a Irán. De entrada, Rubio lo negó, pero después matizó que “todo alivio de las sanciones está condicionado a que se resuelva el motivo por el que se impusieron, que es su programa nuclear”. 

El secretario de Estado tampoco dio una fecha para la conclusión de las negociaciones, que la semana pasada dependían, según Trump, únicamente de su decisión “final”, pero que hoy vuelven a estar en el aire. El acuerdo provisional con Irán “podría concretarse hoy, mañana o la semana que viene”, despejó.

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