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CRÓNICA

El cardenal Bolaños tiene claro quién acabará en el infierno

Bolaños en la sesión de control del 10 de junio.
10 de junio de 2026 22:18 h

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Un tuitero ultraderechista está a punto de blasfemar al comprobar los elogios que León XIV ha despertado en parte de la izquierda, en especial por su discurso en el que pide tratar a los inmigrantes con la dignidad que se merecen. Se dirige a los católicos para que despierten: “¿No os preocupa que esté toda la izquierda anticristiana y demoniaca alabando a este señor?”. Verás cómo se pone cuando descubra que el Gobierno es capaz de decidir quiénes irán al cielo (en el caso de que exista). A ver si resulta que Leire Díez se ha reunido con San Pedro y le ha convencido sobre las futuras normas de admisión. Lo que no está claro es qué le prometió a cambio.

Sea por un uso preconciliar de la ironía o porque el Gobierno se ha enamorado del Papa, Félix Bolaños utilizó la metáfora –a falta de una palabra mejor– en sus respuestas a la oposición en la sesión de control. Ante la indignación bíblica de Cayetana Álvarez de Toledo por las acusaciones de corrupción, el ministro demostró una sorprendente seguridad a cuenta del destino del alma de su contrincante: “Nosotros acabaremos en el cielo y ustedes ardiendo en el infierno”. Y se supone que allí sufrirán todo tipo de castigos terribles, como escuchar los discursos de Feijóo durante toda la eternidad.

No le pareció suficiente decirlo una vez al responder a su némesis particular. Lo mismo le dijo a Pepa Millán, portavoz de Vox en el Congreso. “Tenga cuidado que el infierno está cerca”. Aún más cerca que la fecha de las próximas elecciones, que el Gobierno insiste en que no se celebrarán hasta 2027, es decir, cuanto más tarde, mejor, porque ahora sería una escabechina.

Será que estamos asistiendo a un renacimiento religioso del Gobierno. Por la noche, León XIV asistió a la inauguración de la Torre de Jesús, su punto más elevado. Un momento importante para la sociedad catalana al que el Gabinete se unió con tal fervor que catorce ministros se desplazaron a la capital catalana allí, además de su presidente. Después de esto, a Sánchez ya sólo le falta pedir al Papa que convoque un concilio y que se celebre en España. Lo de ponerse a estudiar Teología ya le pilla un poco mayor.

León XIV abandonó Madrid y el PP llegó a la conclusión de que se había ido de España. Su siguiente etapa era Barcelona y Canarias vendrá después. Todo eso le pilla muy lejos al partido, que no se siente concernido por las palabras del Papa en su discurso en el Congreso cuando dijo que “la firmeza no exige desprecio” y que “la discrepancia no conlleva humillación”. La 'tregua vaticana' había llegado a su final y tocaba volver al martillazo en las partes nobles. Pero, oye, es por el bien de la democracia.

Las últimas revelaciones sobre las gestiones de Leire Díez para perjudicar a los jueces y fiscales que investigan al Gobierno fueron como un regalo de los cielos. El desprecio y la humillación fueron la carta elegida por Alberto Núñez Feijóo, que acusó a Pedro Sánchez de ser “financiador e inductor” de la trama corrupta. Hubo espacio para los hechos conocidos y los imaginados. Entre las frases que le prepararon para su intervención: “Zapatero parece que era la joya de la red internacional corrupta”. Con el 'parece' siempre se llega muy lejos en política.

Feijóo atacó a Sánchez con el “P.S.” que figura en las anotaciones del cuaderno de Leire Díez, tomado ya como si fuera una prueba irrefutable o el texto fundacional del sanchismo. Mencionó “la financiación de las primarias con dinero de la prostitución”, un golpe bajo para estar a la altura de los avisos planteados por el Papa. Sánchez respondió con el “M. Rajoy” y refiriéndose al “partido de Marcial Dorado”. Todo muy edificante, como para que ambos fueran a acabar en un infierno imaginado por El Bosco.

Sánchez presumió de que Ferraz tiene mejor reputación que Génova. “Yo me siento en una sede en la calle Ferraz que no está financiada con dinero negro”. Un diputado del PP –seguro que devoto católico– le llamó a gritos dos veces “¡¡gilipollas!!”.

Gabriel Rufián no intervino en la sesión de control, pero enseñó la patita en los pasillos y Twitter para enviar un mensaje a Sánchez. “El Gobierno debería entender que el 'y tú más' es 'y yo también'. No vale decir que el PP es peor y punto. La izquierda somos otra cosa”. Tanto el PSOE como el PP son muy dados a afirmar con voz tronante que no aceptan lecciones del rival y a enumerar sus oscuros antecedentes. No cabe duda de que ahí cuentan con un extenso catálogo de ejemplos, aunque eso raramente ha salvado a un Gobierno.

El portavoz de ERC también dio una opinión al afirmar que cree que Sánchez conocía las maniobras de Leire Díez, aunque de eso no ha aparecido ninguna prueba concreta. El PP lo da por hecho, como da por seguro que Sánchez lo sabía todo de todos los casos investigados, hasta de los chanchullos de Tito Berni. Rufián dijo que concede veracidad a la agenda de Díez, cuyas anotaciones han comenzado a aparecer en los medios esta semana, de la misma forma que dio veracidad a los papeles de Bárcenas. Pero como no hay pruebas de que el PSOE se financió ilegalmente, no cree que tenga que retirar su apoyo al Gobierno.

Fue otra sesión para ir matando el tiempo a la espera del Mundial de fútbol y las vacaciones de verano. El Gobierno no se inmutó porque siempre le quedarán casos de corrupción del PP para recordar. El PP pisó el acelerador, pero ya va en quinta desde 2023 y su motor no da más de sí. Hay un convencimiento generalizado de que la mayor oposición que sufre el PSOE reside en los tribunales. Al menos es el sitio donde recibe las peores noticias. El Congreso queda para comentar la jugada.

Bolaños enseñó un arma nueva más apropiada para los tiempos incendiarios que se viven en la política. De todas formas, si lo de amenazar a la gente con el fuego eterno es un truco que hace mucho tiempo que no le funciona a la Iglesia, menos le va a servir a un Gobierno, ese Gobierno “demoniaco” del que hablaba el ultra que no soporta a León XIV.

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