Problemas que se votan en las urnas
Nada como una emergencia con riesgos de entidad, hasta vitales, para desnudar la realidad y, aun así, hay quien ni siquiera la ve. No es buena idea votar toreros en lugar de bomberos, ni despreciar los servicios públicos, ni poner en riesgo a personas por no “creer” en la evidencia científica del cambio climático. Ha sido sobradamente advertido por los hechos, por los hechos, pero mucha gente tiene serias dificultades para enterarse bien de lo que le concierne.
En una Europa abrasada por el calor a extremos desconocidos, España se lleva una de las peores partes. Desde luego ya es el país con más superficie forestal quemada, se ha duplicado además en dos semanas y ya van 120.000 hectáreas calcinadas. Son múltiples los incendios ahora mismo en España, de norte a sur, de este a oeste.
Las alarmas se disparan cuando algo llega al ombligo del mundo, al Estado independiente de Madrid. Y lo cierto es que ha venido a lo grande. La situación se está calificando de crítica. Tres fuegos en zonas pobladas obligaban a evacuar a 20.000 personas en apenas dos días que han pasado a ser 50.000 en la tarde del viernes entre evacuados y confinados, pero las cifras van aumentando casi cada hora. La presidenta Ayuso, como siempre que hay problemas serios, ha recurrido al gobierno de España para que los resuelva y así estamos aquí en emergencia nacional. Ella se ha limitado a acudir a la zona disfrazada de 'Presidenta cazadora' con minishort y chaleco, abrazar señoras e insultar al ministro Puente y al delegado del gobierno, sin explicar sus recortes en prevención.
Por si faltara poco, la gravedad de los incendios se ha incrementado al fundirse los tres en un solo frente y coincidir con otro desatado en Ávila. Hasta tal punto es preocupante el momento que el gobierno español ha pedido ayuda a la UE y ha movilizado a 1000 militares y efectivos de otras comunidades para atajar los incendios de ambas localizaciones.
Algunos problemas se crean o no se resuelven en origen. Ayuso es de la facción que rechaza la certeza científica del cambio climático e incluso afirma que eso es cosa “de comunistas”, entre aplausos de su bancada de habitual.
Por supuesto que no todo es achacable al cambio climático y a las olas de calor extremo. Los incendios se previenen en invierno, con las medidas necesarias, y eso cuesta dinero que algunas comunidades -a las que compete esa tarea- prefieren dedicar a otros objetivos.
Los bomberos forestales de Madrid no han dejado de advertir del riesgo de grandes incendios este verano y de que la falta de personal ha afectado a las labores de prevención que deben realizarse en invierno. Y solo este miércoles pasado lo reiteraban otra vez.
Es impresionante ver a las comunidades autónomas que, ya con los nuevos gobiernos PP/Vox, siguen con sus políticas de recortes y acuden a la UME estatal para que resuelva los problemas que les competen a ellos. Y la grosera manipulación del personal, se aprecia en este sujeto de Castilla y León, del incendio de Ávila. Culpa a Pedro Sánchez.
Este mismo tipo se queja de que se dedique dinero al Desarrollo pero no de las subvenciones a las pérdidas de la obra de Nacho Cano o similares. Es otro problema a sumar. Tanto el PP como sus medios se apuntan a ese diluir responsabilidades culpando a otros y a declarar que es al revés: un clásico. O, como mucho, el famoso rifirrafe de este dice y el otro dice.
A lo largo del día el clima político ha empeorado. Mientras, se seguían desalojando poblaciones por orden del Ministerio del Interior, Feijóo se ha lanzado a felicitar a sus presidentes autónomicos por la labor que están realizando en los incendios sin mencionar al gobierno. Y, entre otros, el jefe de gabinete de Ayuso, el inefable Miguel Ángel Rodríguez, en lugar de estar partiéndose el lomo trabajando “terciaba” en el insulto al ministro Oscar Puente. En serio, con esta gente no hay nada qué hacer.
Urge suscribir un acuerdo para paliar el cambio climático, pero esas pasan por partidos que -como Vox en Andalucía- exige expresamente “combatir…el terrorismo climático”, es decir las medidas de prevención porque se supone que al aplicarlas restan beneficios empresariales en el campo, por ejemplo. Incluso, con los terribles incendios actuales, salen voces “voxeras” culpando a la Agenda 2030 que ellos combaten. ¿Y Abascal? dice que “la culpa de los incendios es del fanatismo climático”, con un par. De neuronas. Pero, como decíamos, hay mucha gente con serias dificultades para ver la realidad por muy cruda que se muestre. Es de vital importancia que cada ciudadano entienda cuáles son sus prioridades reales. Y las de la sociedad en la que vive y entender que puede verse perjudicada por sus decisiones estúpidas.
Conozco de primera mano la virulencia del fuego, lo incontrolable de ese fenómeno, en un inolvidable reportaje para Informe Semanal en el que anduvimos de noche por campos gallegos. Produce una sensación de impotencia indescriptible, algo incontrolable desde la pequeñez y vulnerabilidad humana. De ahí, un enorme respeto a cuanto se haga por evitar los incendios. Por quienes los combaten que no es tarea fácil, ni cómoda. El fuego indiscriminado ahoga la tierra que respira por el bosque y a veces se lleva tanto en vidas, haciendas y recuerdos que no se comprende la frivolidad con la que se aborda desde una silla o ante un micrófono. Sean serios de una vez. O si no prueben a discutirlo, mejor que en las redes o en los medios, al lado de un fuego que arde sin control.
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