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La era de los ‘superincendios’ desata la emergencia en España
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La era de los ‘superincendios’ desata la emergencia en España

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Daniel Sánchez Caballero

25 de julio de 2026 22:46 h

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Espoleado por la gran cantidad de combustible disponible y unas condiciones meteorológicas propicias, el fuego devora el territorio a ritmos nunca vistos. “Estamos detectando en algunos incendios velocidades e intensidades de propagación no registradas antes. Lo vimos este año en Los Gallardos, Almería, pero también el pasado en León”, ilustra Raúl de la Calle Santillana, secretario general del Colegio Oficial de la Ingeniería Forestal.

La situación este fin de semana es “muy complicada”, según los equipos encargados de tratar de contener la emergencia nacional que han activado los fuegos de Madrid y Ávila —ampliada a última hora de la tarde a Toledo, al reactivarse el incendio de Almorox—, donde más de una veintena de municipios ha sido evacuados y otros siete confinados. En total, en estas localidades viven casi 90.000 personas, a las que se han sumado durante este sábado los confiamientos de varias urbanizaciones por el fuego en Cubelles (Barcelona) y el municipio de Vilavella (Castellón).

La velocidad e intensidad con la que se propagan los incendios este verano la observan con preocupación los expertos y la sufren los municipios. Arturo Varas, alcalde de El Tiemblo, Ávila, habló de “infierno” para describir el incendio que azota desde esta semana la provincia castellanoleonesa, con llamas de “12 o 13 metros”, que avanzan a una velocidad “increíble”. “Estos incendios son los que realmente hacen daño, porque obligan a evacuaciones masivas. [La normativa] pone en primer lugar las personas y las infraestructuras y luego el medio natural (flora y fauna) y los medios de extinción quedan secuestrados y son difíciles de atacar”, continúa De la Calle.

Justo el escenario que se está dando en el límite entre Ávila y Madrid, donde se desataron tres fuegos de una gran intensidad que forzaron la declaración de emergencia nacional en la zona y la evacuación o confinamiento de más de 90.000 personas de varios municipios. Una situación, advierten los expertos, que va camino de convertirse en la nueva normalidad en lo que a la evolución de los incendios se refiere.

El mapa de los incendios activos en España en 2026

Superficie quemada detectada por satélite y focos activos captados por los satélites de la NASA en las últimas 24 y 48 horas.

Áreas quemadas Últ. 30 días Anteriores
Incendios activos Focos 24 h Focos 48 h
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Fuente: EFFIS (Copernicus) y NASA FIRMS

“La voracidad de los incendios que afectan a Toledo, Madrid y Ávila responde a una acumulación de factores entre los que destacan dos años seguidos muy lluviosos con un súbito parón de lluvias en mayo y la llegada inmediata del verano con altas temperaturas constantes y baja humedad”, explicó al Science Media Centre (SMC) de España Eduardo Rojas Briales, profesor de la Universitat Politècnica de València y ex subdirector general de la FAO. “A ello se suma que se trata de la zona del sistema Central con menor precipitación por la reducción de la altitud de las cotas más altas y, por ello, una vegetación más xerófita [adaptada a ambientes secos] y proclive a quemar que en otras áreas del sistema Central”.

De la velocidad a la intensidad

Bajo las condiciones adecuadas, que en los últimos años encuentran por todo el territorio nacional, los incendios pueden entrar en un bucle peligroso. “El fuego corre y corre”, simplifica Rubén Laina, profesor en la Escuela de Ingeniería Forestal de la Universidad Politécnica de Madrid. “Empieza a correr y al principio tiene mucha velocidad, pero no intensidad (el calor que desprende la llama). Pero se va cargando de intensidad y puede comenzar un comportamiento convectivo, la siguiente fase de peligrosidad, que es cuando el propio incendio se retroalimenta. Empieza a generar sus propias corrientes de aire y a transmitir calor en todos los sentidos y direcciones. Ese comportamiento genera una onda electromagnética que no es llama, pero que predispone la vegetación que tiene delante a quemarse”.

El incendio de Selas, en Guadalajara, devoró 2.000 hectáreas en 24 horas, recuerda Laina. En el de Tres Cantos se registraron velocidades de 10 kilómetros por hora, un ritmo que la persona promedio no aguanta a pie. “Es una velocidad descomunal, bastante con que la gente se pueda poner a resguardo”, asegura el profesor. En el incendio de Burgohondo, que se originó el miércoles, han ardido ya unas 25.000 hectáreas y en el trío de fuegos de Madrid, que acabaron convirtiéndose en apenas tres días, cerca de 18.000 hectáreas.

La velocidad a la que se propagan los incendios también explica por qué es relativamente habitual que un fuego que empieza en una zona habitada, o cerca de una, se descontrole en minutos, pese a que pueda ser tentador pensar que es sencillo sofocar un fuego que acaba de originarse, por ejemplo provocado por una máquina agrícola, como ha sucedido en Ávila, donde el Seprona atribuye el origen del fuego a una “chispa” causada por el uso de maquinaria pesada en una zona prohibida.

O en La Mierla (Guadalajara). “En aquel caso el fuego alcanzó los 20 metros por minuto en algún momento. ¿Cada cuánto tiempo mira hacia atrás (que es donde se producen los incendios) un agricultor que va en una cosechadora? Te despistas un minuto y tienes una línea de fuego de 20 metros. Eso no lo apagas ya, pese a que están obligados a tener un extintor de 15 litros. Y ya puede llegar el helicóptero a la media hora, que tampoco”, pone como ejemplo. Si el combustible es un cultivo o pastizal seco, la velocidad se puede disparar hasta los 20 kilómetros por hora, asegura De la Calle.

“Llevamos advirtiendo esto muchos años”

Como explicaba Laina, tras la velocidad llega la intensidad. Que cada vez es mayor, según detectan los expertos. “La intensidad de las temporadas de incendios ha aumentado entre un 30% y un 40% a nivel promedio en las últimas décadas. Llevamos advirtiendo de esto muchos años”, insiste en el SMC Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio. “Este aumento en la intensidad se debe a toda la energía guardada en los montes en forma de biomasa, como resultado del abandono rural y, en ocasiones, de políticas ambientales excesivamente proteccionistas. También, por otro lado, porque la atmósfera está cargada de energía desecante, como consecuencia de la quema de combustibles fósiles”.

Todo está confluyendo estos días en los fuegos entre Castilla y León y Madrid, como recordaba Rojas Briales, junto a unas características del terreno y ambientales óptimas para la propagación del fuego. “Desde la vertical de Ávila ciudad hasta prácticamente El Escorial, el sistema Central se hunde unos 1.000 metros, perdiendo mucha de su capacidad de atracción de lluvia y tormentas, facilitando también el intercambio de masas de aire más cálidas y secas desde el sur. Con ello, desaparecen los elementos templados y de alta montaña (pino silvestre, rebollo…) para ser sustituidos por pino pinaster y piñonero, además de encina. Adicionalmente, los suelos no retienen mucha agua ni nutrientes y son bastante superficiales”, explica sobre la violencia que se está registrando en los fuegos.

Y un incendio forestal intenso es difícil de apagar, a veces imposible. “Estos incendios son muy voraces, con mucha velocidad y una gran capacidad de liberación de energía que hace que sean inabordables o fuera de la capacidad de extinción”, sostiene De la Calle. El frente emite tanto calor que no se puede atacar de frente y toca contener y “esperar ventanas de oportunidad para que los medios de extinción puedan atacarlos con cierta seguridad”.

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