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CRÓNICA

Feijoomán, Arcadi Espada y la España siempre cabreada

Feijóo, en su rueda de prensa del miércoles.
22 de julio de 2026 21:26 h

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Hay errores periodísticos que se ajustan a un patrón de características muy determinadas. El columnista Arcadi Espada dejó un artículo preparado para que se publicara en El Mundo después del Mundial de fútbol. La premisa aparente era la derrota de España en alguna eliminatoria previa a la final: “La eliminación deja lecciones urgentes de cara a 2030, cuando España organizará el Mundial junto a Portugal y Marruecos”.

Por razones desconocidas, nadie se dio cuenta del error mientras todo el país estaba botando de alegría por el triunfo en la final ante Argentina. Pobres incautos. ¿Cómo podían estar eufóricos? Sería porque no habían leído el artículo que intentaba explicar “la magnitud de la decepción española en el Mundial”. Espada había decidido que solo se podía entender el fracaso como una metáfora del hundimiento de España a todos los niveles por ser un país marcado por “la desconfianza ante la excelencia”.

También le molestaba que se presentara a la selección “como símbolo de una España trans: mestiza, igualitaria y risueña”. ¡Con negros! ¡Con hijos de inmigrantes! “El mestizaje sin fusión es yuxtaposición”. Es igualar al país a la baja. Con toda esa gente de fuera, la calidad media del español iba a descender. De todas las tonterías que se dicen a veces al convertir el fútbol en una metáfora de la sociedad, esta es una de las peores, la de pensar que España está llena de mediocridad y que eso se termina reflejando en todos los ámbitos de forma inexorable.

Algunos dicen que la intención de Espada era irónica y que no hubo tal error. El periodista tiene la costumbre de utilizar la ironía para reafirmar sus argumentos, que por lo demás quedan bastante claros en el resto de sus artículos. Además, es difícil apreciar la ironía en una frase como la de la inconveniencia del mestizaje sin fusión. Coincide con otros artículos suyos que muestran su desdén por el bajo nivel de la población española que permite que le gobiernen partidos impresentables.

El miércoles, apareció Alberto Núñez Feijóo para ofrecer en rueda de prensa un balance del fin del curso antes de las vacaciones. Los políticos suelen hacer estos balances para contarnos la misma matraca que nos endosan en el resto del año, pero es difícil ignorarlos. Se supone que los medios debemos darles categoría de gran acontecimiento político. Como era de prever, el líder del PP hizo un resumen catastrofista del estado del país con el añadido de presentarse como el inminente salvador que lo solucionará todo. Feijoomán, el superhéroe que te rescatará de las garras del sanchismo. Muy pronto en sus pantallas.

La legislatura acabará en el verano de 2027, pero es probable que las elecciones se adelanten a marzo. Serán un mero trámite. Feijóo ya se ve como futuro presidente del Gobierno, que viene a ser lo mismo que pensaba en julio de 2023. Se presenta como el cirujano que salvará al enfermo en la mesa de operaciones, una retórica un tanto preocupante, porque siempre la han utilizado los líderes de movimientos autoritarios. No será simplemente un ejemplo de alternancia política normal en una democracia: “No será un relevo. Será una limpieza a fondo”.

Tenéis al país sucio y alguien tiene la obligación de pasar la fregona y llevar a cabo una “reconstrucción nacional”. Es un lenguaje más propio de países latinoamericanos con una penosa situación económica y de seguridad a los que se convence de que el mesianismo y devoción por el líder son un requisito imprescindible para la salvación nacional.

“Soy consciente de que el próximo será el Gobierno con más tareas pendientes desde el primero de Adolfo Suárez tras el franquismo”, dijo Feijóo. Si Abascal ya dijo en 2020 que el Gobierno de Pedro Sánchez era el peor de los últimos ochenta años –eso incluía el franquismo–, ahora Feijóo intenta estar a su misma altura para afirmar que tendrá por delante una tarea tan dura como la que tuvo Suárez después de la muerte de Franco. El líder del PP no entiende que cuanto más copia el lenguaje tétrico de Vox, más alimenta y consolida la bolsa de votos que van hacia ese partido.

En el plano más imaginativo, Feijóo prometió que no se limitará a “una gestión de los escombros heredados”. España continúa siendo la gran economía europea con más alto nivel de crecimiento, el país europeo que mejor ha sabido contener el aumento de los precios de la energía desde la invasión de Ucrania y con una economía que ha incrementado la cifra de afiliados a la Seguridad hasta por encima de los 22 millones, una cifra que se consideraba inalcanzable antes de 2020.

El 68% de los españoles dice que su situación económica personal es buena o muy buena, según la encuesta de julio del CIS. Evidentemente, la situación del mercado de la vivienda, el mayor problema según ese sondeo, ayuda a entender por qué la bonanza no llega a todas las economías familiares.

A un partido de la oposición, le resulta complicado aceptar que la situación económica de un país sea buena o mejor que con el Gobierno anterior. Tiene que buscar otras vías para desgastar al Gobierno y vender su mensaje. Lo que pasa con Feijóo es que se empeña en ofrecer un mensaje terrorífico que la realidad no confirma.

El Gobierno de Sánchez también debería calibrar su estrategia y no poner todos los huevos en la cesta que lleva el cartel 'vamos a morir todos si ganan los otros'. Hasta cierto punto, eso funcionó en 2023, aunque dio una correlación de fuerzas en el Congreso que provocó una legislatura imposible. Raramente se ganan elecciones si lo único que planteas es la maldad del enemigo. Tampoco si elevas la temperatura retórica al infinito y más allá, algo de lo que se ha acusado con frecuencia a la derecha, como ha hecho Diana Morant al afirmar que Feijóo está preparando un futuro Gobierno de coalición con Vox que se parece “cada vez más a esos gobiernos criminales como el de Hitler”. Alguien debería explicar a la ministra en qué consiste la ley de Godwin.

Los ciudadanos se merecen una campaña mejor que una que advierta de la inminente llegada del apocalipsis si no ganan los míos. El Gobierno no tiene muchas posibilidades de éxito si se limita a tirar del PIB y presumir de los logros conseguidos en el pasado reciente. Debe ofrecer promesas concretas al electorado sobre las soluciones a los problemas del país, porque los votantes suelen estar más preocupados por lo que va a pasar que por lo que ya ha ocurrido. Y no vale con lanzar cifras al aire, sino que hay que contar cómo se pueden alcanzar. Decirles que Hitler está a la vuelta de la esquina no es tratarles como adultos, sino como niños a los que se avisa de que tienen que dormirse rápido o saldrá un monstruo del armario para comérselos.

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