Construido entre los siglos XII y XVIII, este monasterio es considerado de los conjuntos más destacados del patrimonio monumental de Galicia
El monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, situado en la Ribeira Sacra, es todo un referente cultural de primer orden en Galicia. Su construcción abarca desde el siglo XII hasta el XVIII y, además de mostrar una evolución artística realmente notable, aquellos que lo visitan pueden apreciar su emplazamiento entre bosques que descienden majestuosos hacia el río Sil. Declarado Bien de Interés Cultural en 1985, representa un legado histórico de incalculable valor para la región. Se encuentra concretamente en el municipio de Nogueira de Ramuín, en la provincia de Ourense, y está rodeado de una naturaleza profunda, verde y vibrante, ofreciendo una mezcla de espiritualidad monástica con un entorno paisajístico de una gran belleza.
Es considerado uno de los centros monásticos más importantes y antiguos de toda la comunidad autónoma, cuyos orígenes se remontan a los siglos VI o VII de nuestra era actual. En aquella época, la zona comenzó a florecer gracias a la llegada incipiente de la vida eremítica. Tradiciones antiguas sugieren que el cenobio fue fundado inicialmente por la figura de San Martín Dumiense. Sin embargo, su consolidación definitiva como centro benedictino ocurrió durante el próspero y relevante siglo X. El rey Ordoño II otorgó un privilegio clave al abad Franquila para reconstruir el lugar entonces abandonado. A partir de ese momento, el monasterio inició una etapa de gran influencia política, económica y espiritual.
Su historia documentada permite trazar con detalle el crecimiento de una comunidad que dominó estas tierras. La relevancia del monasterio creció junto a la riqueza cultural y religiosa de toda la Ribeira Sacra. Una de las leyendas más fascinantes vinculadas al recinto es la de los nueve santos obispos gallegos, prelados que renunciaron a sus cargos para buscar retiro y paz entre los muros de Santo Estevo. Sus restos reposaron originalmente en el claustro, convirtiendo el lugar en un centro de gran peregrinación. Cada obispo dejó su anillo episcopal como ofrenda, símbolos que alimentaron mitos durante muchas centurias. Lo que parecía una simple tradición se confirmó en 2020 con el hallazgo de cuatro anillos antiguos. Estos objetos milenarios fueron localizados escondidos en las arcas de los relicarios de la propia iglesia.
La presencia de estos personajes históricos otorgó al monasterio un prestigio único en toda la cristiandad. Incluso el escudo de la institución luce nueve mitras en recuerdo permanente de tan ilustres monjes. La arquitectura del complejo es un catálogo vivo que recorre diversos estilos a través de los siglos. Desde el románico inicial hasta el barroco tardío, cada etapa dejó una huella imborrable en la piedra. La fachada principal del monasterio, de estilo barroco, fue terminada en el año 1736 con gran detalle. En ella se pueden apreciar las imágenes de San Benito y San Vicente flanqueadas por grandes columnas. El conjunto destaca por su armonía a pesar de la mezcla de influencias góticas y también renacentistas. La disposición de los espacios responde a la orografía escalonada del terreno que baja hacia el Sil.
Los tres claustros del monasterio son, sin duda alguna, los elementos más emblemáticos del conjunto. El Claustro de los Obispos destaca por ser el más antiguo y conservar restos de la sala capitular. Su cuerpo inferior es de estilo románico, mientras el superior transita hacia el gótico y renacimiento. Por otro lado, el Claustro de la Portería o de los Caballeros sorprende por sus tres niveles de altura. Esta obra de Diego de Isla presenta una gran amplitud y dimensiones típicas del renacimiento español. El tercer patio, conocido como Claustro del Viveiro o de la Cocina, es algo más reducido en tamaño. En esta área se encontraban dependencias fundamentales como el refectorio y la cocina de los monjes.
La iglesia del monasterio es un edificio mágico que conserva su esencia románica de finales del XII. Su planta basilical es espaciosa y cuenta con tres naves coronadas por sus respectivos ábsides. Un detalle inusual en Galicia es que el ábside central tiene menor altura que los laterales exteriores. En el interior del templo, resalta el magnífico retablo mayor renacentista tallado por Juan de Angés. También se conserva un retablo pétreo del siglo XII o XIII que representa a Cristo en su Majestad. La fachada del templo, de estilo posterior, incluye un óculo que ilumina con calidez el espacio sagrado.
Saqueos y expolios
Las pinturas murales y las capillas laterales completan un programa artístico de gran riqueza simbólica. Hoy en día, la iglesia sigue abierta al culto y es una parada obligatoria para los turistas. El devenir histórico del monasterio, eso sí, estuvo marcado por periodos de crisis y de gran resurgimiento. Tras siglos de esplendor, la desamortización de 1835 provocó el abandono definitivo de la vida monacal. Las dependencias sufrieron saqueos y expolios que dañaron gravemente la integridad del patrimonio gallego. Durante gran parte de los siglos XIX y XX, el edificio permaneció en un estado de ruina y olvido profundo. Sin embargo, a finales de la centuria pasada se iniciaron ambiciosas obras de restauración y mejora.
Este proceso permitió que el antiguo cenobio fuera transformado en un lujoso Parador de Turismo. La inauguración oficial como establecimiento hotelero tuvo lugar en el año 2004 con gran éxito. Actualmente, el Parador combina su uso turístico con la protección estricta del monumento histórico. En cualquier caso, Santo Estevo de Ribas de Sil sigue siendo uno de los destinos más visitados de la provincia de Ourense. El monasterio permite visitas libres y gratuitas en horarios establecidos para los claustros principales. Es un lugar donde la arquitectura, la espiritualidad y la naturaleza se funden de forma armoniosa, que ha provocado que escritores famosos se hayan inspirado en sus muros para crear novelas de misterio.
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