De gran pasado comercial, en este pueblo te sorprenderán sus tres famosas plazas porticadas, enlazadas y casi idénticas
Peñaranda de Bracamonte, situada a 40 kilómetros de Salamanca y en el límite con Ávila, es una histórica localidad con un gran legado. Sus orígenes se remontan a las repoblaciones de los reyes leoneses durante la Edad Media, época en la que su ubicación fronteriza entre León y Castilla le otorgó un papel estratégico relevante. El nacimiento de esta localidad está datado en los siglos XII y XIII gracias a la llegada de repobladores procedentes de Peñaranda de Duero, quienes decidieron llamarla como su lugar de procedencia. A lo largo del tiempo, este enclave fue conocido administrativamente como Peñaranda de Cantaracillo y posteriormente como Peñaranda del Mercado, reflejando su notable evolución de carácter mercantil.
El verdadero impulso de su economía se consolidó a finales del siglo XIV, cuando el monarca Juan I de Castilla otorgó a la villa el valioso privilegio de celebrar un mercado semanal cada jueves. Este acontecimiento histórico transformó por completo la vida cotidiana y comercial de la población, atrayendo a comerciantes y arrieros de diversas regiones. De forma paralela a este próspero mercado, se desarrolló a partir del siglo XVI una activa industria gremial en la que destacaron los zapateros, sastres y curtidores. Posteriormente cobró una relevancia fundamental la industria textil local, sobresaliendo especialmente sus famosas fábricas de jergas.
La historia de Peñaranda y su valor patrimonial se encuentra indisolublemente ligada a la ilustre familia de los Bracamonte, quienes ejercieron el señorío sobre estas tierras desde el siglo XV hasta que pasó a la casa de Frías en 1703. Fue bajo el reinado de Felipe III cuando se concedió el título de conde de Peñaranda a don Alonso de Bracamonte, fijando el nombre definitivo de la ciudad. Administrativamente, la villa experimentó diversos cambios de dependencia, perteneciendo a la Tierra de Alba en la Edad Media e integrándose en el Cuarto de Valdevilloria en 1771. Tras figurar incluida en la provincia de Ávila en la cartografía de Tomás López, sería finalmente en 1833 cuando se integró en Salamanca como cabeza del partido judicial.
El centro neurálgico y principal atractivo de Peñaranda está constituido por sus tres famosas plazas porticadas, que se suceden una tras otra en la misma calle. Este singular conjunto de arquitectura castellana está formado por las plazas de Agustín Martínez Soler, de la Constitución y de España. Las tres plazas se encuentran enlazadas entre sí y presentan un modelo arquitectónico casi idéntico que sorprende por su gran armonía. Debido a su indudable valor patrimonial, todo el casco antiguo vertebrado por estas tres plazas contiguas fue declarado Conjunto Histórico-Artístico, consolidando el estatus de una población que recibió de manos del rey Alfonso XIII el título oficial de ciudad.
Cada una de las plazas posee su propia personalidad dentro del conjunto. La de Agustín Martínez Soler, la más antigua de todas, conserva un encantador aspecto rural y está presidida por la imponente iglesia de San Miguel, un templo de estilo renacentista levantado originalmente en el siglo XV. A continuación se abre la plaza de la Constitución, surgida en el siglo XVI con el propósito de ampliar el espacio destinado al mercado semanal. Esta plaza rectangular está dominada por el histórico edificio del ayuntamiento, construido con ladrillo visto como la primera obra financiada por el propio concejo, destacando por su hermoso pórtico de cuatro arcos carpaneles apoyados sobre robustos pilares de piedra.
Sin prisas (y con hambre)
La tercera de estas plazas enlazadas es la de España, que se caracteriza por presentar la forma más regular y ordenada de todo el conjunto. En este amplio espacio público se sitúan el histórico edificio de la antigua cárcel y el elegante templete de música, que sirve de hermoso escenario para las diversas celebraciones de carácter local. Estas tres plazas no solo representan una verdadera joya del urbanismo castellano, sino que han sido y siguen siendo el auténtico corazón social y comercial de la ciudad. Pasear sin prisa por sus soportales de columnas en la planta baja, bajo viviendas de una o dos plantas superiores de ladrillo visto con hermosos motivos geométricos y balcones, permite al viajero sumergirse en la tranquilidad y comodidad de este pueblo.
La visita a Peñaranda se completa con otros hitos culturales de gran relevancia, como el histórico convento de las Madres Carmelitas Descalzas, fundado en el siglo XVII por Gaspar de Bracamonte, virrey de Nápoles. Este convento, declarado Bien de Interés Cultural, custodia una valiosa colección de arte con espléndidas pinturas de la escuela italiana de artistas como Luca Giordano y Andrea Vaccaro, así como orfebrería italiana. Por otro lado, la modernidad se hace presente con el Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas, diseñado por Álvaro Siza. Para finalizar, la gastronomía local ofrece una parada obligatoria para degustar sus asados, elevando al tostón o cochinillo asado como el gran emblema culinario.
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