Rodeada de pasarelas y puentes de madera, esta pequeña isla de interior y agua dulce es conocida por su extensa fauna

En este santuario se calcula que pueden albergarse unas 250 especies de aves diferentes a lo largo del año

Alberto Gómez

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El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, ubicado en la provincia de Ciudad Real, alberga un interesante e inolvidable itinerario: la ruta de la Isla del pan. Este sendero circular permite a quien lo visite adentrarse en un espectacular oasis verde que rompe con la tradicional imagen del campo seco manchego. Tras una exhaustiva labor de reacondicionamiento ambiental de la zona más oriental de este espacio protegido, el público puede recorrer este singular trayecto, una propuesta ideal para realizar en familia que combina el disfrute de un paisaje único con una inmersión directa en la naturaleza.

Los visitantes pueden contemplar de cerca la asombrosa biodiversidad de un entorno recuperado para el turismo y la conservación de la avifauna. Este parque nacional, que destaca por ser el último representante de las tablas fluviales en la península ibérica y un humedal único en Europa, es un ecosistema que se forma en la llanura de inundación creada por la confluencia de los ríos Guadiana, de agua dulce, y Gigüela, cuyas aguas son estacionales y salobres. La mezcla de estas corrientes fluviales con las descargas de un gran acuífero subterráneo da origen a un hábitat extremadamente rico y complejo. Por esta razón, el espacio fue catalogado también como Reserva de la Biosfera, un santuario ecológico de gran relevancia internacional donde las aguas afloran a la superficie formando un magnífico humedal.

El recorrido autoguiado por la Isla del pan se realiza de manera cómoda a lo largo de un trayecto circular de unos dos kilómetros de longitud. El sendero destaca principalmente por su sistema de pasarelas y puentes de madera que fueron construidos originalmente en 1980. Estas estructuras permiten a los excursionistas caminar con total facilidad sobre las zonas inundadas y saltar literalmente de isla en isla. A lo largo del paseo se atraviesan cinco de las treinta islas que componen este parque nacional: La entradilla, El descanso, de los Tarayes, del Maturro y la propia Isla del pan, la mayor de todo este conjunto. Este itinerario es de dificultad baja y resulta ideal para disfrutar de una cómoda visita familiar de unas dos horas de duración.

Su sistema de pasarelas y puentes de madera permiten a los excursionistas caminar con total facilidad sobre las zonas inundadas

La Isla del pan, que da nombre a este célebre sendero, se convierte en el epicentro de la aventura por este humedal de interior. Una vez que se cruza la pasarela que da acceso a esta gran porción de tierra, una senda bien señalizada guía al visitante hacia un frondoso bosquete de tarayes. En esta zona arbolada, caracterizada por especies que toleran perfectamente el agua salobre y las inundaciones periódicas, anidan diversas aves forestales de gran belleza. Los paseantes pueden escuchar y observar con calma a pequeños ejemplares como el pito real, la abubilla, el búho chico, el jilguero y el pinzón vulgar, además de los activos carboneros y herrerillos comunes que alegran las copas de los árboles con sus cantos.

La fauna de las Tablas de Daimiel es extraordinariamente rica, siendo el humedal un punto de referencia para la observación de aves. En este santuario se calcula que pueden albergarse unas 250 especies de aves diferentes a lo largo del año. Dependiendo de la estación, el paisaje aviar se transforma por completo. Durante la primavera, las aves nidificantes y migratorias llenan el espacio con sus cortejos, destacando especies como el fumarel cariblanco pescando de forma activa. En los meses fríos de invierno, el parque recibe a las especies invernantes, entre las que sobresalen los ánades como el cuchara común, la focha común, la gallineta de agua o grandes bandadas de cigüeñas que habitan las lagunas.

Restauración ambiental

Para asegurar la supervivencia de este frágil entorno, se ha ejecutado un ambicioso proyecto de restauración ambiental, obras que han permitido la inundación artificial de zonas que se encontraban secas por la escasez de agua. Las actuaciones han incluido el desbroce selectivo de carrizo y enea, vegetación invasiva que amenazaba la biodiversidad del parque, y la retirada de sedimentos acumulados. El objetivo final de estos trabajos es garantizar un hábitat idóneo para las aves que vuelan por el humedal y evitar de forma eficaz la pérdida de los incalculables valores naturales de este oasis manchego.

Antes de emprender esta maravillosa caminata, resulta muy recomendable que los visitantes se detengan en el Centro de Visitantes del Parque Nacional. Este espacio ofrece paneles explicativos y salas de exposición que facilitan la comprensión de la riqueza ecológica que se va a descubrir a continuación. Para disfrutar plenamente de la experiencia, es aconsejable proveerse de prismáticos y de una buena cámara fotográfica con teleobjetivo. El sendero está perfectamente señalizado en color amarillo y cuenta con desvíos opcionales, como el que conduce a la Laguna de aclimatación, donde se puede apreciar una colección representativa de las anátidas que pueblan este humedal manchego de forma permanente durante todo el año.

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