Qué pasó con Salma, la mujer maltratada que consiguió escapar tras 700 días de su captor en Murcia
Cuando Juan escuchó el timbre de la puerta de casa se extrañó porque no esperaba a nadie. Eran las tres de la tarde del 10 de febrero de este año y por el telefonillo asomaba “una persona pequeña, con capucha, a la que apenas le salía la voz”. Preguntó quién era y qué quería. “Soy Salma”, contestó su amiga, de 38 años, natural de Marruecos, y a la que había intentado localizar durante meses sin éxito.
En realidad, Salma no estaba en Marruecos, estaba a media hora andando de la casa de Juan, sufriendo brutales palizas, según su denuncia y los informes médicos. Tan terribles que el centro de salud al que llegó con Juan ese día llamó directamente a la policía. Como recoge el documento sanitario, esta mujer tiene una “pérdida funcional total” del ojo izquierdo por “estallido traumático”, entre otras importantes lesiones con un diagnóstico de “politraumatismo por agresión.”
Ese 10 de febrero, Salma fue noticia en todas las teles, radios y webs. Se había ido a vivir en 2024 con su pareja a una casa en medio de la huerta murciana y sus amigos no volvieron a verla. De hecho, su familia alertó a la policía de la desaparición. Según relató Salma a la jueza en su primera declaración, el detenido le daba palizas y la tenía secuestrada en la casa. El control incluía que tenía que usar el teléfono de él si quería comunicarse o que “le daba pastillas cuando salían juntos para que estuviera tranquila”, cuenta Juan desde su casa en Murcia, donde cuida a la gata de Salma hasta que ella tenga un hogar propio.
Ese día 10 de febrero, después de golpearla brutalmente, Salma decidió poner fin a 700 días de infierno y sometimiento psicológico. Cogió una escalera, saltó la valla y llegó a casa de su amigo a pedir ayuda llena de golpes. En el registro de la casa de Alberto S. M., conocido como El Coletas –cuyo abogado no ha respondido a la petición de información de elDiario.es–, los agentes encontraron armas blancas y de fuego, estupefacientes y la camilla que presuntamente utilizaba para retener a la víctima y propinarle palizas.
Meses a la espera
Ahora Salma vive en un “recurso de atención especializada de la Región de Murcia”; confirman fuentes de la Consejería de Política Social de la comunidad autónoma, de la que ni su abogado sabe la dirección, pendiente de que avance una instrucción judicial que lleva meses estancada. “Debería estar ya en un piso haciendo su vida, con el caso avanzando, pero ahí sigue, esperando”, cuenta Juan, que la acompaña a numerosas revisiones médicas. Según la última memoria del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Murcia, esta es la región con los juzgados más lentos de España, con un atasco de 50.000 casos pendientes en Primera Instancia (los que juzgan después de la fase de investigación).
Después de poner la denuncia, Salma fue citada en el Instituto de Medicina Legal de Murcia el día 23 de abril para evaluar sus lesiones y daños físicos y psicológicos. Tras una primera exploración, le dijeron que se le volvería a citar, “pero todavía seguimos esperando, después de cinco meses desde que escapó, y esta mujer tendrá derecho a avanzar, a hacer su vida”, lamenta su abogado, Ángel Gil, que ha enviado al juzgado un escrito para que se agilicen las pruebas. Desde el Instituto explican a elDiario.es que se trata de un “asunto de especial complejidad” y que “los plazos de intervención se consideran ajustados” a esa complejidad. También adelantan que se ha previsto “una nueva valoración en las próximas semanas para completar la actuación”.
Hace tan solo unas semanas que Salma ha conseguido reponer su documentación con la ayuda de un policía y el consulado de Marruecos, ya que su expareja le había quemado todos los papeles, cuenta su amigo Juan, lo que le impedía hacer multitud de gestiones con la administración que la tiene que proteger.
El presunto maltratador estaba en prisión provisional desde que Salma escapó y denunció, pero el juzgado decretó su puesta en libertad el 1 de abril. El Coletas pudo salir y volver a su casa donde vivió Salma su infierno, con el informe favorable también de la Fiscalía.
Se le impuso un alejamiento de 500 metros, la prohibición de comunicarse con ella y la obligación de firmar dos veces al mes. “El alejamiento es una medida, pero no olvidemos que al fin y al cabo es un papel que dice eso”, explica el abogado de la mujer, que hizo un recurso de apelación ante la Audiencia al día siguiente para que se impusiera también una pulsera telemática de control al investigado, dado que la valoración que dio la Policía en el sistema Viogén fue de “riesgo extremo”. Tampoco se ha resuelto ese recurso.
“Los primeros días ella no podía salir sola a la calle”, cuenta Juan, “si veía un coche que se parecía al de él, se echaba a temblar. Me cuenta que todavía tiene pesadillas y no puede dormir por la noche, pese a que está en tratamiento”.
¿Por qué se decidió poner en libertad al presunto maltratador de Salma si ella tenía lesiones tan graves y había estado secuestrada? Según explica la jueza en el auto de libertad, ve inconsistencias en el relato de la mujer tras escuchar a varios testigos. Por ejemplo, la dependienta de una tienda declaró que la víctima entró varias veces a comprar sola y “sin pedir ningún tipo de ayuda” pese a que había una comisaría de Policía cerca.
La exmujer de El Coletas declaró que se mensajeaba con ella y la invitó incluso a su cumpleaños. La hermana de él dijo también a la jueza que Salma salió en barco un día con ella. Además, la jueza dudó del delito de detención ilegal por el hecho de que el pestillo de la habitación donde estaba Salma estuviera por dentro y no por fuera. Casi todos son “testigos del entorno del investigado”, apunta Ángel Gil en su escrito para pedir la prisión de nuevo y la pulsera telemática.
El delito de detención ilegal es grave y seguramente pesó en la decisión de la prisión preventiva, explican fuentes jurídicas, por eso la jueza lo pone en libertad al apreciar dudas sobre la declaración de Salma relativa al secuestro. “Ella no estaba en un zulo en el que no veía la luz. Estaba retenida contra su voluntad por el miedo, aterrorizada de desobedecer”, explica su amigo Juan. “La prisión preventiva, es decir, privar a alguien de la libertad antes del juicio, es una medida bastante extrema y tiene que estar bien justificada, en el sentido de que haya riesgo claro para la víctima y sus bienes o un riesgo de fuga muy alto, por ejemplo”, explican fuentes jurídicas.
La psicóloga especializada en violencia de género Olga Barroso explica que, en su experiencia, muchas veces no hace falta la fuerza física para la sumisión de la voluntad: “Cuando tienes una convivencia en la que te han agredido físicamente, has aprendido que si no obedeces te pueden volver a agredir. Ahí el agresor ya no necesita esa violencia física, o encerrarla bajo llave, porque el cerebro de esa persona ya es capaz de crear la expectativa de lo que le van a hacer la próxima vez que desobedezca. Barroso ve esencial acudir a ”ese histórico“ cuando se trata a una superviviente de violencia: ”No podemos pedirles que se comporten como si no hubieran sufrido un pasado, hacer una simple foto fija del momento“.
De momento, Salma está pasando su primer verano fuera de una casa a la que entró por su pie en 2024 y salió malherida y escapando en 2026. No es un verano normal, porque no hay vacaciones, ni piscina, ni un hogar, ni puede trabajar ni se ha ido el miedo. Es un verano deseando que llegue septiembre, cuando se retoma la actividad en los juzgados, y se reconozca lo que le hicieron: “Cuando ves que ponen en duda lo que ha pasado esta zagala… yo lo he visto con mis ojos, vi lo que le había hecho el día que se escapó, no me lo han contado”, concluye Juan, indignado y esperanzado en que todo se resuelva cuanto antes y Salma pueda empezar a ver la luz.
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