¿Nos olvidaremos de julio y agosto?
Parece que nos vamos olvidando de las temperaturas del verano y sus olas de calor que ha atenazado nuestro comportamiento y hábitos como nunca. Es un ejemplo de los impactos concretos derivados del cambio climático y el calentamiento global. ¿Afrontaremos, el próximo verano esta misma situación sin medidas efectivas y preventivas de las instituciones?, desgraciadamente, la posibilidad de que se repita en el próximo verano es muy alta.
Julio ha sido el mes más cálido registrado en la región, con una temperatura media histórica de 28,5 grados según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). El mes de agosto también ha sido muy cálido, el tercero de la serie histórica con 27,3 °C de media, pero no superó el récord absoluto de julio. Nos falta un balance para el mes de septiembre.
La sensación de sofoco ha sido permanente al salir a la calle, aumentada con niveles muy altos de humedad relativa del aire e intrusiones de polvo sahariano, lo que contribuye aún más a esta situación de incomodidad y malestar extremo. Los grupos sociales más vulnerables a estas olas de calor son la infancia, las personas con enfermedades crónicas, los mayores, los que trabajan en el exterior, los que viven en viviendas mal aisladas o en infraviviendas, así como las personas sin hogar.
Los impactos en la salud pública se refieren al exceso de mortalidad, el estrés térmico y la pérdida de sueño. Las noches tropicales, donde no se baja de los 25 °C, afectan a la calidad del descanso. También, este verano, ha sido el de mayor mortalidad de todos los anteriores. Se atribuyen más de 5.000 fallecidos/as relacionados con el calor extremo en el estado español. Las altas temperaturas continuadas pueden afectar a personas vulnerables con enfermedades previas y desencadenar procesos con riesgo de muerte. Las temperaturas extremas durante el verano de 2026 han dejado un total estimado de 50 muertes atribuibles al exceso de calor en la Región de Murcia, según los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III.
Hay un aumento del estrés hídrico y la disminución de las reservas de agua. La cuenca hidrográfica del Segura se situó por debajo del 59% de su capacidad, con restricciones en el uso agrícola del agua debido a una evaporación extrema. Es necesaria una reflexión sobre el crecimiento imparable de la demanda de agua por parte de la agricultura de regadío y su futuro insostenible. Repensar de una manera ecológica y estratégica el sector agrario en nuestra tierra. La temperatura del agua en el litoral murciano ha superado los valores habituales, debilitando el efecto refrigerante de las brisas marinas y aumentando la sensación de bochorno en los municipios del litoral.
En el sector agrícola estas altas temperaturas y olas de calor han aumentado la evaporación y la deshidratación de suelos agrícolas. La acumulación de calor produjo que, al final del ciclo, especialmente el 20 de agosto, se desataran tormentas con pedrisco que destrozaron cultivos en el Altiplano y la Vega del Segura.
Hay un problema general con los denominados los refugios climáticos. Este verano se mostraba la falta de preparación urbana en este aspecto. Se han denunciado que muchos refugios climáticos cerraron en pleno agosto y que una gran cantidad de las fuentes públicas de la capital no estaban operativas cuando los termómetros experimentaban unas subidas extremas. Un artículo de este diario revelaba que 30 de los 48 recursos analizados para proteger del calor a la población vulnerable permanecían cerrados todo el mes de agosto en la ciudad de Murcia y algunos de los abiertos solo lo estaban por la mañana.
Necesitamos renaturalizar nuestras ciudades para afrontar y mitigar los efectos del calentamiento global. Hay que cambiar la planificación urbana de plazas y calles con mayor arbolado y fuentes. La despavimentacion de zonas significativas de la trama urbana es un objetivo, unido a una mayor peatonalización y planes de refugios climáticos realmente eficaces. Más toldos y parasoles no solamente en las vías principales. La adaptación de centros de enseñanza al calentamiento global. La prohibición de los vehículos más contaminantes en la almendra central de nuestras ciudades tiene que ir unida a la revegetación de zonas del centro y barrios. Tenemos un dilema, hacer nuestras ciudades más resilientes al cambio climático o, por el contrario, tener una actitud pasiva y esperar otro verano como este. La pelota está en el tejado de nuestras administraciones.
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