Arboles contra las olas de calor
El calentamiento global supone, para la región, fenómenos más extremos, como aumento de los periodos de altas temperaturas y olas de calor intenso. No hay ninguna duda de los beneficios para la ciudadanía del arbolado y las zonas verdes en nuestras ciudades, sobre todo cuando aprieta el calor. Lo importante no es solo la cantidad de vegetación en la ciudad, sino el acceso que se tiene a ella y la eliminación de la desigualdad en este acceso. El arbolado urbano es un elemento esencial y la herramienta más barata y eficaz para mitigar las olas de calor y disminuir el efecto isla térmica en las ciudades de la región.
Estos días en los que el calor arrecia, buscamos el frescor de parques, arboles, fuentes y piscinas para pasar las horas de mayor insolación. Las actividades urbanas diarias, por ocio o trabajo, van resultar tareas cada vez más complicadas debido a la insolación predominante en nuestros entornos urbanos. Un objetivo sostenible es renaturalizar nuestras ciudades. Necesitamos más calles y plazas con arbolado y fuentes, casi lo contrario de lo que ocurre en Murcia, Cartagena o Lorca. Es urgente también, un plan de climatización de escuelas y centros educativos, así como ampliar el número de refugios climáticos en nuestros principales entornos urbanos. Necesitamos mayores recursos humanos, materiales y de prevención de los incendios, un riesgo derivado de estas olas de calor.
Los periodos de calor intenso están provocando que, desde hace días, tengamos unas temperaturas máximas superiores a 36 grados y mínimas no inferiores a 18 grados. La consecuencia de tantos días de temperaturas sofocantes ha hecho que el efecto isla de calor o isla térmica sea patente. Este fenómeno se debe a que los materiales empleados mayoritariamente en edificios y calles, como el hormigón, el cemento y el asfalto, han ido absorbiendo el calor del sol y lo están liberando lentamente, especialmente durante las noches. Como consecuencia, el ambiente de la ciudad no se refrigera y es cada vez más asfixiante. Las olas de calor empeoran la calidad del aire urbano, pues la atmósfera estancada actúa como una tapa bajo la cual quedan atrapados los contaminantes atmosféricos provenientes principalmente del tráfico rodado.
Varios grupos de población son mas sensibles a las olas y golpes de calor: infancia y adolescencia, mayores con patologías previas y personas haciendo ejercicio físico intenso, por trabajo u ocio, en el exterior.
El aumento de las zonas verdes urbanas como estrategia para combatir la actual crisis climática debe ser una prioridad de los gobiernos locales en nuestro territorio. La vegetación ayuda a mitigar el efecto isla de calor mediante la evapotranspiración y el aporte de sombra. Multitud de estudios han comprobado que el arbolado urbano puede llegar a reducir la temperatura de nuestras ciudades en varios grados. Sus ventajas son múltiples; además de generar microclimas de frescor, el arbolado absorbe el dióxido de carbono (principal causante del calentamiento global) y retienen partículas contaminantes en sus hojas, contribuyendo a la mejora de la calidad del aire.
Las olas de calor serán cada vez más intensas y frecuentes, por lo que el aumento de la dotación a las calles de árboles y de zonas verdes resulta prioritario para hacer de nuestras ciudades espacios amables, habitables y resilientes. La ampliación del arbolado con especies autóctonas y de fronda en parques y calles, y el aumento de zonas verdes en polígonos industriales, parkings, isletas, terraplenes, etc., debe ser una apuesta por renaturalizar todo el espacio urbano posible. El crecimiento del arbolado y zonas verdes debe ir unido a una apuesta decidida por el transporte público, para mejorar la calidad del aire y luchar contra el cambio climático.
Los árboles fijan gran cantidad de dióxido de carbono (un árbol adulto y sano puede llegar a fijar 22 kg al año), liberan oxígeno, filtran gran cantidad de polvo y contaminación del aire y disminuyen la contaminación acústica. El arbolado, con su sombra, ayuda a reducir en varios grados la temperatura del lugar donde se localice, crea pues, un microclima que nos ayuda a mitigar los efectos de las olas de calor que sufrimos en verano. La planificación urbana debe hacer nuestros entornos urbanos espacios preparados para los retos climáticos presentes y futuros, además de una transición de forma previsora, socialmente justa e inclusiva, garantizando el bienestar ambiental de toda la ciudadanía.
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