La otra cara del eclipse: la instalación de la NASA que mira al espacio desde un pequeño pueblo de Madrid
De Madrid al cielo. Pronto, la expresión cobrará un significado casi literal. Este 12 de agosto, la Comunidad de Madrid será escenario de un eclipse solar total, uno de los acontecimientos astronómicos más importantes de las últimas décadas y un fenómeno que la Península Ibérica no contempla en su totalidad desde 1912. Pero la relación de Madrid con el espacio va mucho más allá de este acontecimiento.
A poco más de una hora de la capital, entre los pinares de la Sierra Oeste, unas enormes antenas llevan más de seis décadas haciendo algo que pocos madrileños conocen: comunicarse con naves y sondas que viajan por el Sistema Solar. En Robledo de Chavela se encuentra el Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de Madrid (MDSCC), una de las tres instalaciones que forman la Red del Espacio Profundo de la NASA, junto a las de Goldstone, en California, y Canberra, en Australia.
La estación madrileña es, además, la única de las tres que cuenta actualmente con seis antenas operativas. Desde ellas se reciben datos científicos enviados desde miles de millones de kilómetros de distancia y se transmiten las instrucciones que permiten a las misiones continuar su viaje. Una infraestructura que nació en plena carrera espacial y que hoy resulta imprescindible para algunas de las misiones más ambiciosas de la exploración del universo.
La historia de estas antenas comenzó en los años sesenta. Estados Unidos necesitaba crear una red de estaciones repartidas por el planeta que permitiera mantener una comunicación constante con las naves espaciales. La solución fue construir tres complejos separados aproximadamente 120 grados de longitud: uno en California, otro en Australia y el tercero en España.
Después de estudiar diferentes ubicaciones, la NASA y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) eligieron Robledo de Chavela. El acuerdo entre España y Estados Unidos se firmó en enero de 1964 y la estación comenzó a funcionar en julio de 1965. Su ubicación permitía completar el sistema mundial de seguimiento y, al mismo tiempo, se encontraba suficientemente cerca de Madrid y de sus conexiones internacionales.
El funcionamiento de la red responde a una cuestión tan sencilla como determinante: la Tierra gira. Las tres estaciones están situadas estratégicamente para que, mientras nuestro planeta rota, una de ellas pueda mantener la comunicación con las naves que se encuentran en el espacio profundo. Desde los centros de control se orientan las antenas, se reciben y procesan los datos y se envían las órdenes a las distintas misiones.
El complejo madrileño cuenta actualmente con seis antenas operativas, entre ellas una gigantesca parabólica de 70 metros de diámetro y varias de 34 metros. Las más modernas son la DSS-56, que entró en funcionamiento en 2021, y la DSS-53, que comenzó a operar en febrero de 2022. La primera fue especialmente importante porque se convirtió en la primera antena de la Red del Espacio Profundo capaz de utilizar todo el rango de frecuencias de comunicación de la red desde su puesta en servicio.
De las primeras imágenes de Marte a las comunicaciones con el espacio interestelar
La importancia de Robledo de Chavela se hizo evidente desde sus primeros meses de actividad. En 1965, la estación participó en el seguimiento de la misión Mariner 4, que ese mismo año se convirtió en la primera nave en llevar a cabo un sobrevuelo de Marte y enviar a la Tierra imágenes de su superficie.
Pero fue el programa Apolo el que convirtió a las estaciones españolas en protagonistas de la carrera espacial. En aquellos años, la NASA necesitaba mantener el contacto con las misiones tripuladas a la Luna y España ocupaba una posición estratégica dentro de la red de comunicaciones.
El momento más recordado llegó el 20 de julio de 1969. Cuando el módulo lunar del Apolo 11 se posó sobre la superficie de la Luna, la primera estación española en recibir las comunicaciones de los astronautas fue la de Fresnedillas de la Oliva, situada también en la Comunidad de Madrid. Desde allí, se transmitieron a Houston las palabras de Neil Armstrong y, posteriormente, al resto del mundo.
La historia de aquella antena, conocida como la “antena del Apolo”, continuó en Robledo. Después del cierre de la estación de Fresnedillas, la parabólica de 26 metros fue trasladada al complejo del MDSCC, donde permanece como testimonio de su papel en una de las mayores hazañas tecnológicas del siglo XX.
Desde entonces, las antenas madrileñas han seguido conectadas a algunas de las misiones más importantes de la NASA. Y no solo a aquellas que viajan hacia la Luna o Marte: también a las que se han adentrado mucho más allá de los planetas conocidos.
Las antenas que escucharon a la Voyager 1
Uno de los ejemplos más espectaculares ocurrió en abril de 2024. La Voyager 1, lanzada en 1977 y convertida en el objeto fabricado por el ser humano que se encuentra más lejos de la Tierra, atravesaba entonces una situación crítica: llevaba meses sin enviar correctamente datos científicos.
La distancia hacía que cualquier operación fuera especialmente compleja. La señal de la Voyager 1 tarda más de 22 horas en recorrer el trayecto entre la nave y la Tierra y llega con una intensidad extraordinariamente débil. Para conseguir captarla, la NASA decidió recurrir a una técnica conocida como arraying, que permite combinar la capacidad de recepción de varias antenas.
El 20 de abril de 2024 ocurrió algo histórico en Robledo de Chavela: las seis antenas del complejo se alinearon por primera vez al mismo tiempo para recibir la señal de la Voyager 1. La operación permitió sumar su capacidad de recepción para captar las débiles comunicaciones procedentes de la nave, situada entonces a más de 24.000 millones de kilómetros de la Tierra.
La imagen de las seis enormes antenas apuntando simultáneamente hacia un mismo punto del cielo madrileño resume bien la dimensión de esta instalación. No se trata simplemente de unas grandes parabólicas instaladas en la sierra: son una pieza fundamental de una red que permite a la humanidad seguir recibiendo información de lugares situados a miles de millones de kilómetros.
El futuro de la exploración espacial
Aunque las instalaciones tienen más de seis décadas de historia, Robledo de Chavela está lejos de ser una reliquia de la carrera espacial. El complejo ha ido incorporando nuevas antenas y tecnologías para responder a las necesidades de una flota de misiones cada vez mayor. La llegada de la DSS-56 en 2021 y de la DSS-53 en 2022 permitió completar en Madrid la ampliación prevista de la capacidad del complejo. De hecho, Robledo fue el primero de los tres centros de la Red del Espacio Profundo en completar este despliegue.
La nueva generación de antenas también prepara la red para las futuras misiones de exploración lunar y marciana, incluidas las del programa Artemis. La Red del Espacio Profundo tendrá que afrontar en los próximos años un número creciente de naves que necesitarán enviar datos a la Tierra y recibir instrucciones desde ella, lo que convierte a instalaciones como la madrileña en una infraestructura estratégica para la nueva etapa de la exploración espacial.
Y la colaboración entre España y Estados Unidos tiene garantizado, además, un largo recorrido. En junio de 2024 ambos países renovaron el acuerdo que permite a la NASA utilizar las instalaciones de Robledo de Chavela durante otros 15 años. El documento contempla además prórrogas automáticas de dos años salvo que alguna de las partes comunique su voluntad de poner fin al acuerdo.
Las instalaciones peligraron hace apenas unas semanas, cuando el complejo de Robledo de Chavela se vio rodeado por las llamas debido a los incendios que arrasaron la Sierra Oeste de Madrid. El fuego alcanzó el recinto y obligó a desalojar temporalmente la estación, aunque no se han detectado daños estructurales significativos ni en las antenas ni en los edificios.
Así, mientras el próximo 12 de agosto miles de personas se preparan para mirar al cielo y contemplar cómo la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, en otro punto de la Comunidad de Madrid unas enormes antenas continuarán haciendo algo mucho menos visible, pero igualmente extraordinario: escuchar el universo.
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