La Alianza Global y el camino para alcanzar la Agenda 2030
Quedan apenas cuatro años para cumplir los compromisos establecidos en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. El tiempo apremia y el desafío es inmenso. De las 139 metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para las que se dispone de datos sobre tendencias, solo el 36% están bien encaminadas o muestran avances moderados, según Naciones Unidas. A pesar de los progresos realizados, existe un riesgo real de llegar a 2030 sin haber cumplido una parte significativa de lo acordado por los 193 Estados Miembros de las Naciones Unidas.
Pero los últimos años dejan también un importante mensaje para la esperanza: es posible avanzar. Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el hambre en el mundo disminuyó de 733 millones de personas en 2023 a 645 millones en 2025. Y la evolución de la pobreza demuestra que los avances sostenidos pueden transformar la realidad a largo plazo. Según el Banco Mundial, desde 1990 el número de personas que viven en pobreza extrema se ha reducido en más de un 60% y cerca de 1.500 millones de personas han salido de ella en una generación.
El hambre y la pobreza no son inevitables. Cuando existe voluntad política y financiación adecuada, podemos transformar la vida de millones de personas. Porque detrás de los números están las personas y cada una cuenta. El reto de los próximos cuatro años es acelerar estos avances y conseguir que lleguen también a quienes permanecen todavía atrás.
Sabemos que el panorama mundial actual presenta dificultades: la escalada de los conflictos, el cambio climático, el debilitamiento del multilateralismo y la disminución de la ayuda oficial para el desarrollo, afectan de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. Se estima que más de 45 millones de personas adicionales podrían verse empujadas a una situación de hambre aguda como consecuencia de los impactos económicos de una guerra prolongada en Oriente Medio.
Pero cada uno de esos retos es una razón para unirnos y redoblar esfuerzos. Debemos ir más allá de iniciativas aisladas y de una financiación fragmentada. Necesitamos ampliar la escala de aquello que ya ha demostrado funcionar: políticas sociales, alimentación escolar, apoyo a pequeños productores, inclusión económica y resiliencia frente al cambio climático. Este es precisamente el objetivo de la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza.
Y no podemos erradicar el hambre y la pobreza sin avanzar en la igualdad de género. Las mujeres desempeñan un papel fundamental en los sistemas alimentarios, la agricultura familiar y el sostenimiento de sus comunidades, pero siguen enfrentándose a barreras para acceder a recursos, financiación, tierra, protección social y oportunidades económicas. La igualdad de género debe estar incorporada desde el diseño de las políticas, fortaleciendo la autonomía económica de las mujeres, su acceso a recursos y su participación efectiva en las decisiones.
La Alianza ofrece un modelo innovador de cooperación que coordina esfuerzos para apoyar, a gran escala, políticas públicas eficaces y lideradas por los países. Desde su lanzamiento, durante la Presidencia brasileña del G20 en 2024, la Alianza ha seguido ampliando su capacidad de movilización. En 19 países ya apoya programas nacionales a gran escala en distintas etapas de preparación e implementación, de acuerdo con las prioridades definidas por cada gobierno. Entre ellos se encuentran programas de producción ganadera en Etiopía y programas de protección social y de transferencias monetarias en Zambia, por mencionar solo algunos ejemplos.
Con esta determinación y este sentido de urgencia, durante un evento paralelo al 81º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, Brasil y España, como copresidentes de la Alianza Global, reunimos a gobiernos y socios para debatir formas de acelerar la lucha contra el hambre y la pobreza en los cuatro años que quedan hasta 2030.
Es necesario aumentar la inversión en políticas integradas y alianzas capaces de conectar las prioridades de cada país con el apoyo internacional, así como fortalecer los mecanismos de financiación que permitan salvaguardar los avances.
Los próximos cuatro años serán decisivos. El hambre no es consecuencia de la falta de alimentos, sino de la desigualdad, la exclusión y las decisiones políticas. Que lleguemos a 2030 con resultados significativos dependerá de las decisiones concretas que tomemos ahora y de la acción que la Alianza ya está poniendo en práctica.
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