El motor secreto de la memoria
Friedrich Engels no se refería al arte cuando habló sobre el hilo que atraviesa la Historia, el único con el que se pueden “comprender las cosas” (carta a Walther Borgius, enero de 1894); se refería a las relaciones económicas, por ser las que “deciden en última instancia”. Sin embargo, Gabriel Celaya acertó al tomar sus palabras en 1977 y cambiar el sentido en el prólogo de uno de sus poemarios, que les animo encarecidamente a rastrear y leer. Nuestro poeta estaba tan cerca de Ariadna como el gran filósofo, teórico y periodista, así que alcanzó su ovillo y retomó el concepto recurrente de los clásicos que está detrás: la idea de que, en efecto, hay un ancestral “hilo rojo” en la cultura “que sirve de guía a aquellos que quieren comprenderla”. Y a veces es él quien nos encuentra a nosotros, sin necesidad de buscarlo.
No sé si conocen al germanista y director de cine Robert Cohen, autor de la novela que estoy leyendo: El exilio de las mujeres atrevidas, cuyos nombres son nada más y nada menos que Olga Benario, María Osten y Ruth Rewald. Por si les ocurre como a mí —que lo descubrí hace unos meses—, mencionaré que es hijo de Victor N. Cohen, quien volvió hace veinte años a los medios por las casi cuarenta cartas de Bertolt Brecht que se encontraron en su domicilio y acabaron en la Academia de las Artes de Berlín. Recuerdo que leí la noticia en un periódico británico, más preocupado por el detalle de que Brecht hubiera ofendido a dos autores naturalmente británicos (W. H. Auden y Christopher Isherwood) que por el contenido general de las misivas y su importancia. Cosas del nacionalismo, ya saben. Pero presentaciones al margen, resulta que Robert Cohen también es responsable de varios textos no traducidos al castellano que he encontrado por casualidad al indagar en la figura del verdadero protagonista de este artículo, Peter Weiss.
En una de esas obras, Cohen dice que la memoria es “el motor secreto” que impulsó la imaginación del dramaturgo alemán exiliado en Suecia al escribir La estética de la resistencia, un libro esencial para cualquier interesado en los éxitos y fracasos del movimiento comunista. Y dice bien, como confirma el propio Weiss al poner estas palabras en boca de Horst Heilmann, miembro de la Orquesta Roja que tanto daño hizo a los nazis: “Todo el arte, toda la literatura, está presente en nosotros bajo la única diosa que aún podemos aceptar, Mnemósine”, madre de las musas y personificación del verbo recordar. Sin ella, ni somos nada ni hay posibilidad alguna de que sepamos reconocer y quizá aprovechar el hilo subyacente de la Historia, que además de ser la clave de empezar a entender, es al mismo tiempo uno de los pocos caminos que nos salvan cuando la realidad se quita la careta y enseña sus fauces. No en vano, el hilo demuestra que no estamos solos, que somos un eslabón en el extremo de una larga cadena.
Esta última afirmación aparece con toda claridad en el ‘Diálogo sobre Dante’, directamente relacionado con su DC-Projekt (Proyecto Divina Comedia). Tras afirmar que “todos vivimos con nuestros muertos”, nos recordaba que “hasta nuestra existencia es consecuencia de las suyas”, lo cual añade una dimensión distinta a su altamente dialéctico compromiso con el presente. Weiss creía en la razón, sin duda; pensaba que no tenemos otra defensa cuando “las cosas van más allá de nuestra comprensión” (Trotsky en el exilio, citada por Cohen en Understanding Peter Weiss), pero también pensaba lo que le espeta Rosalinde Ossietzky en el segundo volumen de La estética de la resistencia: “Tú crees en la razón como si fuera un milagro, como si aún fuera posible que surja de repente en mitad de una época de estupidez”, que había asistido de brazos cruzados a la destrucción de la República española “por las maquinaciones de los poderosos”. En esos y otros casos, lo que nos lleva a la necesaria acción no es la racionalidad, sino la conciencia de nuestra posición en el mundo.
Desgraciadamente, la mayoría de los lectores solo conocen dos obras de Peter Weiss: la ya mencionada y la Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat, que se ha llevado muchas veces a los escenarios, aunque sin respetar siempre su equilibrio ideológico. De hecho, Weiss se llevó tal decepción al ver la versión de Brook de 1964 que hizo cambios en la obra para que nadie volviera a poner al burgués e individualista Sade como triunfador en el debate con el revolucionario francés. Sabía lo que quería decir, y lo demostró de sobra en La indagación. Oratorio en 11 cantos (sobre el primer juicio de Auschwitz) y las ferozmente antiimperialistas Discurso sobre Vietnam y Canto del fantoche lusitano, entre otras. Léanlas, si pueden localizarlas. Porque Weiss nos habla ahora desde el hilo rojo, y no nos podemos permitir el lujo de despreciarlo.
0