En busca de la gran escultura de Oteiza perdida en Madrid: desapareció de Colón y una parte acabó en un jardín particular
En 2014 se inauguró junto al paseo de la Castellana y la plaza de Colón, la primera plaza dedicada a Plaza de Margaret Thatcher fuera de Reino Unido. Hasta ese momento, el espacio público vacante en el corazón de Madrid no tenía nombre, y habían sido más bien los jardines del Hotel Riu. El nombre, por cierto, ha sido 'intervenido' en diversas ocasiones. La primera vez fue el mismo año de inauguración, cuando el grupo Juventud sin Futuro lo cambió por Plaza de la Juventud exiliada. La segunda, en 2019 por hinchas del Liverpool, presentes en Madrid por la final de la Champions contra el Tottenham, que la rebautizó como Jeremy Corbyn Square, en referencia al líder laboralista.
En la plaza existe una estela escultórica patrocinada por el Banco Sabadell y colocada en tiempos de Álvarez del Manzano. Pero no siempre fue así. En el antiguo jardín del Hotel Fénix, donde también estaban los locales comerciales, hubo hasta su remodelación en 1987 un gran grupo escultórico formado por un friso de hormigón de 0,70 m x 60 metros de longitud, seis apliques de hierro con temas ortogonales de dos metros y medio por dos metros y una escultura de piedra caliza blanca de Colmenar de Oreja de cuatro metros de longitud. El autor era el conocido escultor e intelectual Jorge Oteiza.
La obra fue eliminada durante la reforma del espacio de finales de los ochenta, a pesar de la negativa explícita del Servicio de Protección del Patrimonio Histórico. Los seis paneles de hierro fueron desmontados y llevados a un depósito municipal en Delicias, donde años después habían desaparecido; el friso de hormigón se troceó para poder almacenarlo, pero su paradero es desconocido. La escultura, que iba a ser desechada, fue rescatada por uno de los arquitectos de la obra de remodelación y sobrevive actualmente en el jardín de un coleccionista particular.
Francisco Lara, diseñador de joyas y experto en arte, presentó el pasado 3 de septiembre una solicitud ante la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid pidiendo el reconocimiento y la protección como Bien de Interés Cultural de la obra, entendida como la escultura y las partes desaparecidas. En la extensa documentación aportada por el solicitante –a la que este medio ha tenido acceso– acredita que la escultura era parte el conjunto, con gran probabilidad, del escultor Jorge Oteiza.
Su petición va más allá del de reconocimiento legal del conjunto y de conseguir el impulso necesario para que se traten de localizar las partes perdidas: advierte que en su momento pudo cometerse un delito de expolio y, si la administración no lo hace, está dispuesto a denunciarlo él mismo ante la autoridad competente.
Durante la conversación que mantenemos con él, Francisco vuelve y va sobre datos o anécdotas centradas en la vida de Jorge Oteiza que dejan claro el interés que tiene en su obra, que despertó a raíz una exposición retrospectiva a la que acudió en 1988. “Oteiza es, para mí, el escultor más importante del siglo XX de España”, asevera.
Madrid, sin embargo, no tiene una buena relación con el artista guipuzcoano. La obra del Museo Reina Sofía y otras colecciones de arte, un relieve de un portal en el barrio de la Guindalera, otro en la Complutense... Nada más. “Es significativo que no haya una escultura de Oteiza en el Museo de Escultura al Aire Libre de Madrid”, comenta Francisco.
El célebre escultor pudo haber tenido, de hecho, presencia en la misma plaza de Colón, pero la aventura quedó frustrada. Participó y ganó, junto con un grupo de arquitectos, el concurso de ideas convocado para la reforma de la plaza después del derribo de la antigua Casa de la Moneda. Propuso colocar esculturas de autores contemporáneos, como Calder. “Lo que pasa es que el arquitecto municipal no hizo caso al proyecto y resolvió coger lo más interesante de entre los proyectos presentados”, explica.
Lo de Oteiza con Madrid ha sido un desencuentro permanente. Algo parecido sucedió con el edificio Beatriz, en Velázquez con Ortega y Gasset, donde debiera haber una obra suya y, sin embargo, ha habido un hueco donde iba la escultura, de la que llegó a hacer la maqueta, hasta hace solo un par de años.
Es por eso que el hallazgo y la reclamación de Lara es tan pertinente. También porque está hecha en 1957, su momento de madurez y cima creativa. Oteiza, que tenía una personalidad compleja, dio por concluido su proceso y trabajo como escultor en el otoño de 1959 y se dedicó a escribir, aunque retomó puntualmente la escultura muchos años después.
La historia de Francisco con la escultura se remonta a hace cuatro años. En 2022 visitó a un amigo, pintor y coleccionista de arte, en un municipio de la sierra madrileña. “De repente, vi en el jardín una escultura de piedra blanca, enorme, de casi tres toneladas. Le dije que era de Oteiza”. El dueño de la escultura le contó que lleva años intentando que la certifiquen, pero como no aparece incluida en el catálogo razonado que se publicó en 2015 no está resultando sencillo. Además, la Fundación Museo Oteiza (Alzuza, Navarra) no ha emitido aún un dictamen sobre ella. Curiosamente, el catálogo sí refiere el friso y los apliques con relieves que, a la vista de la investigación posterior de Francisco, parecen inseparables de la escultura.
“Es ahí cuando empiezo a estudiar la pieza y descubro que pertenece al conjunto escultórico de los jardines del Hotel Fénix”, explica con entusiasmo. En el Colegio de Arquitectos se custodia el archivo personal de Bernardo Yzenga, uno de los arquitectos de la reforma de la plaza, y en él pudo localizar los planos (ha encontrado tanto los de los años cincuenta, cuando se construyó el hotel, como los de la remodelación de los años ochenta). También ha recabado documentación en el Archivo de la Villa, el de la Gerencia Urbanismo, o el de Patrimonio, entre otros.
Pero, ¿cómo llegó la gigantesca escultura a ese jardín? Uno de los arquitectos encargado de la obra de remodelación de 1987 se encontró la escultura al desescombrar. “Vio que la grúa la cogía y se debió decir, pero ¿qué es esto? Habían levantado planos del friso, pero la escultura la encontraron dentro. Se la llevó a su jardín particular, donde estuvo hasta que la vendió en 2007”. Lo increíble es que el desmontaje, desaparición y probable destrucción de parte de la obra se llevó a cabo a pesar de la prohibición expresa de la Dirección General de Patrimonio, que lo había desautorizado.
Francisco explica que el actual propietario de la pieza está dispuesta a cederla para su exposición permanente en un espacio señero coherente con la impronta de Oteiza y él sueña con posibles ubicaciones para la obra escultórica restaurada, bien sea con los elementos originales ahora desaparecidos o con otros sustitutivos. “Como era un friso de hormigón, con los planos del conjunto es posible de recuperar”, explica con entusiasmo.
La historia de Madrid con Jorge Oteiza trata, como hemos visto, de espectros escultóricos que pudieron estar y dejaron un hueco en nuestro paisaje urbano. O que fueron arrojados al cubo de la basura. La gran piedra de Colmenar con forma de T estuvo en el Paseo de la Castellana y quiere ser reconocida.
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