El pequeño pueblo románico de León rodeado por la Cordillera Cantábrica y que cambia de color al terminar el verano

El columpio gigante de Riaño.

Sofía Toraya

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Cuando se habla de la provincia de León, la mente viaja casi por instinto a la majestuosidad de su catedral gótica, a la luz azulada y violeta que dejan sus vidrieras medievales o al magnífico recorrido que ofrece el casco histórico. Sin embargo, al dejar atrás la capital y adentrarnos hacia las cumbres septentrionales, el horizonte se transforma radicalmente. Allí, donde la llanura castellano-leonesa choca contra la Cordillera Cantábrica, se alza un territorio fascinante y sobrecogedor: Riaño.

Conocido por muchos como el “fiordo leonés”, Riaño es mucho más que un pueblo pintoresco castellano; es el testimonio vivo de la unión entre la naturaleza y lo urbano. La localidad que hoy se puede visitar nació tras la construcción del conocido embalse. Su proyección data de inicios del siglo XX y durante el franquismo comenzaron las primeras obras, pero fue en los años 80 cuando se terminó su construcción, un acontecimiento doloroso que sumergió bajo las aguas el viejo valle y nueve pueblos enteros: Anciles, Escaro, Hueldes, La Puerta, Vegacernega, Pedrosa del Rey, Burón, Riaño y Salio. Décadas después, el espíritu montañés ha resurgido con fuerza, convirtiendo a Riaño en un punto destacado para el ecoturismo, la observación de fauna ibérica y el senderismo en el norte de España.

El otoño transforma el paisaje de Riaño

Riaño impresiona en cualquier momento del año, pero es al terminar el verano, cuando el otoño comienza a asomarse y el paisaje experimenta un cambio radical, cuando cautiva especialmente a quienes disfrutan de las imágenes paisajísticas. Con la llegada de esta estación, la temperatura baja, especialmente al encontrarse en una zona montañosa, y las masas forestales que cubren sus laderas despliegan una amplia paleta de colores.

Los densos hayedos y robledales que rodean el embalse cambian sus intensos verdes de verano —ideales para encontrar sombra durante los días más cálidos de la temporada estival— por un mosaico de amarillos, naranjas, cobres y rojos profundos. Todo ello contrasta con los tonos grises de las crestas de las montañas y el azul verdoso de las aguas quietas del embalse.

Recorrer la zona entre los meses de octubre y noviembre supone adentrarse en un paisaje en constante movimiento: las hojas caen y el aire de las montañas las desplaza mientras aparecen el olor de la tierra húmeda, la hojarasca y la leña recién cortada para calentar los hogares. Además, la luz del amanecer y el atardecer tiñe las cumbres con tonos dorados.

Un refugio para la fauna de la Cordillera Cantábrica

En el año 1994 fue declarado Parque Regional, actualmente Parque Regional de la Montaña de Riaño y Mampodre. Este espacio protegido alberga algunos de los ecosistemas mejor conservados de la península ibérica. La baja densidad de población, la abundancia de agua y la gran masa forestal convierten este lugar en un refugio natural y tranquilo para la fauna silvestre.

Aunque en el propio núcleo urbano resulta difícil cruzarse con grandes depredadores —aunque no es del todo imposible, ya que muchos bajan a los pueblos en busca de alimento—, basta con adentrarse unos kilómetros por las pistas y valles de los montes circundantes para entrar en el territorio de algunas de las especies más emblemáticas de la fauna europea.

Uno de los más conocidos es el oso pardo ibérico. Tras décadas en peligro de extinción y siendo prácticamente imposible de ver, en la Cordillera Cantábrica ha experimentado una importante recuperación. Los bosques de Riaño, con sus laderas repletas de arándanos y hayucos, son un punto de paso y alimentación para estos grandes animales. Por otro lado, también está presente el lobo ibérico. Algunas empresas especializadas organizan rutas para su avistamiento ético y, en muchos casos, los profesionales acuden con equipo especializado para observarlos desde lejos al amanecer.

Bisontes.

No se puede olvidar la “berrea”, cuando el venado entra en celo y sus bramidos suenan con la llegada del invierno. Es algo muy típico de Cantabria, pero en el Parque Regional de la Montaña de Riaño y Mampodre, en León, también es posible observarlo. Uno de los momentos más llamativos se produce cuando los machos chocan sus astas y pelean para mostrar su poder. Lo más importante en estos casos es mantener la distancia y dejar que la naturaleza siga su ciclo.

A pocos kilómetros, en la comarca vecina de San Emiliano, hay una iniciativa singular. Se están reintroduciendo bisontes europeos en el Valle de los Bisontes y en reservas asociadas, y varias empresas organizan rutas para poder contemplar de cerca a este gigante de la Prehistoria. Se hace de esta manera para preservar su seguridad y permitir que los animales vivan tranquilos. Pero no todo son animales terrestres, ya que también hay aves como el buitre leonado, el águila real o el alimoche, mientras que en las zonas más tupidas resiste el urogallo cantábrico, muy esquivo con los humanos.

Dos rutas para contemplar Riaño desde las alturas

La ascensión al Pico Gilbo, a 1.677 metros de altitud, es una de las rutas más conocidas de la zona. Debido a su afilada pirámide caliza ha sido bautizado coloquialmente como el “Matterhorn leonés” y el Gilbo es una de las cimas más codiciadas. La ruta arranca cerca de la ermita de Quintanar o cruzando el viaducto. La subida atraviesa hayedos antes de encarar el tramo final, que exige cierta precaución. La recompensa en la cumbre es una panorámica de 360 grados sobre los brazos del embalse y las cumbres de Mampodre y Picos de Europa.

Riaño.

El pico Yordas o Burín, a 1.967 metros de altitud, se encuentra ubicado en la margen derecha del embalse, cerca de la localidad de Burón. El Yordas es una mole cuya ascensión discurre por el valle de Tendeña y por bosques de hayas. Desde su cima, la vista del embalse impresiona por su inmensidad. Es una ruta de 19 kilómetros y el tiempo estimado es de 7 horas. Es importante recalcar que se trata de un recorrido complicado, por lo que requiere una preparación previa y experiencia.

El columpio gigante con vistas al embalse

En Riaño, uno de los principales atractivos es el columpio gigante, catalogado como el más grande de España. Está situado en el Alto de Valcayo y, en temporada alta o durante los festivos, pueden formarse colas de hasta dos horas para subirse y hacerse la conocida fotografía para las redes sociales. Por ello, resulta más recomendable acudir en jornadas con menor afluencia para poder disfrutarlo con mayor tranquilidad.

Para llegar a pie al columpio, hay que salir del pueblo de Riaño en dirección al camping municipal y ascender hacia el aparcamiento del cementerio. Desde allí, se debe continuar caminando por un sendero de tierra señalizado y bien acondicionado que sube por la ladera de la montaña hasta el conocido Mirador de Las Hazas. El trayecto es de aproximadamente 1,2 kilómetros, unos 20 minutos, hasta alcanzar la cima donde se encuentra el columpio gigante.

Por todo ello, Riaño es un destino adecuado para visitar tanto en familia como con amigos o en pareja. Ofrece la posibilidad de desconectar del día a día en un entorno rodeado de naturaleza y animales, como los bisontes, que se encuentran en un espacio en el que se busca preservar su tranquilidad.

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