Elif Eralp, la respuesta al ascenso de la ultraderecha que llevó a La Izquierda a su primera victoria de la historia en Berlín
“Yo soy la respuesta a Sajonia-Anhalt”. Elif Eralp no dudó en elegir su primer mensaje político en una conversación con periodistas extranjeros celebrada el pasado 11 de septiembre en Berlín. Pocos días después de la primera victoria de Alternativa para Alemania en unas elecciones regionales –las de Sajonia-Anhalt–, la líder de La Izquierda en Berlín y posible futura jefa de Gobierno de la capital alemana se ofrecía como una alternativa a la ultraderecha alemana: “Sería una gran señal que en Berlín alguien con antecedentes migratorios llegase a ser alcaldesa, ya que AfD basa su política en el rechazo a las personas con raíces migrantes”.
El pasado 20 de abril, Elif Eralp y su partido escribieron historia: La Izquierda se convirtió por primera vez en la fuerza más votada de Berlín, con más del 25% de los votos, por encima de lo que la mayoría de encuestas proyectaban y muy por delante de los conservadores de la CDU, que retrocedieron más de nueve puntos y se quedaron por debajo del 20% y a las puertas de perder el Gobierno regional.
La Izquierda, nacida a inicios de este siglo de la confluencia de los poscomunistas del Este de Alemania y de socialdemócratas germano-occidentales escindidos del SPD, se confirmaba como un polo ideológico y programático alternativo al ascenso reaccionario de AfD, al menos en la capital alemana y en otras núcleos urbanos del país. La Izquierda, que luchaba hace poco más de un año por no quedar fuera de los parlamentos, se ha convertido en un partido joven, urbano, con una agenda propia y una estrategia digital efectiva y moderna.
De desconocida a icónica
Elif Eralp era hasta hace pocos meses una política más bien desconocida en la política berlinesa y alemana. El rostro de esta mujer de 45 años, hija de refugiados políticos turcos llegados a Alemania en la década de los 80, es ahora un ícono de la izquierda alternativa europea. Eralp no rehúye responder a preguntas sobre su historia familiar: “Mi madre ayudó organizar una huelga en Turquía y pasó varias semanas en prisión por ello. Y mi padre trabajaba para un partido socialista. Ambos repartían material, realizaban labor educativa, pasaban mucho tiempo en los barrios pobres donde hablaban con la gente sobre el capitalismo y sobre cómo se podía intentar superarlo”.
Tras el golpe de estado militar en Turquía en 1980, sus padres decidieron huir hacia Inglaterra. Por el camino, por carambolas de la vida, acabaron pidiendo asilo en Alemania. La madre llegó al país embarazada de Elif, que nació en Múnich en 1981. “Lo pasamos muy mal en los primeros años porque prácticamente teníamos que cambiar de piso cada pocos meses. Nos alojábamos donde podíamos, en casa de algún conocido o en algún piso de subalquiler. El proceso de asilo duró más de dos años”.
Abogada de formación con ideología de izquierda desde la cuna, Eralp está casada, es madre y vive en un apartamento de alquiler, como la enorme mayoría de los habitantes de la capital alemana. Reconoce llevar años en búsqueda de un piso más grande que es imposible encontrar, una situación conocida por buena parte de las familias jóvenes de la capital alemana. Esa historia personal y la cercanía con los principales problemas de la ciudadanía berlinesa han sido las grandes bazas de su candidatura y, probablemente, también el principal motivo de su éxito.
“Las madres solteras con varios hijos me cuentan que no encuentran una vivienda asequible y que se ven obligadas a vivir en un piso de dos habitaciones. Justo hace unos días, en una consulta social, recibí a una mujer que me explicó que no podía pagar sus facturas y se sentía muy avergonzada por ello”, explicaba la líder de La Izquierda berlinesa sobre su experiencia en las asesorías a inquilinos que su partido ofrece en diferentes distritos de la capital alemana, otro de los puntales organizativos de La Izquierda defensora del “socialismo democrático”.
Programa y movilización
A diferencia de otras recientes elecciones regionales como las Sajonia-Anhalt o las de Mecklemburgo-Antepomerania, en la que los partidos han basado su estrategia electoral en oponerse al mensaje de la ultraderecha, La Izquierda berlinesa ha sabido detectar las principales preocupaciones del electorado y elaborado un programa basado en tres grandes ejes: acceso a una vivienda asequible, fortalecimiento de los servicios públicos y limpieza de las calles, este último, un problema que afecta a los barrios más populares de la capital alemana.
En lugar de copiar el mensaje de ultraderecha o basar la oferta electoral en un simple muro de contención frente al auge de AfD, La Izquierda de Berlín ha impuesto un propio marco en el que disputar el combate electoral. Elif Eralp lo explica de manera aún más práctica: “No se trata de un conflicto entre fuera y dentro, es decir, entre personas con y sin antecedentes migratorios, sino de un conflicto entre los de arriba y los de abajo”. Ningún partido antes combatió de manera más efectiva el chovinismo social promovido por AfD entre la clase trabajadora, con éxito en regiones como la Cuenca del Ruhr donde el votante tradicional de izquierda está virando hacia la ultraderecha.
Ese programa y esa estrategia electorales han tenidos sus frutos en dos caladeros que parecían condenados a caer del lado de AfD. En las últimas elecciones berlinesas, La Izquierda fue el partido que más abstencionistas atrajo y la fuerza que más creció entre la clase trabajadora. El periodista y analista político Sebastian Friedrich, uno de los mejores conocedores de la ultraderecha y sus estrategias, lo explica de la siguiente manera: “A la polarización 'AfD contra el resto' o 'enemigos de la democracia' contra 'partidos democráticos' se le opuso otro eje de conflicto: inquilinos contra grandes grupos inmobiliarios, distribución de arriba hacia abajo”, escribe Friedrich. Sin unas líneas de conflicto propias tan claras, establecidas en este caso por La Izquierda, su victoria electoral difícilmente habría sido tan rotunda.
¿Gobernará La Izquierda?
La gran apuesta del partido de Elif Eralp es la expropiación de los mayores tenedores de vivienda de la capital y el establecimiento de un tope a los precios del alquiler. Así quieren conseguir proteger casi un 40% de la oferta de alquiler de la capital alemana y hacer que la ciudad sea para la gente que trabaja y vive en ella.
“La socialización de la vivienda se basa, como es sabido, en el artículo 15 de nuestra Constitución. Esto significa que, por supuesto, no lo haremos por la fuerza, sino que se trata de un medio democrático y tampoco entraremos en negociaciones porque está muy claro que las empresas inmobiliarias como Vonovia obtienen enormes beneficios gracias a la especulación y a nuestros pagos de los alquileres”, argumenta la posible futura alcaldesa de Berlín.
Pese a las acusaciones de antisemitismo que arrecian sobre el partido por sus posiciones críticas con el Gobierno de Israel y los contactos de algunos de sus miembros con activistas antisionistas, el gran obstáculo para que La Izquierda lidere una futura coalición con socialdemócratas y Los Verdes en Berlín son sus planes de expropiación. Los dos últimos partidos podrían optar por gobernar con los conservadores de la CDU, que se mantendrían así en el poder pese haber perdido las elecciones. Elif Eralp y su partido se quedarían a un paso de volver a escribir historia en Berlín: que una mujer, socialista e inmigrante gobernase la capital federal de Alemania.
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