Cuánto más puede resistir Friedrich Merz al frente de Alemania
Poco antes de que las encuestas a pie urna en Schwerin anunciasen el peor resultado de la historia de los conservadores de la CDU en unas elecciones regionales, una noticia saltaba el domingo en Berlín: Friedrich Merz comparecería poco después de las seis de la tarde en la central democristiana en la capital federal, justo después del cierre de los locales electorales. No se recuerda algo similar en Alemania: que un canciller se adelante a las valoraciones de los candidatos regionales de los partidos y tome la palabra robando el protagonismo al resto de actores políticos.
“El resultado en Mecklemburgo-Antepomerania es un desastre. La CDU ha peleado, pero ha quedado destrozada por la polarización entre SPD y AfD”, dijo Merz con gesto de derrota y evidente cansancio. El canciller y presidente democristiano calificó el resultado de su partido de “respetable” en las otras elecciones de la jornada: en Berlín, la CDU perdió más de nueve puntos y quedó en segunda posición, por detrás de los poscomunistas de La Izquierda, que ganaron claramente las elecciones en la capital.
Contra pronóstico, cuando todo apuntaba a una bomba informativa, Merz sorprendió una vez más: “Alemania es capaz de llevar a cabo reformas. Me atrevo incluso a afirmar que estas reformas son el antídoto contra el veneno autoritario”, dijo el canciller, sin nombrar expresamente a AfD. “Lo que hay que hacer ahora requiere firmeza, constancia y paciencia. Yo voy a poner de mi parte. Como presidente del partido CDU y, sobre todo, como canciller federal de nuestro país”. Merz se mantiene al frente de Alemania y de su partido.
El canciller pronunció esas palabras antes de que hubiese resultados definitivos en Mecklemburgo-Antepomerania. Cuatro horas más tarde, poco después de medianoche, se hacía oficial el peor escenario para los conservadores: la CDU, con 4,9% de los votos, se queda fuera del Parlamento regional, situación inédita en la historia de la República Federal. El partido que reconstruyó la Alemania de posguerra cae en el extraparlamentarismo en el noreste del país. Las palabras de Merz de media tarde habían envejecido meses en tan sólo unas horas.
Dudas sobre la Gran Coalición
Merz unió este domingo su futuro político a la capacidad del Gobierno federal de la Gran Coalición de sacar adelante su agenda de reformas económicas y políticas. Pero los resultados de la doble cita electoral dejan aún más dudas sobre el futuro del Ejecutivo liderado por Merz. Democristianos y socialdemócratas perdieron juntos más de 15 puntos en Berlín, ciudad que han gobernado también en Gran Coalición durante los últimos tres años. El castigo a los partidos que hoy dirigen Alemania es innegable en la capital, que se enfrenta ahora a la difícil tarea de formar Gobierno.
El mensaje que las urnas lanzan desde el norte, en Mecklemburgo-Antepomerania, no es mucho más alentador para Merz: los conservadores de la CDU pierden más de ocho puntos y caen en la irrelevancia política del extraparlamentarismo. La primera ministra regional, la socialdemócrata Manuela Schwesig, pierde las elecciones frente a la ultraderecha, pero probablemente podrá mantenerse en el poder si consigue armar una coalición con los poscomunistas de La Izquierda y Los Verdes.
Se puede decir que Schwesig ha conseguido aguantar el pulso a la ultraderecha, que gana casi 20 puntos respecto a las últimas elecciones regionales, pese a su partido: la primera ministra ha hecho campaña centrándose en su figura, muy popular en Mecklemburgo-Antepomerania, y no ha dudado en atacar algunas de las reformas propuestas por la Gran Coalición de Merz, de la que su partido forma parte, como, por ejemplo, la prolongación de la edad de jubilación o los recortes sociales.
Los resultados lanzan un mensaje común al Gobierno de Merz: si la única respuesta del canciller federal es mantener inalterado el curso de sus impopulares reformas, la crisis dentro del Gran Coalición parece servida en bandeja. Cuesta imaginar cómo Merz conseguirá agotar la legislatura y mantener el Gobierno unido, con una dirección socialdemócrata muy desacreditada y una creciente oposición interna dentro de las filas conservadoras.
La destrucción de la CDU
Los resultados de este domingo vuelven a confirmar el auténtico proyecto de la ultraderecha de AfD: la destrucción de la democracia cristiana de la CDU para alcanzar la hegemonía política y electoral en un país esencialmente conservador. AfD quiere convertir ese conservadurismo en voto reaccionario para poner en marcha proyectos como el de la “remigración”: es decir, la expulsión de millones de personas para recuperar la homogeneidad etnocultural de Alemania, una posición que raya claramente con el neonazismo. La salida de los democristianos del parlamento regional de Mecklemburgo-Antepomerania confirman que la ultraderecha va por buen camino.
La buena noticia para Merz es que las elecciones del pasado domingo cierran un año electoral que ha dejado dos victorias electorales de la ultraderecha —una en Sajonia-Anhalt y otra en Meclemburgo Anteporania— y una de los poscomunistas de La Izquierda —en Berlín—. Hasta abril del próximo año las urnas no se volverán a abrir en Alemania. Será con tres comicios regionales en Schleswig-Holstein, el Sarre y Renania del Norte-Westfalia, en esta ocasión en el Occidente del país.
El plan de Merz parece ser resistir en el poder y al frente de su partido hasta entonces. Pero durante estos meses, Alemania podría tener su primer ministro regional ultraderechista en Sajonia-Anhalt, estado en el que Ulrich Siegmund se quedó al borde de la mayoría absoluta a inicios de este septiembre. Entre las filas de la CDU las voces críticas con la gestión de Merz amenazan con convertirse en una rebelión dentro del conservadurismo. La dimisión a plazos que Merz podría entonces convertirse en una renunciada forzada. A estas alturas la cuestión no es si Merz caerá, sino cuándo.
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