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Los evacuados sustituyen a los turistas en El Escorial: “En un rato, tres personas nos ofrecieron su casa”

La plaza del monasterio de San Lorenzo del Escorial este sábado casi vacía.

David Vázquez Baciero

El Escorial —
25 de julio de 2026 22:46 h

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Las cifras asustan. Después de verse obligados a trasladar el centro de mando de Cenicientos a Navalcarnero para poder seguir la evolución del fuego, las autoridades reconocen ya más de 90.000 personas afectadas, entre desalojados y confinados, entre Ávila y la Comunidad de Madrid. Son la principal consecuencia humana de los incendios que asolan el centro peninsular. Lo hacen a través de distintos fuegos que amenazan con unirse en un inmenso frente y que solo en la quincena que va del 9 al 22 de julio suman 72.000 hectáreas. En lo que va de año, la superficie quemada asciende a 126.000 hectáreas.

Las malas noticias, sin embargo, no acaban aquí. Tal y como han comprobado en la mañana y la tarde del sábado en poblaciones tan turísticas como San Lorenzo de El Escorial, no es necesario que el fuego entre en un municipio para que cause estragos. En el caso de este histórico municipio, bastó el vaticinio de que el fuego podría extenderse por la zona, que se disparó a última hora de la noche del viernes, para que en pleno 25 de julio la localidad presente un aspecto desangelado, con plazas vacías, restaurantes sin apenas clientes y hoteles que han sufrido una sangría de huéspedes que han hecho las maletas antes tiempo. Temen que el viento vire de nuevo y el fuego vuelva a amenazar.

Y eso que el cielo, a diferencia de lo que ocurrió en la tarde y en la noche del viernes, lucía este sábado un azul limpio, casi cristalino, nada que ver con los oscuros nubarrones de humo que llevan días manchando de ceniza la región. Pero ha dado lo mismo: “La gente se ha ido un día antes de lo que tenían previsto, aunque pensamos que la situación puede mejorar”, explica Camila Simmering, de 31 años y coordinadora de Recepción del hotel Miranda & Suizo, en San Lorenzo de El Escorial. Cuenta que, para facilitar que la gente se traslade al hotel si lo necesita, han puesto a disposición del público una tarifa de habitaciones por 65 euros la noche cuando su precio normal, a finales de julio, rondaría los 80. Estos cuentan además con una recepción que trabaja las 24 horas. El negocio, sin embargo, se mantiene por ahora en un 55% de su capacidad cuando lo normal es que a estas alturas del año registre una ocupación cercana al 90%.

Camila Simmering, 31 años, coordinadora de Recepción en el hotel Miranda y Suizo, en San Lorenzo de El Escorial.

“En un fin de semana normal habría muchísima más gente”, apoya Iris Jaurena, que a sus 21 años atiende el puesto de souvenirs e información que hay cerca del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La poca afluencia de público le da tiempo para explicar que en días anteriores las pavesas, las pequeñas partículas incandescentes que viajan por el aire como consecuencia del incendio, han causado estragos entre compañeras que padecen dificultades respiratorias. Antes de que un tímido turista le pida información sobre las entradas al monasterio, todavía tiene unos minutos más para hacer una llamada a la responsabilidad y la prudencia, también entre los visitantes e incluso en pleno verano.

Tampoco anda muy apurado Jeison Ortiz, camarero de 41 años que trabaja desde hace 18 en el restaurante de comida española El sol sale para todos, en el mismo municipio. Aunque reconoce que durante el día han recibido algunas cancelaciones de mesas, mantiene la fe en que no sea un sábado del todo perdido: “Aquí la gente suele venir mucho más por la noche. Es cuando tenemos que trabajar más”, comenta mientras, a eso de las 13.30, con sus terrazas casi vacías, termina de preparar una mesa para unos clientes que no se terminan de animar.

Jeison Ortiz, de 41 años, en San Lorenzo de El Escorial

Las familias desalojadas sustituyen a los turistas

La ausencia de unos en localidades tan volcadas al turismo guarda relación, por desgracia, con la forzosa presencia de otros. Lugares como las inmediaciones de la estación de Cercanías del pueblo de El Escorial se han convertido en las últimas horas en un refugio improvisado para algunas de las familias que han tenido que abandonar su hogar prácticamente con lo puesto. “Jodido. Para qué te voy a decir otra cosa. La verdad es que estoy jodido”, responde cuando se le pregunta cómo está Diego Barjkardt, un adiestrador de perros venezolano de 58 años que vive en Robledo de Chavela, una de las localidades desalojadas el viernes.

“Yo me quería quedar, pero mi hermana no y al final nos fuimos”, relata Barjkardt, que, tras salir a la carrera de su hogar, ha tratado con escaso éxito de descansar algo en el coche. Allí ha compartido espacio con su propia hermana y con Pepe y Polo, dos pastores alemanes de nueve y 12 años, respectivamente. Por toda fuente de aseo, el baño de la estación de cercanías de El Escorial: “Hay que pagar, pero es lo que hay”, se resigna el adiestrador.

Diego Barjkardt, 58 años, en El Escorial.

El fiel Pepe está recibiendo corticoides porque sufre un cáncer, y Polo ha perdido la capacidad de mover las patas traseras. Por eso, su dueño, que los trajo con él de Venezuela, no se separa un solo minuto de ellos: si se sienta en un banco, con él anda Pepe, que, enfermo o no, todavía conserva la capacidad de intimidar a quien llegue con malas ideas. Con sus dos perros, Barjkardt siente que ha dormido algo más seguro.

“En un rato que estuvimos en una terraza, tres personas se acercaron para ofrecernos su casa”, subraya José Gómez, un instalador de sistemas fotovoltaicos de 54 años que ha convertido su caravana en un hogar para él, su perro y sus dos gatos. Como quien abre la puerta de su casa, se calza antes de aparecer por la puerta trasera del vehículo y explicar que es de Fresnedillas de la Oliva, otra de las localidades desalojadas el viernes, pero que va siguiendo las evoluciones del fuego en un grupo de Whatsapp del pueblo creado para la ocasión y que ya cuenta con 875 miembros. La cifra constituye casi la mitad de los cerca de 1.900 habitantes que tenía censados el pueblo en 2025, según el INE. “El grupo me da mucha tranquilidad porque hay metida gente que trabaja en el 112 y que nos da información de primera mano. Las noticias fiables en mitad de tantos bulos se agradecen”.

José Gómez, 54 años, en El Escorial.

Gracias a las informaciones que recibe por el grupo, Gómez sabe, por ejemplo, que hay fincas afectadas, pero que su casa, que está en el centro del pueblo, por el momento permanece a salvo. También permanece a salvo el propio pueblo de El Escorial, aunque a Carmen Rodrigo, una limpiadora de 56 años, el susto no se le pasa. Tiene motivos: en estos días se ve obligada a cambiar cuatro veces el cubo del agua, que tan ennegrecida queda tras absorber la ceniza de los incendios. “Ayer parecía que nos movían, hoy parece que no”, explica mirando al incendio y deseando que la situación no cambie. Por otra parte, tiene claro que el fuego, aunque no haya penetrado en el municipio, ya está causando estragos: “San Lorenzo de El Escorial está horrible. La gente no viene. Hay mucho miedo”.

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