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El partido inaugural: 76 años de historias que hablan más de los países anfitriones que de la competición

Estados Unidos desfila en el partido inaugural del Mundial de Uruguay 1930 en el Gran Parque Central de Montevideo

Alfonso Alba

11 de junio de 2026 21:46 h

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Estadios sin acabar, partidos malditos, campeones vencidos y anfitriones humillados. La historia de los partidos inaugurales de los mundiales está fresada de anécdotas, historias periféricas que muchas veces dicen más del país donde el balón comienza a rodar.

En Montevideo, en 1930, en un campeonato al que hubo muchas selecciones que no quisieron ir, comenzó todo, la historia del torneo deportivo que más atención genera en el mundo, 6.000 millones de espectadores potenciales en la edición de este año. Lo que sigue es un pequeño resumen a través de las anécdotas de unos partidos que comenzaban a jugarse meses antes. Alguno de aquellos partidos todavía no se ha acabado de disputar.

Uruguay, 1930, un estadio sin acabar construido sobre una ciénega

En el cenagal donde cinco meses antes pastaban las chivas de las chacras cercanas debía haberse disputado el primer partido de fútbol de la historia de los mundiales. El estadio Centenario de Montevideo, un icono de Uruguay y una cancha prevista para acoger a 90.000 espectadores, debía estar rematado el 13 de julio de 1930. Pero arreciaron lluvias torrenciales, previas al nacimiento del realismo mágico. “Cuentan quienes conocían la zona que si se escuchaba atentamente podía oírse correr agua”, escribe Luis Prats en el libro La crónica celeste.

La historia del primer partido de los mundiales, que arrancaron en Uruguay en 1930, es también la de la lucha contra el reloj de los países organizadores. La FIFA llevaba intentando organizar un Mundial desde 1905, pero no se lo tomó en serio hasta que no acabó la Primera Guerra Mundial y el fútbol era ya un deporte global. En 1928, en Ámsterdam, la FIFA aprobó organizar el primer torneo Mundial. En 1929, en Barcelona, se decidió que fuera en Uruguay por dos motivos: la celeste había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, y el país se había comprometido a correr con todos los gastos de desplazamiento y manutención. Además, de paso, en 1930 se celebraba el centenario de su Constitución.

La única gran infraestructura que tenía que construir Uruguay era precisamente un estadio monumental. La federación eligió al arquitecto Juan Antonio Scasso para diseñar el campo en julio de 1929. Disponía de un año para levantarlo. Scasso entregó los planos en noviembre. En febrero arrancaron las obras. Y para el 13 de julio, a causa de unas lluvias torrenciales y el cenagal en el que se levantaba, el Centenario estaba inacabado. Se abrió cinco días después, para un Uruguay-Perú, justo el día en el que la Constitución charrúa cumplía un siglo. El cemento estaba tan fresco que los espectadores dejaron marcas en las gradas, según las crónicas de la época.

Por eso, el lugar en el que comenzó a rodar la pelota de los Mundiales de fútbol no está en el Centenario de Uruguay, sino a unos dos kilómetros, en el que es el estadio más antiguo de América y el décimo quinto del mundo: el Gran Parque Central. Fue el lugar en el que Estados Unidos y Bélgica le dieron las primeras patadas al balón de un Mundial, un coliseo en uso ininterrumpido desde 1900, sede del Nacional de Montevideo, el punto en el que Joseph Blatter colocó una placa como el primer estadio mundialista y también el lugar en el que acampaba 115 años antes José Gervasio Artigas cuando sublevó a las provincias orientales del Río de la Plata y sentó los cimientos del estado de Uruguay.

Los 'azzurri' haciendo el saludo romano antes de un partido de Italia 1934.

Italia, 1934, la glosa al fascismo que necesitó a cinco extranjeros para ganar el Mundial

La Italia fascista de Mussolini organizó el Mundial de 1934. Uruguay se negó a jugar, a pesar de ser el campeón (el único que no ha disputado el siguiente). Pero no lo hizo en protesta contra el fascismo. Fue en venganza porque Italia se había negado a jugar el de Uruguay.

Italia no tuvo un partido inaugural, sino un carrusel. A las 16:30 del 27 de mayo de 1934, el balón rodaba a la vez en ocho estadios diferentes del país. En Roma, en el bautizado como Estadio del Partido Nacional Fascista Italia goleaba a Estados Unidos por siete a uno. España debutaba frente a Brasil, a la que ganaba tres a uno y marcaba su primer gol de penalti. 

Aquel Mundial es recordado por la omnipresencia de Mussolini, que creó una Copa Duce que entregó al vencedor y que era cuatro veces más grande que el trofeo de campeón del mundo. Por el saludo fascista de la selección italiana al principio de cada partido, que acompañaban también algunos árbitros (muchos en nómina del propio Mussolini). Y por la historia de los Oriundi, los cuatro argentinos y el brasileño que se nacionalizaron italianos en tiempo récord y que se convirtieron en campeones en un Mundial que debía haber ganado la España de Zamora y Lángara. 

Uno de aquellos oriundi era Luis Monti, que había disputado la final con Argentina cuatro años antes. En el Centenario de Montevideo confesó que lo hizo amenazado por la afición charrúa si ganaba. En Roma, quien lo amenazó fue el propio Mussolini. Si perdía. Las normas FIFA obligaban a que un jugador podía cambiar de selección si llevaba al menos tres años nacionalizado. Monti apenas llevaba uno. Tampoco cumplían los requisitos Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio Demaría y el brasileño Guarisi. A Mussolini no le importaban tanto los reglamentos como ganar. 

Francia, 1938, los abucheos a la Alemania nazi y La Marsellesa en el Parque de los Príncipes

Francia 1938 fue, sin duda, el Mundial más político de la historia. Europa se asomaba al abismo de la Segunda Guerra Mundial, España se desangraba en la Guerra Civil y Alemania se acababa de anexionar Austria, clasificada por méritos propios para un Mundial que no pudo disputar.

El partido inaugural se disputó el 4 de junio de 1938 en el Parque de los Príncipes de París entre Alemania (con cinco austríacos en el once inicial) y Suiza. En la formación inicial, los alemanes hicieron el saludo nazi y el Parque de los Príncipes comenzó a tronar en abucheos, disturbios y a entonar La Marsellesa. Fue un ambiente similar al mítico final de Evasión o victoria (ficción).

Goebbels había trazado un plan en el que afirmaba que ganar un partido del Mundial era más importante que tomar una ciudad del Este. El objetivo era idéntico al de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936: demostrar la superioridad de la raza aria. Y el plan era sumar la magia de los futbolistas austríacos, el Wunderteam , una de las selecciones más brillantes del mundo, a la de los teutones. Pero había un problema: los austríacos y los alemanes no se soportaban. En el Mundial de 1934 disputaron un tenso partido por el tercer puesto que ganaron los alemanes por tres goles a dos. Y un segundo problema: la estrella del fútbol austríaco Matthias Sindelar, considerado uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo, aducía problemas físicos y no fue convocado.

Matthias Sindelar.

Sindelar había disputado meses antes un amistoso entre Alemania y Austria frente a los jerarcas nazis. En la primera parte, falló dos goles a propósito. En la segunda, marcó y lo celebró ante el palco. Antes del Mundial de Francia dejó el fútbol y montó un café en Viena. En 1939 fue encontrado muerto junto a su novia en su apartamento. Oficialmente, fue un suicido. Pero siempre se sospechó que fue un asesinato de la Gestapo. A su funeral acudieron 20.000 austríacos, en el primer desafío silencioso a la Alemania nazi.

Aquel partido de junio de 1938 acabó en empate a uno entre Alemania y Suiza. No había penaltis, así que dos días después se volvió a jugar en el Parque de los Príncipes. Esta vez Suiza goleó cuatro a dos y eliminó a la Alemania nazi en primera ronda. Los alemanes nunca volvieron a caer tan pronto en unos Mundiales hasta 2018, ochenta años después.

Brasil, 1950, el árbitro más viejo de los Mundiales que no esperaba ni a los presidentes

George Reader se jubiló dos veces como árbitro. Primero en 1944 y después en 1950. Reader era el árbitro más conocido del mundo, en unos años devastadores, con millones de muertos y países arrasados tras la II Guerra Mundial. Durante la contienda, Reader llegó a arbitrar partidos en Inglaterra. 

Era maestro de escuela, pero su prestigio le perseguía. Tanto que una vez retirado las selecciones de fútbol le requerían para sus amistosos. No se negaba. Tampoco cuando Inglaterra decidió participar por primera vez en un Mundial de futbol, el de Brasil en 1950, y llevar al otro lado del Atlántico a lo mejor del deporte que había inventado.

Reader se había retirado pero fue convencido para arbitrar aquel Mundial. Su silbato fue el primero que se escuchó en el gran Maracaná, en el partido inaugural en el que Brasil ganó a México por cuatro a cero. También lo último que escucharon los 200.000 brasileños que atestaban el estadio en la tarde del Maracanazo, aquel partido (que no final) que Brasil se prometía ganar sin bajarse del autobús pero en el que venció Uruguay.

George Reader, a la derecha, en la famosa final del 'maracanazo'.

Antes de aquel pitido final que dejó a un país entero en depresión (hubo suicidios en el estadio), Reader hizo valer su condición de colegiado inglés. El partido inaugural comenzó a su hora, a pesar de que el presidente de Brasil Eurico Dutra aún no había llegado (lo hizo media hora más tarde). Y cuando se tuvo que emplear a fondo para sacar del césped a una nube de periodistas y fotógrafos después de que Brasil marcase su primer gol en aquel Mundial.

Reader se retiró, pero no del todo. Acabó siendo presidente del Southampton, una ciudad portuaria al suroeste de Londres. Y se sentó junto a Isabel II en 1976, el día en el que su equipo le ganó la FA Cup al Manchester United.

Suiza, 1954, el primer partido en directo retransmitido por la televisión

El 16 de junio de 1954 aún quedaban dos años para que naciera Televisión Española. Por eso, la gran novedad del Mundial de fútbol de Suiza no llegó a España. Los ciudadanos de Francia, Inglaterra, Bélgica, Italia, Dinamarca, Holanda, Suiza y Alemania sí pudieron ver lo nunca visto hasta entonces: fútbol por televisión.

Suiza 1954 no tuvo partido inaugural como tal, sino otro carrusel de encuentros a la misma hora de la fase de grupos. Pero Eurovisión, que ya existía entonces, decidió que el Yugoslavia-Francia fuese el primer partido de fútbol de la historia retransmitido en directo por televisión.

Una cámara de televisión en la inauguración de Suiza 1954.

Y como era de esperar, fue, quizás, el partido más aburrido de uno de los mundiales más recordados. Yugoslavia ganó por uno a cero, al inicio de un torneo que arrojó una media de 5,38 goles por partido. Se trata de un récord imbatido hasta la fecha. Un ejemplo, el partido de cuartos de final entre Austria y Suiza. El marcador final fue de siete a cinco para los austríacos, que jugaron el final del partido con un portero afectado por un golpe de calor (entonces no había cambios), que deambulaba de palo a palo de su propia portería, al que un auxiliar arrojaba agua desde el fondo y que al día siguiente no recordaba nada.

Suecia, 1958, el récord negativo de 'La Tota' Carbajal y México

México, que este año repite es, con diferencia, el país que más partidos inaugurales ha disputado en toda la historia de los mundiales. La Tricolor ha disputado siete encuentros inaugurales: 1930, 1950, 1954, 1958, 1970, 2010 y 2026. Pero no pudo empezar peor. Llegó a Suecia en 1958 con un triste balance: había perdido todos los partidos disputados.

México contaba, además, con un portero mítico: Antonio La Tota Carbajal. El arquero se convertía en el primer futbolista en disputar tres mundiales. Y aún le quedarían dos más. Pero llevaba ya un acumulado de 13 goles en apenas cuatro partidos.

Antonio Carbajal.

Aquel 8 de junio de 1958, México debutaba ante la anfitriona, Suecia, en un partido retransmitido para todo el mundo... que dispusiera de televisión. Los mexicanos se conjuraron para arañar, al menos, su primer punto en los mundiales. Pero la cosa no pudo empezar peor. La Tota tuvo que acudir tres veces a recoger la pelota del fondo de su portería. Carbajal, que iba a ostentar durante años el récord del jugador con más mundiales (cinco), batía un récord negativo: 16 goles recibidos en cinco partidos mundialistas.

Eso sí, México al menos logró arrancar en Suecia su primer punto. Fue tres días después en un empate a uno frente a Gales. Una gesta que se celebró por todo el país. También en Suecia. 

Chile, 1962, “porque nada tenemos, queremos hacerlo todo”

El 30 de mayo de 1962 arrancó el Mundial de Chile con cuatro partidos a la misma hora. Sin partido inaugural como tal, el Chile-Suiza en el Estadio Nacional de Santiago contó con una pequeña ceremonia, casi más luctuosa que festiva. 32 días antes había muerto de manera repentina Carlos Dittborn, considerado como el responsable de que un país como Chile acogiese un acontecimiento tan importante como un Mundial de fútbol.

Aquel 30 de mayo, sus dos hijos hicieron el saque de honor. La selección de Chile, denominada entonces la Roja, lució luto bajo su escudo. Y arrancó un Mundial que la historia considera que Dittborn, diplomático de carrera, le arrebató a Argentina con una frase que en Chile sintetiza la deriva del propio país. Y que se ha usado en multitud de contextos.

Casas derrumbadas en el terremoto de Valdivia de 1960.

La frase luce en el marcador del estadio de Arica, que lleva precisamente el nombre de Dittborn y que fue sede de un Mundial que casi no se celebró por un terremoto dos años antes. Dittborn se dirigió así, en cuatro idiomas, a la asamblea de la FIFA justo después de que el presidente del fútbol argentino dijese: “Podemos organizar el Mundial mañana mismo. Lo tenemos todo”.

Chile apenas tenía estadios e infraestructuras. El Nacional de Santiago, que 11 años después se convirtió en el mayor centro de detención tras el golpe de Pinochet, y poco más. El terremoto de Valdivia, dos años antes, dejó 2.000 muertos y dos millones de afectados. El propio Dittborn planteó renunciar al Mundial y devolver el dinero. Pero el presidente Alessandri se negó: “El Mundial se hace sí o sí”. Otra frase para la historia del país andino.

Inglaterra, 1966, el trofeo que rescató un perro

Inglaterra inventó el fútbol pero renunció a los primeros Mundiales por esa flema tan británica. Pero la enorme acogida de este torneo total les hizo recapacitar tanto que se apresuraron a organizar el suyo. En 1968, en plena efervescencia de la cultura anglosajona, Inglaterra inauguraría y ganaría su propio Mundial, con un trofeo que perdió, que encontró un perro y en el que casi tiene que debutar con los suplentes.

Wembley acogió el partido inaugural el 11 de julio de 1966. Inglaterra se enfrentaba a Uruguay en un partido televisado en medio mundo, con su ceremonia de inauguración y la presencia de la reina Isabel II. Apenas una hora antes, Harold Shepherdson, el utillero del equipo inglés, se dio cuenta de que se había olvidado de los documentos de casi todo el equipo titular. Sin esas fichas no podían jugar. Los ingleses preparaban un debut con los suplentes, pero un motorista logró cruzar Londres a toda velocidad y llegar a tiempo.

Pickles posa ante las cámaras con un balón tras encontrar la Copa del Mundo robada en Inglaterra 1966.

Aquella fue la gran anécdota de una final en la que Uruguay se encerró atrás para empatar (y lo logró) y los periodistas ingleses escribieron que si tuviesen que presenciar más partidos así acabarían pidiendo el cambio de sección. 

Pero el gran protagonista fue un border collie mestizo llamado Pickles (pepinillos). Tres meses antes, un ladrón robó el trofeo, expuesto al público en Londres. Aquello se vivió como un drama e incluso un ridículo mundial. Hasta que Pickles, de paseo con su dueño, descubrió la copa envuelta en papel de periódico en el jardín de una casa. El animal no solo recibió una suculenta recompensa (que cobró su amo), sino que acudió a la celebración del título, comió lo mismo que los futbolistas y hasta se convirtió en una pequeña estrella del cine.

México, 1970, un soviético se lleva la primera tarjeta amarilla de la historia

El 31 de mayo de 1970 a las 12 del mediodía hacía un calor imposible en el fastuoso estadio Azteca de Ciudad de México. A esa hora, y para que se pudiera ver en España, arrancaba un primer partido del Mundial de México repleto de estrenos. Se estrenó la televisión en color y los escasos telespectadores con esa tecnología pudieron ver la primera tarjeta amarilla de la historia.

El árbitro alemán Kurt Tschensche se la mostró al soviético Kakhi Asatiani por conducta antideportiva. Fue la primera tarjeta amarilla de la historia del fútbol, bajo un sol abrasador. 

El árbitro muestra, con disimulo, la primera tarjeta amarilla de la historia de los mundiales de fútbol.

Los soviéticos, que habían intentado adaptarse al clima mexicano y a jugar en altura, protagonizaron otra anécdota. Su seleccionador, Gavril Kachalin, vio que la ceremonia inaugural iba a durar mucho. Su once inicial tenía que posar junto al de México durante un buen rato a pleno sol. Así que decidió sacar a todo el equipo suplente a posar para la posteridad. Poco antes de que comenzase el partido salieron los titulares.

El encuentro acabó cero a cero, en un nuevo Mundial en el que México iba a disputar el partido inaugural. Aún quedaban unos cuantos más. Y al menos dos en el estadio Azteca, al que cantó Calamaro. Pero al de 1986.

Alemania, 1974, la maldición del campeón, la ausencia de Pelé y no le den de beber a los policías escoceses

El Mundial de 1974 lo estrenó el campeón del campeonato anterior por primera vez, y no el anfitrión. Brasil ganó el debut y abrió la maldición de los partidos inaugurales para los campeones. Los equipos que habían ganado el Mundial anterior no pasaban del empate en el partido inaugural. Al menos hasta Estados Unidos 1994.

Aquel 13 de junio de 1974, en el Waldstadion de Frankfurt, era la primera vez que un campeón y no un anfitrión debutaba en el partido inaugural. Brasil frente a Yugoslavia, en un partido en el que no estaba la gran estrella del fútbol mundial, Pelé. O Rei se ausentó después de asombrar en los mundiales anteriores. Una década después dijo que no acudió en protesta por la dictadura militar en su país.

Pero la gran anécdota de la ceremonia inaugural la protagonizó un grupo de policías escoceses dentro de un enorme balón de fútbol. Los fastos, muy castizos, consistían en una ceremonia larguísima en la que se homenajeaba a cada país participante con una actuación de su música más típica. Obviamente, los escoceses acudieron con una banda de gaiteros ataviados como su kilt. Antes, había barra libre de cerveza alemana. Los escoceses tuvieron que esperar 50 minutos dentro de un balón gigante de fútbol antes de que este se abriese y pudieran salir a actuar. Pero habían bebido tanto que del balón no solo salieron gaitas y gaiteros. “Lo peor era el olor”, declararon, después, cuando el mundo entero había contemplado qué es lo que había al fondo de la pelota gigante.

En el siguiente vídeo, a partir del minuto 47 comienza el espectáculo escocés:

Argentina, 1978, a un kilómetro del mayor centro de torturas de la dictadura militar

“Cuando la Junta de Comandantes abrió la ceremonia, decenas de detenidos desaparecidos escuchaban los gritos del festejo mientras convivían con el horror de las salas de tortura”. Esta frase está escrita en el Museo de la Memoria de Buenos Aires, en la sede de la ESMA, el mayor centro de tortura de la dictadura militar de Argentina.

El 1 de junio de 1978, el Mundial arrancaba en el estadio Monumental de River Plate. Se enfrentaban Alemania Federal y Polonia, y los militares, con Videla a la cabeza, celebraban con entusiasmo el mayor acontecimiento deportivo que había acogido Argentina. A diez manzanas de distancia estaba la ESMA. Dentro había centenares de detenidos, que podían escuchar los gritos del Monumental y el entusiasmo de la inauguración de un Mundial.

Actual entrada a la antigua ESMA de Buenos Aires.

Aquel día, a la misma hora en la que se jugaba el partido inaugural, un periodista holandés acreditado para cubrir el Mundial decidió marcharse a la Plaza de Mayo. Las madres de los desaparecidos se concentraban, como cada jueves, con los famosos pañales de sus hijos anudados a la cabeza. “Queremos saber dónde están nuestros hijos, vivos o muertos. Hay miles y miles de hogares sufriendo mucha angustia y desesperación. Ya no saben a quién recurrir. Les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza, ayúdennos”, le rogaban al periodista.

La dictadura argentina sobrevivió cinco años más a aquel Mundial que ganó la albiceleste de Kempes y Menotti, en unos partidos que veían los torturados y los torturadores juntos. Los militares, incluso, llevaban a los presos a los partidos, por ver si había alguien que los reconocía para secuestrarlos.

España, 1982, la Argentina de Maradona pierde ante Bélgica y al día siguiente su ejército se rinde en las Malvinas

Cuatro años antes, como hizo Mussolini en 1934, la dictadura militar argentina había usado el Mundial, su Mundial, para afianzarse y ganar crédito internacional. El 13 de junio de 1982, en el Camp Nou, un Diego Armando Maradona de 22 años fue el segundo futbolista en tocar el balón durante el partido inaugural. La albiceleste defendía título de campeona frente a Bélgica. Y contra todo pronóstico perdió el partido. Un solitario gol de Erwin Vandenbergh congeló a los argentinos.

En la otra punta del planeta, miles de compatriotas argentinos se congelaban o se morían de hambre y penalidades. Al día siguiente del partido inaugural, el ejército de Argentina se rendía en las Malvinas. Habían muerto 650 compatriotas y se había traumatizado a una generación entera.

Aquella rendición supuso el principio del fin de la dictadura militar argentina. La selección de Kempes y Maradona ganó solo dos de los cinco partidos que disputó en España. Ya volvería a llegar su turno cuatro años después.

Imagen de los soldados argentinos en Puerto Stanley en las islas Malvinas cedida por Penguin News/Graham Bound. EFE

México, 1986, nueve meses después del terremoto y una “rechifla” histórica

Nueve meses antes del 31 de mayo de 1986, un terremoto de una magnitud 8,1 mató a miles de mexicanos. Las cifras oficiales calcularon 4.000 víctimas mortales. Otras, incluso, se fueron a más de 40.000. El seísmo dañó o derrumbó cientos de edificios e infraestructuras. Pero la mayoría de los estadios de fútbol de un país que 15 años había organizado un Mundial aguantaron.

Aquel 31 de mayo el Mundial debería haber arrancado en Colombia, y no, de nuevo, en el estadio Azteca de Ciudad de México. A las 12:00 del mediodía, 90.000 mexicanos llenaban el coliseo y trataban de olvidar la pesadilla de nueve meses atrás. Comenzó a llover y la ceremonia inaugural se celebró en los márgenes del campo para no dañar el césped. Los mexicanos que llenaban el estadio apenas vieron nada de unos fastos producidos para la televisión. Aguantaron dos horas de aburrimiento hasta que iba a comenzar el fútbol. La Italia campeona de España 82 se enfrentaba contra Bulgaria. Pero quedaban los discursos.

El presidente de México era Miguel de la Madrid. Al dirigente apenas se le escuchó ni en televisión. La “rechifla” de la afición fue una de las más potentes que se recuerdan en el país de la tricolor. El presidente lo achacó al aburrimiento de la afición. Los mexicanos, al descontento con su gestión tras el terremoto. El partido posterior acabó en bostezos. Italia empató con Bulgaria en uno de los encuentros más tediosos del campeonato de la “mano de Dios”.

Italia, 1990, la sorpresa de Camerún frente a la Argentina de Maradona

8 de junio de 1990. San Siro, Milán. El entonces mejor estadio del mundo acogía la inauguración de un Mundial que marcó a una generación con el debut del también mejor futbolista de la época: Diego Armando Maradona, la estrella del Nápoles, el equipo del sur que había derrotado al norte, que lo odiaba.

Argentina había ganado aquel partido casi sin bajarse del avión. Enfrente estaba Camerún. Su estrella era casi un anciano: Roger Milla. Aquel día, todo el planeta fútbol iba con “los leones indomables”. 

Camerún ganó uno a cero aquel partido inaugural, confirmando la maldición del campeón. Bilardo, el seleccionador, amenazó con volverse a Argentina y estrellar el avión en el océano si los suyos no comenzaban a jugar al fútbol. El drama albiceleste se celebró en el resto del mundo. El fútbol volvía a ser aquel deporte en el que al final no dejan de ser once contra once, y en el que a veces el débil doblega al más fuerte.

Estados Unidos, 1994, el penalti que falló Diana Ross

La FIFA llevaba décadas intentando que el deporte rey lo fuese también en Estados Unidos, sin éxito. Al país más rico del mundo no le gustaba el soccer, como sucede todavía hoy. A sus aficionados le parecía aburrido un deporte en el que se podía empatar. O ganar por uno a cero.

Pero si algo se supone que sabían organizar eran los espectáculos previos y el descanso de los partidos. Ya en 1994 la expectación por lo que ocurría alrededor de la Superbowl era más importante que el propio encuentro, algo que le encantaba a la FIFA pero que odiaban los aficionados al fútbol.

El 17 de junio de 1994, en el Soldier Field de Chicago, iba a arrancar otro Mundial generacional (el del codazo de Tassotti). Alemania se enfrentaba a Bolivia, aunque antes con Bill Clinton en el palco Estados Unidos tenía que demostrar que dominaba el espectáculo.

La actuación principal estaba en manos de Diana Ross. La cantante tenía planificada al milímetro una coreografía con un guiño futbolero. La vocalista de The Supremes, estrella de la Motown, corría micrófono en mano por un pasillo humano camino del área. La misión no era difícil: chutar un penalti con un portero que claramente se iba a dejar colar el gol y ante una portería acercada que en cuanto el balón entrase saltaría en pedazos. Ross falló el penalti, la portería se rompió y el público comenzó a abuchear a la artista. Poco después, Alemania venció por uno a cero a Bolivia, en otro partido aburrido pero en el que marcó el mítico Jürguen Klissman.

Francia, 1998, Ricky Martin y el debut de un tal Ronaldo

En Estados Unidos 1994, Ronaldo (Nazario) tenía 17 años. Formaba parte de la selección de Brasil que ganó aquel Mundial en la agónica final frente a Italia. Pero no jugó ni un solo minuto. El 10 de junio de 1998, Brasil inauguraba el Mundial de Francia frente a Escocia, con el esperadísimo debut de la estrella y su glorioso estado de forma.

Como era de esperar, el partido inaugural fue poco vistoso y Brasil sufrió para superar a Escocia. Pero aquel partido fue el principio de El Fenómeno, que se encontró a una inesperada estrella enfrente: Zinedine Zidane.

Aquel fue el Mundial del Stade de France, de Saint Denis, y de un partido inaugural con una ceremonia a la francesa que se organizó especialmente en las calles de París. Pero en la que el planeta fútbol andaba más pendiente de aquel chaval de 21 años al que ya se comparaba con Pelé.

Si hay una canción de los mundiales que se recordará por los siglos de los siglos es la Copa de la vida de Ricky Martin, mil y una veces repetida en cualquier fiesta, verbena, bar, discoteca o sarao del planeta desde 1998 y hasta el infinito y más allá.

Corea y Japón, 2002, Francia pierde frente a Francia

Francia había ganado su Mundial, el de 1998, y la Eurocopa de 2000. En sus filas campaba el mejor Zidane y les blues soñaban con una final con Argentina. En Seúl, en Corea del Sur, se disputaba el primer Mundial organizado por dos países, y también en el continente asiático. 

Aquel fue el último partido inaugural que disputó la selección vencedora del Mundial anterior y no la anfitriona. Enfrente, una especie de Francia B: Senegal. 21 de sus 23 convocados jugaban en la Liga Francesa y prácticamente o habían nacido en el Hexágono o vivían allí desde pequeños.

Francia sufrió la maldición de los partidos inaugurales y Senegal dio la gran sorpresa. Papa Bouba Diop es considerado un héroe de Senegal por marcar el solitario gol que tumbó a aquella fabulosa Francia, que no pasó de la primera fase.

Alemania, 2006, el doblete de Wanchope, leyenda de los Ticos

Ganar perdiendo. Paulo Wanchope fue un futbolista pionero. De los primeros latinos en debutar en la Premier League, se convirtió en una leyenda del Manchester City previo a Guardiola. Pero es, de lejos, el jugador más importante de Costa Rica por un doblete en un partido que los Ticos perdieron.

El Mundial de 2006 fue en Alemania. En el Allianz Arena de Munich, recién estrenado, se jugó el partido inaugural, que de nuevo disputaba la selección germana. Enfrente, Costa Rica, un combinado modesto pero que contaba con un Wanchope ya venido algo a menos aunque lo acababa de fichar el Málaga.

La Mannchasft acabó ganando aquel partido por cuatro a dos. Pero el doblete de Wanchope está considerado como una de las grandes hazañas de los Ticos, una selección para nada extraña en los Mundiales. 

Aquel Mundial lo acabó ganando Italia, en un campeonato que se recuerda especialmente por la música y por cómo los transalpinos adaptaron el Seven nation army de The White Straits al Siamo campioni dil mundo que hoy se escuchan en cualquier estadio del mundo.

Sudáfrica, 2010, la tragedia que siempre persiguió a Nelson Mandela

Sudáfrica fue el primer Mundial de fútbol que se disputaba en África. Y como casi todo lo que ha ocurrido con multitud de eventos deportivos en el país el responsable fue Nelson Mandela, que entendió el deporte como una manera de coser su nación y de dejar atrás las brechas del apartheid. 

Pero la vida de Nelson Mandela fue siempre una tragedia. El 10 de junio de 2010, cuando venía de uno de los conciertos con motivo del Mundial de Sudáfrica, Zenani Mandela, de 13 años, sufrió un accidente de tráfico y murió. Zenani era biznieta de Mandela que, devastado, no acudió a la ceremonia inaugural (sí que lo hizo en la histórica, para España, final).

Aquel partido inaugural lo disputaron la anfitriona Sudáfrica frente a México. Y es el mismo partido, pero al revés, que este jueves se ha disputado en el estadio Azteca de Ciudad de México para inaugurar el Mundial de 2026.

Mandela, con la Copa del Mundo que ganó España en 2010.

Brasil, 2014, una ceremonia sin discursos para evitar las protestas

Ni Dilma Roussef ni Blatter tomaron la palabra en la Arena de Sao Paulo durante la ceremonia inaugural del Mundial de Brasil de 2014. Meses atrás, miles de personas se habían echado a la calle en todo el país por la celebración del campeonato mundial en el país sudamericano, con diferencia el más laureado del fútbol de selecciones.

En 2013, en la Copa de Confederaciones que la FIFA organizaba, la torcida brasileña abucheó de manera contundente a su presidenta. También a Blatter. Y ambos optaron por no arriesgarse en la ceremonia de 2014.

Los mandatarios, eso sí, fueron abucheados cuando su imagen apareció en el palco del estadio y en las pantallas. Aquel partido inaugural lo disputaron Brasil y Croacia. Tenía que ser el Mundial de Neymar, que brilló con un doblete. Pero fue el de la mayor derrota de la canarinha en un campeonato. Y más en casa. Siete a uno frente a Alemania. Con el Maracanazo, la mayor humillación de los mundiales para Brasil.

Rusia, 2018, la peineta de Robbie Williams

La ceremonia inaugural de Rusia en 2018 en el estadio Lukoil de Moscú fue la más corta de las últimas décadas: 15 minutos. Pero aun así, el prólogo de un campeonato que no se recordará por el buen fútbol dio mucho que hablar antes, durante y después.

La Rusia de Putin contrató como actuación estelar al británico Robbie Williams, icono del mundo LGTBi, estrella del rock y un fan declarado del fútbol. Cuando una cámara se le acercó, mirando a plano lanzó una peineta. La antigua Twitter tardó apenas unos segundos en estallar y en tratar de descifrar ese desafío.

Aunque hubo quien pensó que se trataba de un gesto de solidaridad a las personas LGTBi de Rusia, brutalmente atacadas en el régimen de Putin, la tesis principal fue la de un gesto contra los haters de Williams que, precisamente, habían criticado que prefiriese el dinero a los derechos humanos. El cantante confesó cinco días después que simplemente se le fue la pinza, que improvisó y que en ese momento no pensó en nada más que en que el partido iba a empezar y su actuación tenía que acabar.

Qatar 2022, un Mundial en noviembre y el estreno más polémico del VAR

Sobre el papel, un Qatar-Ecuador es un partido con un escaso interés a nivel mundial. Por mucho que se tratara del partido inaugural de todo un campeonato mundial de fútbol, que se celebrase en el mes de noviembre para satisfacer a otro régimen de los petrodólares y que a la vez los jugadores no desfalleciesen sobre el césped, le restaba cualquier tipo de interés. Aparte de la ceremonia inaugural estaba la curiosidad del estreno del VAR, la ayuda arbitral tecnológica que desde entonces concentra casi más atención que el propio juego.

Obviamente, el VAR se coronó en Qatar 2022, donde se estrenó con la pronosticada polémica. Apenas habían pasado unos segundos desde el pitido inicial, cuando en una jugada extraña la defensa nerviosa de Qatar, un fallo del portero y el acierto de Ecuador hizo que el balón entrase en la portería local. Los ecuatorianos celebraron el que iba a ser el gol más tempranero de la historia en un partido inaugural de los mundiales. Pero ahí estaba el VAR para impedirlo.

El italiano Daniele Orsato pitó fuera de juego tras la activación del sistema semiautomático del VAR. Las imágenes posteriores arrojaron dudas sobre la posición real del delantero ecuatoriano frente al defensa (que era el penúltimo, ya que el portero estaba aún más adelantado). Ecuador ganó, marcando un gol de penalti, pero las sospechas de amaño y de la influencia del régimen catarí no se escabulleron ante uno de los mundiales más extraños y a destiempo de la historia.

México, Estados Unidos y Canadá, 2026, el estadio que consagró a Maradona pero que pita a los argentinos

Es escuchar Estadio Azteca y tararear a Calamaro y evocar a Maradona marcando el mejor gol de la historia de los Mundiales y, también, el más tramposo. La mano de Dios, con aroma a Sorrentino, siempre resonará en el estadio que más partidos de un Mundial de fútbol ha acogido, y que también coronó a Pelé en 1970.

Pero pese a la enorme argentinidad que evoca su nombre fuera de México, dentro del país azteca el peor recuerdo de 1986 es, sin lugar a dudas, Argentina. En el descanso de un tedioso partido inaugural entre México y Sudáfrica (con dos sudafricanos y un mexicano expulsados) los organizadores del Mundial 2026 trataron de rendir homenaje a aquella Argentina que hace 40 años se convirtió en el mejor equipo del mundo. Los mexicanos que llenaban el Estadio Azteca, ahora llamado Ciudad de México, abuchearon ese pequeño homenaje.

El partido inaugural dejó otro hito: fue la primera vez en la historia que no contó con la presidencia de la máxima autoridad del país. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum no acudió. Antes, explicó que nunca iba a partidos de fútbol y decidió sortear su entrada, que finalmente recayó en manos de la joven Yolett Cervantes.

Ceremonia inaugural del Mundial de 2026.
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