'Interferencias_EL/LA': el arte de sentarse a escuchar la voz del pueblo que nunca se llegó a oír
Durante las últimas semanas, una furgoneta ha llegado a los barrios rurales de Huesca. De ella se baja un pequeño equipo dispuesto a conversar durante horas con los vecinos. No buscan respuestas, preguntan por la identidad, por la vida cotidiana y por la manera en que cada persona entiende la igualdad de género desde su propia experiencia.
Así es ‘Interferencias_EL/LA’, un proyecto de investigación artística impulsado por la creadora Maya-Marja Janković que estos días ha recorrido Apiés, Banariés, Bellestar, Buñales, Cuarte, Fornillos, Huerrios y Tabernas de Isuela. La parte visible del proyecto se presentó el pasado sábado en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner de Huesca, pero la autora insiste desde el primer momento en que hablar de “resultado” es quedarse solo con la superficie.
“Aquí no existe resultado final. Este proyecto tiene carácter procesual. Los caminos son el fundamento de cada proyecto y aquí es un proceso continuo”, explica. Esa idea atraviesa toda la iniciativa. ‘Interferencias_EL/LA’ no pretende documentar una realidad para archivarla, sino que quiere crear una obra que cambia constantemente con las personas que participan en ella.
Lo que emerge de esas conversaciones no es un estudio sociológico ni una campaña institucional sobre igualdad entre mujeres y hombres, ni tampoco un documental al uso. Es un archivo de voces colectivo sobre qué entienden las personas por igualdad de género.
Un proyecto que nace en una tesis doctoral
Lo que comenzó como una tesis doctoral ha acabado convirtiéndose en un proyecto artístico sobre cómo la sociedad contemporánea entiende la igualdad de género, que este año ha sido seleccionado por la Secretaría de Estado de Cultura entre las iniciativas con mayor impacto social del país, dentro del Plan de Derechos Culturales.
El reconocimiento permite desarrollar el proyecto en diez territorios rurales españoles antes de iniciar una segunda etapa internacional que incorporará testimonios de otros países. Hasta ahora, el equipo ha recorrido ya más de 4.000 kilómetros por diferentes municipios de la península y continuará viajando durante los próximos meses por Aragón, Comunitat Valenciana, La Rioja, Castilla y León, Galicia y Andalucía.
Sin embargo, Janković rechaza medir el proyecto en kilómetros y asegura que “el verdadero recorrido sucede cuando alguien acepta sentarse frente a una cámara y compartir una parte de su vida”. “Los grandes entornos urbanos tienen muchos procesos creativos. Los territorios rurales son precisamente los lugares donde más falta hace que lleguen este tipo de experiencias y que la ciudadanía pueda participar en ellas”, señala.
Mientras muchas propuestas culturales sitúan al creador en el centro, aquí ocurre exactamente lo contrario. “La población constituye el eje vertebral del proyecto. Los participantes son realmente el contenido”, resume. Hay agricultores, jubiladas, ganaderos, trabajadores, estudiantes y personas con trayectorias vitales completamente distintas que hablan de igualdad desde experiencias personales que nunca aparecen en una estadística. A Janković le interesa que los perfiles sean lo más variado posible, porque nunca va a obtener “una respuesta concreta”.
En Huesca han participado personas de distintas generaciones, orientaciones sexuales y trayectorias vitales. La creadora sostiene que solo esa diversidad permite acercarse a la complejidad de una comunidad.
Asimismo, indica Janković que las conversaciones no quedan cerradas del todo, porque cada participante mantiene contacto directo con el equipo y puede modificar o retirar su testimonio si con el paso del tiempo deja de sentirse representado por él. “La gente también cambia y evoluciona”, indica la creadora. “Es como una masa de pan”, compara.
Cuando se le pregunta sobre las conclusiones que puede sacar del proyecto, Janković rechaza extraer ideas. “No puedo dar ninguna conclusión porque esta pieza no concluye. Esta pieza abre diálogo”, apunta.
Cuando se le pregunta si ha encontrado más dificultades para hablar de igualdad en los pueblos que en las ciudades, responde con contundencia: “Es una cosa errónea. A todas las personas les puede costar más o menos dependiendo de su vida, de su educación o de su entorno”, apostilla. Lo que sí ha descubierto son matices, no solo entre lo rural y lo urbano, sino entre unos pueblos y otros, porque, según indica, “cada territorio tiene códigos propios”.
Lenguaje audiovisual
La creadora establece una diferencia clara entre su trabajo y una investigación sociológica. Ambos enfoques son necesarios, dice, pero cumplen funciones diferentes. “Aquí no importan las estadísticas ni los números. Aquí importa la vida. Y no existe una vida igual. Este tipo de trabajo nos lleva a una posibilidad de poder aportar entre todos los participantes, desde sus propias subjetividades, a un crecimiento de la sociedad”, explica.
Por lo tanto, esa identidad propia convierte cada testimonio en una pieza única de un archivo colectivo que “no aspira a representar a nadie”, sino a mostrar la riqueza de perspectivas que conviven dentro de una misma sociedad.
El proyecto cuenta con la denominada unidad móvil interferente, una furgoneta que acompaña al equipo durante todo el recorrido. Despierta la curiosidad de los vecinos y rompe el hielo. Muchas personas se acercan para preguntar qué hace aquel vehículo aparcado en el pueblo y terminan participando en el proyecto.
Cuando termine el trabajo de campo todo lo que se ha grabado, cada uno de los testimonios, quedará asociado a una placa de cerámica con un código QR instalada en distintos espacios públicos de los barrios rurales. Janković compara esas placas con huellas dactilares, porque cada una representa algo inédito. Además, el proyecto incorporará antes de final de año una plataforma digital que conectará todas las historias recogidas en los distintos municipios españoles y, posteriormente, en otros países.
Aunque esta edición gira en torno a la igualdad de género, Janković tampoco pretende confirmar discursos preconcebidos. Además, confiesa que ni siquiera comparte algunos de los lugares comunes que suelen acompañar el debate sobre el medio rural.
La propia expresión “igualdad de género” tampoco escapa a la reflexión de la artista. Durante el trabajo de campo detectó que el término genera interpretaciones distintas entre los participantes y cree que merece una revisión conceptual. “No somos iguales nadie. Quizá habría que empezar a pensar si esa terminología sigue siendo la más adecuada porque a veces provoca confusiones ”, afirma. Más que ofrecer respuestas, plantea preguntas. Una actitud que atraviesa todo el proyecto y que evita situar a los vecinos como simples entrevistados para convertirlos en protagonistas del proceso creativo.
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