Ya no habrá más verano en Búbal: sin campo de trabajo para escolares por primera vez en 40 años
La cancelación de la convocatoria estival del Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados (PRUEPA) en Búbal ha reabierto el debate sobre el futuro de una de las iniciativas educativas más veteranas de España. La decisión ha generado preocupación entre parte del personal docente vinculado al programa. Advierten que la actividad sufre un progresivo debilitamiento que empezó tras la pandemia y temen que sea un nuevo paso a un desmantelamiento definitivo.
Búbal es un pueblo del valle de Tena de Huesca que quedó vacío en los años sesenta por la construcción del embalse que lleva su nombre. Años después, cuando sus viviendas se encontraban en estado de ruina, arrancó un proceso de recuperación impulsado por distintas administraciones. Desde 1984, Búbal se ha convertido en una de las sedes del PRUEPA, un proyecto que nació para recuperar pueblos abandonados mediante la participación directa de estudiantes y voluntarios. Este proyecto ha convertido al pueblo pirenaico en referente de educación ambiental y recuperación del patrimonio rural. Tras más de cuatro décadas, este año, por primera vez, se quedará sin actividad durante el verano.
Este enclave pirenaico forma parte junto a Granadilla (Cáceres) y Umbralejo (Guadalajara) de una red estatal que cada año recibe alumnado de ESO, Bachillerato y Formación Profesional procedente de diversas comunidades autónomas de España. Durante estancias de una semana o más días, conviven y realizan tareas de sostenibilidad, recuperación del pueblo y de la vida en el medio rural. Este modelo permitió a Búbal rehabilitar gran parte de su casco urbano y convertirlo en un espacio singular del valle de Tena.
Un deterioro progresivo
Profesores y educadores que han participado en el programa en distintas estancias lamentan que las instalaciones rehabilitadas no puedan usarse durante el verano. “Siempre ha estado el problema de que no quieren gastar. No quieren tener más gente en plantilla que los estrictamente necesarios de todo el año”, indica uno de los docentes a elDiario.es. Según explica, el principal problema radica en la dificultad para completar las plantillas necesarias cuando llegan los grupos de estudiantes, especialmente el personal de cocina, limpieza o atención educativa.
“Es como construir una gran biblioteca para tenerla sin libros”, resume uno de los profesores, que considera que la infraestructura permitiría desarrollar más actividades educativas si existiera una apuesta decidida por reforzar el personal. Además, recuerdan que antes de la pandemia en 2020 el programa contaba con más semanas de actividad y con bolsas especificas de personal educativo. Pero en los últimos años tanto las estancias como la plantilla disponible se ha ido ajustando y disminuyendo hasta quedar “al límite”.
Hoy en día el personal fijo del centro está integrado por una coordinadora, dos educadores, dos personas de mantenimiento y una trabajadora de limpieza, personal suficiente para mantener las instalaciones durante todo el año, pero insuficiente para atender la llegada de decenas de alumnos sin refuerzos adicionales, según las administraciones.
De un tejado a otro
Desde la Subdelegación del Gobierno de Huesca afirman que el programa está financiado por el Ministerio de Educación, pero matizan que es el Gobierno de Aragón el encargado de aportar el personal necesario para su desarrollo en Búbal.
Estas fuentes sostienen que el recorte de personal aportado por Aragón se ha ido acentuando en los últimos años y finalmente “ha hecho insostenible llevar a cabo el programa” durante el periodo estival en condiciones similares a las existentes en Granadilla y Umbralejo.
Según explican, el principal obstáculo para completar el personal en Búbal es encontrar responsable de cocina únicamente para solo dos semanas en plena temporada turística del valle de Tena. Por lo que, para evitar la pérdida total de la actividad, indican que se acordó redistribuir las semanas previstas para verano y trasladarlas al periodo lectivo.
De este modo, aseguran que Búbal mantiene las mismas diez semanas de actividad que tuvo en la convocatoria del año pasado, pero repartidas seis semanas en primavera y cuatro en otoño.
Mientras, Umbralejo y Granadilla conservarán sus convocatorias estivales y desarrollarán ocho semanas en primavera, otras ocho en otoño y dos durante el verano. El Ministerio de Educación subraya que las plazas totales para jóvenes en verano no se han perdido, ya que han sido dirigidas principalmente a Granadilla, donde se ha ampliado la oferta hasta alcanzar las 300 plazas.
Por su parte, desde el Departamento de Educación del Gobierno de Aragón rechazan que la responsabilidad caiga exclusivamente sobre el Ejecutivo aragonés. Sostienen que el personal “fijo” lo aporta la DGA, mientras que “quien contrata y paga al personal extra es el Ministerio y es quien no puede cubrir esas vacantes en verano”.
La configuración original, según la consejería, contemplaba ocho semanas primavera, ocho en otoño y cuatro en verano, pero desde 2024 se redujo a cuatro semanas en primavera, cuatro en otoño y dos en verano. En ese sentido coinciden con el Ministerio en que para esos quince días de periodo estival resultaba muy complicado la cobertura de plazas en cocina, por lo que se decidió reubicar esas dos semanas y sumarlas al periodo primaveral garantizando el desarrollo del programa.
Más allá del intercambio de responsabilidades, la desaparición de la convocatoria estival supone el fin de una de las características más singulares de Búbal y por la que muchos estudiantes altoaragoneses pasaron sus semanas de verano. Para quienes trabajan en el programa, el debate trasciende de competencias administrativas y se preguntan si esta suspensión será una medida puntual o el adiós definitivo de un proyecto que durante más de cuarenta años ha sido uno de los principales símbolos de recuperación de Búbal.
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